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'Leer el presente' es un espacio que dedicamos a libros desde eldiario.es/murcia. Del mundo a la página y viceversa. Coordina José Daniel Espejo.

La señora Merini: una lectura de 'La loca de la puerta de al lado'

Alda Merini

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Se me ha caído. Se me ha caído el libro de Alda Merini a la arena. Me la había traído para leer en la playa y se me ha caído. He sentido pánico, confieso, porque nunca se me había caído un libro en la arena y por nada del mundo quería que se mojara; por suerte sigue entera, Alda, digo, porque a Merini no hay arena que la entierre.

Desde que cogí La loca de la puerta de al lado, no he podido soltarlo. Nunca he leído nada igual; su fluir desordenado de conciencia, sus pensamientos, todas sus palabras, me llenan la boca y explotan dentro, como el bocado más dulce a la primera fruta del verano.

Alda abre en este libro cuatro cajones llenos de recuerdos y nos los muestra; pareciera sentarse en una silla ⎯o ser la silla⎯ y decir: “tomad, coged lo que queráis”. Los comenta sin orden, como si cogiera una fotografía al azar de su interior y nos contara. Porque da igual que no tenga orden, ella empieza a contar y tú no puedes hacer otra cosa que escuchar con atención. Es imposible apartar los ojos. Al fin, una vida no es más que eso: recuerdos desordenados, y los de La loca de la puerta de al lado son, además, poesía.

En esos cajones de La loca de la puerta de al lado están «El amor», «El secuestro», «La familia» y «El dolor». Así llama a las divisiones de esta peculiar autobiografía. Y es que hasta del paso por esos manicomios o de la locura hace Merini algo poético. Los episodios más crueles los viste con un lirismo desbordante.

Los nombres se suceden unos tras otros: los amantes, las calles, los pacientes del manicomio, la familia… Todos los recuerdos. Y paso las páginas diciendo para mí: “Cuéntame, Alda, algo más. Háblame de Titán, de Marina, de tu marido, del padre Richard. Cuéntame más del Naviglio. ¿Sabes? Mi padre también era empleado de banca, y también mi madre es la mujer más bella que he visto jamás. Qué es la poesía, dónde está Dios o el amor ⎯¿existe alguno de los dos?⎯. Se nace loco o llega después la locura. Quiero saber”. Y sin darme cuenta ya no quedan hojas, ya no hay palabras.

Yo no conocía a Alda Merini hasta que Tránsito editó este libro, y después de leerlo no me queda más remedio que guardarle un lugar especial y privilegiado entre mis lecturas. Dónde estabas, Alda. Más bien, dónde estaba yo, qué inconsciente. Gracias, Raquel Visedo, por traducirla. Gracias, Tránsito, por hacer posible que yo tenga este libro.

Cierro el libro y voy corriendo a llamar a mi madre, pero La señora Merini ya se queda, para siempre y sin remedio, en mi memoria, con una puerta solo para ella, dentro de esta casa.

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23 de junio de 2021 - 12:23 h

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