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Latinos en España y Estados Unidos: ¿dónde están mejor?

A pesar de tener una historia migratoria muy distinta, EEUU y España siguen siendo los destinos principales de gran parte de la migración latinoamericana. En EEUU, la mayoría de la población latina es de origen mexicano y centroamericano, mientras que en España los principales flujos migratorios han sido desde Colombia y Ecuador. La migración a EEUU también ha sido tradicionalmente iniciada por los hombres, uniéndose las mujeres después a través de la reunificación familiar. En España, sin embargo, este patrón ha sido distinto, ya que han sido las mujeres latinoamericanas las que iniciaron los flujos migratorios. Además, ellas siempre han tenido una alta tasa de participación en el mercado laboral español, lo que las diferencia de las inmigrantes latinas en los EEUU.

Nuestro estudio, que es parte de un proyecto más amplio, mide la discriminación laboral que experimenta la minoría latina en los EEUU. y España (Yemane & Fernández Reino, 2019). Para poder medir esta discriminación, enviamos cientos de solicitudes de trabajo a ofertas de empleo reales en los dos países (1,547 en España, 804 en EEUU.). En los currículos enviados manteníamos todas las características del solicitante constantes excepto su origen (latino o nativo) y su género. De esta forma, si las solicitudes de candidatos no latinos recibían más llamadas de interés que las de los latinos, podríamos concluir que existe discriminación a esta minoría. El origen latino se marcaba por el nombre y apellidos del solicitante, así como por una mención a su origen nacional en la carta de presentación. En España, los nombres fueron seleccionados entre los más comunes de la población ecuatoriana de la edad de nuestros solicitantes ficticios (23/24 años) y, con una encuesta online, nos aseguramos de que estos nombres fuesen reconocidos como latinoamericanos.

Nuestro estudio muestra que se produce una intersección entre el género y el origen latino en los patrones de discriminación hacia esta minoría (Figura 1). En los EEUU., solo los hombres latinos fueron discriminados y la probabilidad de que recibiesen una llamada de interés por parte de los empleadores era 13 puntos porcentuales más baja que la de los solicitantes blancos de origen no latino. Sin embargo, en España solo encontramos discriminación hacia las mujeres latinas: mientras que el 27% de las candidatas españolas de origen no migrante recibieron una respuesta positiva, este porcentaje era tan solo del 15% para las mujeres latinas.

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Diversidad en los colegios: ¿peor para los mejores?

Una de las inquietudes seculares que padecen las sociedades étnicamente diversas, y particularmente aquellas que lo son como consecuencia de la migración, relaciona la concentración de minorías en las escuelas con una caída en el rendimiento de sus estudiantes. Estos temores tienen cierto fundamento, aunque solo en apariencia y, por ello, muchas familias incurren en la falacia del factor único cuando eligen centros para sus hijos: si las escuelas que mejor reflejan la diversidad son las que tienen peores resultados, entonces la diversidad es la causa del perjuicio.

Existe un océano de investigaciones que desmiente este extremo. En general hay dos cosas claras. (1) La caída en el rendimiento solo se da por encima de niveles de concentración relativamente altos, por encima del 20%, lo que generalmente solo se produce en ciertas áreas de las grandes ciudades. (2) La causa de este perjuicio no es la diversidad, es la pobreza y, de forma más general, la concentración de alumnos cuyas familias disponen de menos recursos educativamente relevantes.

Hasta aquí el consenso. El debate es mucho más animado entre quienes sugieren que la caída del rendimiento en los centros de alta concentración no afecta por igual a todos los estudiantes. Uno de los argumentos más comunes relaciona el efecto de la concentración con las dinámicas docentes: cuando los profesores se enfrentan a un alumnado con un rendimiento bajo, adaptan su nivel de exigencia al estudiante medio. Por ello, hay quien piensa que afirmaciones como las del párrafo anterior (1 y 2) enmascaran una cruda realidad: los grandes perjudicados por la concentración son los estudiantes más brillantes, quienes nunca alcanzarán el máximo de su potencial al compartir pupitre con quienes no deberían. Esta lógica es muy parecida a la que tanto preocupa a los padres de los estudiantes de ‘altas capacidades’ que asisten a centros ‘convencionales’ (por cierto, otro día convendría hablar de esta nueva epidemia del siglo XXI, del posible sobre-diagnóstico de esta condición y de la hiperventilación que genera en algunos padres).

