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PERFIL

Borja Carabante, el escudero de Almeida que sobrevive a las talas, la basura desbordada, la A5 y el caos de Bicimad

Borja Carabante, durante un acto con Almeida en la plaza del Dos de Mayo

Diego Casado

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Es complicado estar al frente del área de Movilidad y Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Madrid. El cargo, que desde 2019 ostenta Borja Carabante (PP), es responsable de la suciedad en las calles, los atascos de las carreteras o la contaminación, los tres mayores problemas de la capital según la última encuesta municipal elaborada entre los madrileños. El delegado con más peso en el consistorio también gestionó la limpieza de las calles después de Filomena, el control de las talas de árboles o la implantación del nuevo Bicimad. Ninguno de estos asuntos parece haber ido demasiado bien, pero Almeida ha elegido a Carabante como su portavoz de campaña y apunta a un puesto alto en las listas del PP a la alcaldía.

El balance de sus cuatro años al frente del área que se encarga de cómo se mueven los madrileños y de la gestión de la limpieza en la ciudad arroja más sombras que luces. Las quejas por los desperdicios desbordados en las calles y los contenedores no han cesado y el problema es uno de los pocos que ha llegado a admitir el alcalde durante su mandato. Carabante se encargó de poner en marcha nuevos contratos de recogida de basuras o limpieza de calles -con alguna falla notable como el de las zonas interbloques- que ha hecho elevar hasta un 70% el gasto del consistorio con respecto a legislaturas anteriores. La capital tiene comprometido un gasto de 3.525 millones de euros (sin IVA) durante los próximos años. Su área asegura que las calles están más limpias, pero la percepción ciudadana registrada por el Ayuntamiento y las quejas contabilizadas lo desmienten.

Aunque la suciedad ha sido el principal caballo de batalla para Carabante, el trago más amargo del final de legislatura está pasándolo el delegado por el caos de Bicimad, que depende de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), presidida por él mismo. El nuevo servicio se lanzó el pasado 7 de marzo en medio de un mar de fallos y, tres semanas después, acabó colapsando por completo debido a múltiples problemas que la EMT no había previsto al sumar la incompatibilidad de las bicicletas nuevas y las viejas a la llegada de decenas de miles de nuevos usuarios al sistema, por la gratuidad prometida. Un plan de choque lanzado desde el área después de pasar semanas negando el alcance de los errores intenta levantarlo, pero de momento apenas se notan mejoras. Y muchos usuarios habituales han acabado tirando la toalla.

El elevado número de talas en el arbolado de la ciudad es otro de los sambenitos que lleva colgado Borja Carabante, especialmente en los últimos meses. El equipo de Almeida se ha ganado fama de arboricida a raíz de numerosas obras que se han llevado por delante cientos de troncos en distintos puntos de la ciudad, desde la plaza del Carmen hasta los del parque de la Cornisa. Además de las talas futuras en el entorno del Bernabéu, en Villaverde o en Madrid Río para la nueva parada de la línea 11 de Metro, que ha de autorizar el consistorio. Las propias estadísticas municipales revelan que en lo que va de legislatura la capital ha perdido 78.616 árboles maduros en sus calles y parques.

Consciente de que tiene que contrarrestar las acusaciones y las cifras oficiales, Carabante lleva varias semanas fotografiándose plantando árboles y acaba de llevar un olivo de 627 años al parque del Retiro, como muestra de su “lucha contra la deforestación”.

Una cuarta parte de los árboles que se perdieron el Ayuntamiento lo achaca al paso de Filomena. El mayor temporal de nieve sufrido por Madrid en décadas también se convirtió en una pesadilla para Borja Carabante, responsable de mantener despejadas las vías de comunicación durante la tormenta. Aquel enero de 2021 las carreteras colapsaron, los buses de la EMT quedaron atrapados y la ciudad tardó más de una semana en recuperar la normalidad desde que cayeran los últimos copos. Después se conoció que algunos equipos de limpieza contratados habían ido a limpiar urbanizaciones de lujo antes que las vías de acceso a los mercados municipales. En la parte forestal, el Ayuntamiento lanzó un plan para recuperar la masa perdida, pero miles de árboles que se plantaron después se secaron el verano pasado por falta de riego.

Entre tantos reveses, el edil más cercano a Almeida puede lucir un triunfo importante dentro de su gestión: el de que Madrid haya cumplido por vez primera en muchos años los límites a la contaminación impuestos por la Unión Europea. Lo consiguió el pasado diciembre, después de haber mantenido Madrid Central -cambiándolo de nombre- y haber aprobado otras dos áreas más de bajas emisiones.

Intocable en Cibeles

Tanto PSOE como Más Madrid han pedido la dimisión de Borja Carabante en varias ocasiones, pero el alcalde ha defendido a su escudero en todas y cada una de sus crisis. Ambos mantienen una buena relación personal, hacen deporte juntos -corrieron la última San Silvestre codo con codo- e incluso comparten vacaciones. Los dos son del mismo año (nacieron en 1975, con tres meses de diferencia) y solo difieren en lo futbolístico: Almeida es colchonero y Carabante merengue. El delegado cuenta además con arraigados lazos en la familia de las altas esferas del PP, a la que pertenece por la vía política desde su matrimonio con la hija de Álvarez del Manzano, exalcalde de la ciudad.

El edil lleva desde el año 2008 trabajando en la política local y regional de Madrid. Economista de formación, fue nombrado director general de Carreteras por Esperanza Aguirre, en su etapa como presidenta de la Comunidad de Madrid. En el año 2011 ascendió a viceconsejero de Transportes, cargo que mantuvo hasta 2015, cuando concurrió con Aguirre en las listas electorales al Ayuntamiento de la capital. Pero con la victoria de Carmena y su paso a la oposición volvió al Gobierno regional en 2016 como consejero delegado de Metro de Madrid. En 2019 volvió a entrar en las listas de la candidatura liderada por Almeida y, esta vez sí, el PP alcanzó la alcaldía y fue nombrado delegado de Medio Ambiente y Movilidad.

Las peticiones de dimisión han llegado por la gestión al frente de su área y también por las sospechas en los contratos adjudicados por el área de Carabante para proyectar el soterramiento de la A-5, del que se encargó una empresa en la que trabaja Rafael Carabante, hermano del delegado de Almeida. Los dos contratos firmados con esta empresa están siendo investigados por la Fiscalía Anticorrupción después de las revelaciones que publicó este periódico sobre la adjudicación.

Mientras la actual investigación de Anticorrupción en su área se resuelve, la mano derecha de Almeida en Cibeles aspira a conseguir la reelección del alcalde y continuar con iniciativas de su actual mandato, como la de privatizar durante décadas la gestión de los aparcamientos municipales en lugar de remunicipalizar los más rentables, por lo que apostó Carmena en su anterior legislatura. La oposición, mientras tanto, le reprocha tres polémicas actuaciones relacionadas con estos negocios bajo el subsuelo: que permitiera a un hotel diseñar la reforma de un parking público a cambio de abrir un túnel directo para su beneficio, que vaya a entregar al Real Madrid dos grandes aparcamientos en torno al estadio Santiago Bernabéu y que haya prorrogado sin ninguna justificación una adjudicación franquista en la plaza de la Luna, junto a Callao, donde la empresa concesionaria paga 383 euros al mes por 10.000 metros cuadrados de oficinas municipales.

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