Aplausos que llenan el estómago: caterings de lujo y restaurantes rivales se unen para llevar comida a la puerta de los hospitales

Josemi, de Correos, le entrega a Lucía el pedido de Food4Heroes en el Ramón y Cajal

El madrileño barrio de Prosperidad lleva dos semanas sin hacerle honor a su nombre. Si no fuese por que el sol ha dado una tregua este jueves, las naves cerradas que flanquean las calles darían la sensación de que paseamos por una ciudad fantasma. Sin embargo, tras el portón gris número 69 de la calle Sánchez Pacheco se escucha ajetreo y se intuye un ligero olor a leña: los hornos de la cadena Grosso Napoletano siguen funcionando y por una buena causa.

Dentro, Fabrizio y Mauro se coordinan en un pequeño espacio para amasar y hornear 150 pizzas. Las últimas 50 irán a parar hoy a la puerta del Hospital Ramón y Cajal. El objetivo es proveer de comida a los sanitarios que trabajan día y noche para paliar la crisis del Covid-19. Han bautizado a esta iniciativa Food 4 Heroes.

“En este momento, colaboramos unas 50 cadenas de hostelería en el proyecto, entre las que se están Telepizza, Papa Johns, Tasty Poke, Tierra Burrito, Manolo Bakes y Honest Greens”, enumera Hugo Rodríguez de Prada, CEO fundador de Grosso Napoletano e ideólogo de la iniciativa.

Ha desaparecido la competición y la rivalidad que impera en el sector de la comida rápida. Desde hace dos semanas, su única preocupación es dar cobertura por zonas a todos los hospitales que les sea posible sin repetir el tipo de comida. “Lo hacemos a través de WhatsApp porque es la red más universal”, cuenta Hugo. “Nos dividimos en cuatro equipos, el A, B, C y D, que corresponden a cada punto cardinal más o menos, y lo que hacemos es meter a restaurantes y operadores de esa zona para que tampoco esté la gente dándose paseos innecesarios”, desvela.

Recuerda que Food 4 Heroes es una iniciativa altruista, ciudadana y que no entiende de fronteras, por lo que pronto se ha exportado a otras ciudades como Barcelona, Bilbao, Pamplona o Málaga. “Está siendo una experiencia única: juntos, y olvidando los colores, estamos empujando a nuestros sanitarios para salir de esta pesadilla lo antes posible”, cuenta Hugo.

Por detrás, los dos pizzeros italianos continúan incansables para dar salida al enorme pedido. Sus familiares, confinados en el sur de Nápoles, están preocupados por que no cumplan la cuarentena. “Pero por otro lado es un orgullo poder hacer algo por los que nos cuidan”, dicen con un español entrenado en poco más de un año.

“Hemos hecho un ERTE a casi 100 personas de la plantilla. Nuestra intención es seguir pedaleando al máximo para que, cuando esto pase, volvamos a encender todos nuestros hornos y volver a tener el calor de todos nuestros empleados”, confía el CEO. De los ocho locales con los que cuenta Grosso Napoletano, solo el de Prosperidad se mantiene abierto para atender a los pedidos a domicilio y a la nueva iniciativa solidaria. “Ahora hemos lanzado una preventa de pizzas a través de la web cuandovolvamos.com en la que se alquilan y se podrán canjear más tarde. Es la única forma de que entre liquidez para comprar ingredientes y pagar a nuestros trabajadores”.

Justo ese momento entra Josemi, voluntario de Correos, con una furgoneta amarilla corporativa. “Somos 16 dedicados a este proyecto, ocho por la mañana y ocho por la noche”, aclara. Correos cede los vehículos y la gasolina, y ellos se coordinan con los hospitales y el resto de repartidores solidarios que engloban Food 4 Heroes. Hoy, le ha tocado el grupo A y recoger solo pizzas, pero lo normal es que Josemi haga ruta por los restaurantes de la zona norte y lleve todos los pedidos de una vez. “Esta noche habrá más trabajo”, asegura.

