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Ruido, polvo y “ventanas siempre cerradas” en un colegio con aulas de educación especial por las obras de Ayuso en la línea 11 de Metro

Alumnos del CEIP Perú, en Carabanchel, sujetan dos pequeñas pancartas contra la tala de árboles y la entrada de la tuneladora en el parque de Comillas por las obras en la línea 11.

Guillermo Hormigo

Madrid —

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“Tenemos hilo musical en vez de timbre para que el día a día de los chicos con autismo sea más sencillo. Ahora van a tener que aguantar obras durante años al lado de su cole”, cuenta Mikel Ogueta para ejemplificar de manera sucinta el cambio tan drástico que supondrán para el colegio público Perú, en Carabanchel, las obras de ampliación de la línea 11 de Metro de Madrid. No solo por la eliminación de arbolado en el parque de Comillas, pulmón del barrio situado junto al centro escolar, sino por las afectaciones al bienestar del alumnado debido a unas obras que podrían alargarse durante cuatro años. Meses de ruidos, polvos, camiones y menos verde a las puertas de clase.

El Perú es uno de los centros públicos más amplios y con mayores dotaciones de todo Madrid. Cuenta con más de 500 estudiantes, a los que hay que sumar otro centenar de alumnos desplazados desde el Antonio Moreno Rosales por los problemas en las instalaciones de este colegio en Lavapiés. Acoge asimismo el primer ciclo de infantil (0-3 años), que el próximo año podría pasar a tener dos clases por curso, y dos aulas de educación especial para niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno Generalizado de Atención (TGD).

“Estos grupos de alumnado son especialmente sensibles a los ruidos”, recuerda Mikel. Además, cuando finaliza el horario lectivo, el Perú alberga un proyecto de Cruz Roja para dar apoyo académico y personal a niños en riesgo de exclusión social de Carabanchel, que asiste a chavales de todo el distrito aunque no sean alumnos del centro. “Las ventanas van a tener que estar siempre cerradas, hasta en verano”, lamenta Mikel.

Es uno de los miembros más activos de la asociación de familias del alumnado (AFA) del Perú, que denuncia la situación que afronta el centro ante la inminente ejecución de un proyecto impulsado por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Una ampliación de Metro que en un primer momento no implicaba todos estos inconvenientes para alumnado y vecinos de la zona, hasta que el plan pasó a establecer en Comillas la entrada de la tuneladora (maquinaria que saca la tierra y otros materiales para que luego pueda construirse toda la infraestructura en el subsuelo). En principio se ubicaba en Conde de Casal, pero se trasladó para evitar mayores repercusiones en el tráfico (es uno de los motivos para la modificación según reconoce el proyecto finalmente aprobado por la Comunidad de Madrid).

La AFA critica los drásticos efectos que supone para el colegio, respecto al plan original, el aprobado por Ayuso y auspiciado por el alcalde José Luis Martínez-Almeida: “La tuneladora tenía su acceso en un punto de la M-30 próximo a la A-3, sin impacto en la población. Sin embargo, se reubicó en el parque. A esto no se le ha dado justificación técnica, de hecho los pozos de ataque [cavidades por las que se introducen las tuneladoras] suelen situarse cerca de infraestructuras de gran capacidad, como lo estaba junto a la A-3. Con el desplazamiento aprobado después, se alejan de ellas”.

La tuneladora tenía su acceso en un punto de la M-30 próximo a la A-3, sin impacto en la población. Sin embargo, se reubicó en el parque. A esto no se le ha dado justificación técnica

Debido a estas circunstancias la tuneladora no se podrá emplear en otro tramo, entre Plaza Elíptica y la futura estación de Comillas (ya que solo avanza en un sentido), y en esa parte las obras se llevarán a cabo con el denominado método belga. Se trata de un procedimiento mucho más lento, que como aclara Mikel consiste “básicamente en pico y pala”. Así, los trabajos frente al Perú podrían alargarse todavía más que en otras áreas afectadas.

Junto a Mikel, una pequeña pero representativa comitiva de padres y vecinas desgrana las razones de su indignación: Elena Sigüenza, secretaria de la Asociación Vecinal del Barrio de Comillas; Miguel Fernández, miembro de dicha organización y padre de un niño que va al Lope de Vega (otro centro del barrio); Montse Rafanell, vecina de Urgel; y Alberto García, también parte del AFA del Perú. Su implicación demuestra que la movilización en Comillas existe y de qué forma, aunque no haya logrado la misma visibilidad que en Arganzuela. “Esto se debe a varios factores. Por un lado influye el perfil socioeconómico de cada zona, pero también que aquí la parada de Metro era mucho más demandada que en Madrid Río y por eso hay gente que se resigna. El problema es dónde y cómo se va a hacer”, apunta Mikel.

“Someter al alumnado a cuatro años de elevada exposición sonora en esta etapa de su educación es muy perjudicial”, denunciaba a través de un comunicado la AFA de este colegio en el número 18 de la calle Baleares. “La entrada de la tuneladora por el parque supone su destrucción prácticamente total y, a continuación, cuatro años de obras que implican el trasiego de camiones en el entorno del colegio”. Miguel explica los “graves problemas de movilidad” que esto puede causar, con atascos por toda la calle Antonio de Leyva (única vía de doble sentido en la zona) y retenciones en la misma puerta del Perú.