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El multipartidismo y la formación de gobiernos

Dos meses después de las elecciones seguimos sin gobierno. El 22 de julio habrá un debate de investidura, pero la probabilidad de que esta sea fallida es bastante alta. Si así ocurre, el período de formación de gobierno se alargará y podríamos vernos abocados a unas nuevas elecciones en otoño.

La responsabilidad de este período extendido de formación (por ahora infructuosa) de gobierno es sin duda de nuestros políticos. Nadie parece dispuesto a moverse un ápice de su posición y este inmovilismo es irresponsable. No obstante, tenemos que ser conscientes que los políticos actúan conforme a unas reglas y nuestra Constitución está diseñada para un sistema bipartidista. El sistema actual asume, principalmente, que uno de los dos grandes partidos tiene una probabilidad alta de obtener mayoría absoluta y, si no es así, formaciones pequeñas, probablemente nacionalistas, intercambiarán algunas políticas por un apoyo en la investidura y la legislatura. En cambio, la transición hacia el multipartidismo que hemos vivido en España y el movimiento hacia el independentismo del nacionalismo catalán ha creado un desajuste entre las reglas de formación de gobierno y la realidad sobre la que se debe formar gobierno.

En primer lugar, el sistema español de investidura requiere una votación positiva en el Parlamento. Esto obliga a que todos los grupos políticos se pronuncien sobre una candidatura y todos han de avalarla o rechazarla explícitamente. En principio, esto no es un problema cuando es fácil forjar mayorías. En cambio, en la situación actual española, con bloques fragmentados y alta polarización, puede ocurrir simultáneamente que el partido que gane las elecciones no tenga facilidad para concertar una mayoría, mientras que tampoco existan mayorías alternativas. Así ocurrió en 2016 (hasta que el PSOE se abrió en canal con su abstención) y así parece que vuelve a ocurrir en 2019. En estas circunstancias, es preferible un sistema de investidura negativa, como el existente en países como Dinamarca, Noruega o Islandia. En estos países, el primer ministro recibe el mandato del Jefe de Estado y lidera el ejecutivo bajo la presunción de que tiene mayoría. Una vez investido, el Parlamento puede decidir retirar la confianza del ejecutivo cuando así lo decida, pero mientras no lo haga, esta se considera otorgada. Esto permite formar gobiernos cuando las mayorías son frágiles.

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Gobernar en la fragmentación. Sí se puede

En el momento de escribir estas líneas, casi la mitad de los españoles viven en comunidades autónomas gobernadas por una coalición de partidos que no tiene mayoría absoluta en el parlamento regional. Es, como muestra el gráfico 1, la fórmula de gobierno autonómico más común de todas, e incluye a gobiernos de todos los colores ideológicos: la coalición de PP y Ciudadanos en Andalucía, el gobierno vasco entre PNV y PSE, el catalán entre Junts per Catalunya y Esquerra, o muchos de los gobiernos en funciones salientes, como el aragonés entre PSOE y Chunta Aragonesista. La siguiente categoría más común es la de los gobiernos de un solo partido en minoría: un 32 por ciento de los españoles viven en comunidades autónomas con esta fórmula. Juntando estas dos categorías, ocho de cada diez españoles viven con gobiernos autonómicos que no tienen mayoría absoluta en el parlamento, y que por tanto han de negociar apoyos con fuerzas que no están en el ejecutivo para ser investidos y aprobar leyes y presupuestos. Solo dos comunidades autónomas tienen hoy gobiernos de coalición con mayoría absoluta en el pleno (Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha), y solo una tiene un gobierno de un solo partido con mayoría absoluta (Galicia). 

Gráfico 1. Población española residente en comunidades autónomas con diferentes formas de gobierno, en porcentaje sobre la población total (Junio de 2019).