Con el maletero lleno, es hora de ponerse en marcha para que la comida llegue aún caliente. “Os esperamos en la puerta de urgencias del Ramón y Cajal”, dice con una sonrisa. Josemi se comunica por WhatsApp con los sanitarios que bajan en persona a recoger la comanda, pero hoy los servicios están colapsos y no hay nadie que pueda escaparse. A la media hora aparece Lucía, residente del hospital, con una sonrisa y pidiendo perdón. “Se agradece muchísimo y no solo por la comida, que está muy buena, sino por el apoyo que nos dan desde fuera”, comenta la médico.

“¿Vais a tener tiempo de parar a comer, muchacha?”, se interesa Josemi. “Pues ojalá, porque con lo que cuesta quitarse el traje y desinfectarlo bien, muchas veces se pasa la hora”, reconoce ella. Coge con gusto las cajas calentitas y se vuelve hacia dentro mientras recibe el aplauso espontáneo de taxistas y ciudadanos que pasan por allí. Lucía y sus compañeros no tendrán que comer hoy un sandwich de la máquina de vending, como muchos de estos días pasados.

A pocos kilómetros de allí, en el recinto ferial de IFEMA, el nuevo hospital improvisado ni siquiera cuenta con un dispensador de bolsas de patatas y mucho menos con una cafetería en la que parar a reponer fuerzas. Por eso, la chef Cristina Oria fue llamada para suplir ese hueco y ofrecer un picoteo a los sanitarios que ha terminado por convertirse en un proyecto solidario mucho mayor.

“No somos una colectividad que llevamos bandejas con un primero, segundo y postre, sino que ponemos un punto al que se puedan acercar a por un bollito, una croqueta, una empanada o una pieza de fruta”, nos dice esta empresaria y dueña  de uno de los grandes caterings de lujo del país.

“Cuando lo conté en Instagram me agobiaba que pareciese una cosa de marketing, pero al final ha sido súper positivo. Hemos conseguido dos cosas: que grandes empresas nos contacten para donar -Makro (50.000 botellas de agua), Kaiku (dos palés de leche y batidos), nuestro proveedor de fruta (dos palés enteros), Deloite (dinero)- e iniciar un crowdfunding para la gente de Instagram que pedía colaborar con las materias primas que usamos en el obrador”, revela Oria.

Gracias al portal de crowdfunding y a la poderosa masa que sigue la marca Cristina Oria, en dos días han recaudado 100.000 euros que ponen completamente a disposición del hospital de Ifema y de sus cambiantes necesidades. “Para mañana, por ejemplo, mandaremos 2.000 sobados, 1.000 flanes, 1.000 yogures y 100 kilos de manzana, de plátanos y de naranjas. También 300 mascarillas de las realmente efectivas, que son muy difíciles de localizar, pero entre tres farmacias nos han provisto de 100 cada una”, enumera Cristina.

“Voy a ser muy transparente sobre a qué se dedica cada parte del dinero y esto está mutando a una ayuda más importante que hacer croquetas, como conseguir material sanitario o que tengan yogures los enfermos”, cuenta. Lo que empezó como un pequeño ofrecimiento ha terminado por convertirse en un canal de gestión para llegar a lo que la Comunidad de Madrid no puede. Aún así, Cristina Oria teme tanto por su futuro como cualquier otro en el sector.

Si bien sigue ofreciendo servicio a domicilio y mantiene abierta la web Regalos Gourmet, ella también ha tenido que hacer un ERTE para el 90% de la plantilla. “Aún así, mi gente de la oficina está ayudando voluntariamente. Buscan esponjas con jabón de las que se mojan, champús individuales, mascarillas, la comida que necesitan y hablan con proveedores. Otro de nuestros cocineros del catering está viniendo gratis al obrador todas las mañanas para repartir a Ifema”, dice agradecida.

“Es un drama, las pérdidas son muy grandes y el ERTE es una medida que cuesta hacer, pero es la única viabilidad de la empresa. Tenemos 150 personas en plantilla y queremos ayudarles al máximo”, asegura.

“Yo les suelo mandar el mensaje esperanzador de que esto es una crisis sanitaria, no una por que lo hayamos hecho mal, hayamos atendido mal al cliente o nos hayamos equivocado con el modelo de negocio. Nos ha venido impuesto. Igual que las cosas antes de la crisis funcionaban confío en que podamos seguir con el modelo de negocio después”, explica.

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