“Un cálculo a vuelapluma indica que si la tuneladora avanza 500 metros al mes, se necesita un camión de 15 metros cúbicos cada 10 minutos únicamente para extraer el material. Es decir, dos viajes de camión, uno vacío y otro lleno, que suponen dos turnos de ocho horas de trabajo. A esto hay que añadir que el aprovisionamiento del material (dovelas, hormigón, bobinas de cable, raíles y demás elementos) implica camiones adicionales”, detalla el comunicado de la AFA.

Les preocupa el efecto en el desarrollo físico y cognitivo de sus hijos que puedan generar los ruidos y el polvo de estos vehículos y de toda la obra, especialmente si va unido a la erradicación de una zona verde y de ocio como es el parque de Comillas: “Estos trabajos implican la eliminación de este enclave para transformar sus cinco hectáreas de terreno verde y cubierto por una frondosa masa arbórea en un pozo de ataque, es decir, la boca de entrada de la tuneladora de nueve metros y medio de diámetro que excavará la prolongación del túnel”.

Miguel y Alberto recuerdan que este lugar tiene además cierto peso histórico: aquí dio su último discurso público en España Manuel Azaña. De hecho, el Ejecutivo de Manuela Carmena planteó conceder un homenaje al dirigente republicano en el parque, aunque con Almeida en el poder la propuesta quedó en un cajón. Un olvido similar al que el entorno sufrió durante décadas, con barracones convertidos en viviendas ocupando el descampado. A partir de los años setenta comenzó su rehabilitación y reverdeció. Ahora afronta, sin embargo, la mayor amenaza a su existencia.

Voluntad política “entre 0 y -1000”

Mikel cuenta que, cuando el nuevo proyecto se hizo público, pudieron reunirse con un alto cargo autonómico, aunque no les ofrecieron soluciones ni alternativas. Las modificaciones posteriores han salvado algunos ejemplares de la zona, los más cercanos al colegio de cuantos iban a ser eliminados. “Es nuestra pequeña victoria”, bromean entre el orgullo y la resignación“. Pero son unas pocas decenas, frente a los 200 que serán talados.

Actualmente la comunicación de las autoridades es incluso más reducida. Ante las diversas cartas enviadas a la Comunidad de Madrid “solo se ha obtenido una respuesta tipo alegando carecer de competencias para mediar en este asunto”, por lo que el pasado 2 de diciembre se sumaron a una marcha del movimiento ¡No A la Tala! entre el Puente de Toledo y el propio parque de Comillas. “La voluntad política es 0 por parte de la Comunidad de Madrid y -1000 por parte del Ayuntamiento”, sentencia Elena. Somos Madrid ha consultado a las Consejerías de Transporte y Educación sobre la situación del Perú, sin recibir por el momento ninguna respuesta.

El próximo 14 de diciembre esperan exponer su problemática en la Asamblea de Madrid gracias a la mediación de una diputada socialista. Y, como en el caso de los residentes de Arganzuela, están pendientes de los recursos interpuestos en la Justicia por Ecologistas en Acción y por los propios vecinos ante el Banco Europeo de Inversiones (BEI). En el escrito ya admitido por esta institución comunitaria, que todo indica que pasará a ser dirigida por la actual vicepresidenta española Nadia Calviño, argumentan que “la financiación aportada por la entidad se ha dirigido a un proyecto que atenta contra la sostenibilidad”. Según Miguel, esto contravendría el carácter de las iniciativas apoyadas por el BEI, por lo que piden su intervención o la retirada de su respaldo económico.

Montse remarca que el barrio de Comillas “tiene la estación de medición de la contaminación que mayores índices de óxidos de nitrógeno mide de toda España”. La presencia del pozo de ataque “eliminará los árboles, que fijan muchos compuestos contaminantes, y atraerá más tráfico al barrio, con lo que aumentarán las emisiones”. La AFA del centro de educación primaria e infantil Perú recuerda que los pozos de ataque de las obras de ampliación de las líneas 2 y 11 en Las Rosas y La Peseta ocuparon respectivamente 4,5 y 5 hectáreas.

Apuntan igualmente que la presencia de parques en el entorno urbano es “imprescindible para conseguir unas condiciones no tan extremas en el periodo estival”, dado “el contexto climático que atravesamos” y las características de “un barrio de viviendas antiguas y mal aisladas, donde este tipo de soluciones son muy útiles”. Así, desde el AFA del colegio Perú solicitan a la Comunidad de Madrid “que se vuelva a ubicar el pozo de ataque en la zona próxima a la A-3, donde la afección al vecindario es menor, y que se reduzca el movimiento de camiones en los horarios de entrada y salida del colegio”.

Después de que Mikel, Montse, Alberto, Miguel y Elena muestren todo el parque amenazado, rodeado ya por una valla que marca los límites de su desaparición, vuelven a los alrededores del Perú. En uno de sus laterales, un grupo de niños y de profesores atiende con mimo el huerto del colegio. Mientras ahí dentro les enseñan la importancia de cuidar el entorno, una forma de cuidarse también a ellos mismos, a pocos metros una barrera delimita arboricidios inminentes. Talas que serán la antesala de taladros, de tráfico y de tierra acumulada en el aire. En unos meses ese huerto será más difícil de mantener, pero su valor simbólico lo convertirá en un espacio todavía más importante.

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