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Ciudadanos y su crisis

Primero, fueron los desencuentros y posterior ruptura de la dirección de Ciudadanos con Manuel Valls, por las divergentes posiciones mantenidas sobre la política de alianzas. Luego, los reproches del entorno de Emmanuel Macron, por la alargada sombra de la ultraderecha española en los pactos de gobierno alcanzados, a nivel local y autonómico, por Ciudadanos con el PP. Después, Albert Rivera se enfrentaba, por su acercamiento a Vox y su rechazo a facilitar la investidura de Sánchez, a los duros mensajes lanzados por algunos de los que son considerados fundadores de Ciudadanos (aquí y aquí). Mensajes que se unían a los que ya había lanzado previamente el sector empresarial, partidario de un pacto PSOE-Ciudadanos. Y, finalmente, llegaban las dimisiones de destacados miembros del partido, como Toni Roldán, que justificaban su adiós por el desacuerdo con el giro a la derecha dado por esta formación. Inevitable que, con el episodio de deserciones y después de tres semanas de notorias y públicas desavenencias, acabara imponiéndose la percepción de crisis interna en Ciudadanos. Una crisis que, por el momento, se ha saldado con la victoria de los "riveristas", frente a los críticos. Y sobre la que cabe plantear algunas preguntas:

1) ¿Por qué ha estallado una crisis en un partido en expansión electoral? Lo habitual es que los partidos afronten crisis internas cuando pierden apoyo electoral. Y, aparentemente, la formación naranja se halla en un ciclo electoral positivo, pues en las pasadas elecciones generales sumó 25 nuevos escaños y en las elecciones europeas, autonómicas y locales ha visto también acrecentada su base de apoyos y poder. Pero, precisamente, es en los resultados electorales, y más, en concreto, en la frustración de expectativas, donde debemos buscar el origen de esta crisis.

Los comicios generales del 28 de abril se perfilaban como el gran test para calibrar el éxito de la estrategia de Albert Rivera, consistente en posicionarse, claramente, en el bloque de la derecha, junto al PP y bajo la sombra de Vox, para lograr ser el primer partido de ese bloque. Y, desde esa primera posición, convertirse o bien en el partido que encabezara un gobierno de derecha/constitucionalista, o bien ser el partido que liderara la oposición a un gobierno liderado por Pedro Sánchez. Tras el "experimento de Andalucía" a finales de 2018 con el pacto a dos con el PP, bendecido por Vox, Rivera pisaba el acelerador en la antesala de las generales y apostaba fuerte. Pero lo hacía generando un conjunto de "efectos colaterales" nada desdeñable para su formación: al hacer que Ciudadanos quedara posicionado en el mismo bloque que Vox; al restar credibilidad al discurso de este partido de representar una nueva forma de hacer política (superadora del bipartidismo, del frentismo, de la España roja y azul); al optar por un perfil más agresivo que restaba credibilidad a su discurso de encarnar una opción centrista; y al retirar a Inés Arrimadas de Cataluña para situarla, a su lado, como número dos, en la lista de las generales. En los cálculos del líder de Ciudadanos podía estar la oportunidad que suponía tener como competidor a un PP en horas bajas: con un candidato, Pablo Casado, que se estrenaba en las urnas, y que lo hacía, además, con malos augurios demoscópicos y con el temor de que Vox diezmara su electorado.

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El reparto de carteras y la ley de Gamson

Según se cuenta en los medios, Podemos ha pedido una entrada en el gobierno con un número de carteras proporcional a sus votos, aproximadamente 1 por cada 2 de los socialistas. La vicepresidenta en funciones ha respondido que el reparto proporcional de carteras no es la "fórmula de la democracia"; y ha hecho notar que los dos partidos no suman mayoría absoluta para pensar en tales repartos.

No quisiera yo recomendar lo que deben hacer, pero es interesante saber que cierto reparto proporcional sí es la fórmula habitual de distribución de los ministerios, aunque no proporcional a los votos, sino a los escaños. Lo regular, en este caso, sería más bien un ministro de Podemos por cada cuatro socialistas, no uno por cada dos. Al menos si formaran mayoría. Tiene razón la vicepresidenta en hacer notar que una coalición que todavía tiene que sumar otros apoyos no puede repartirse cargos como si no los necesitara. 

La regularidad del reparto proporcional de carteras con respecto a los escaños ha sido descrita como "la ley empírica no trivial más fuerte de las ciencias sociales" por Michael Laver,  un especialista en coaliciones. Se conoce normalmente como "ley de Gamson" por ser el sociólogo William Gamson quien la detectó y formuló por primera vez en 1961. Ha sido comprobada una y otra vez y, aunque no tiene un apoyo teórico claro, sigue siendo robusta. 

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Felipe VI, ¿una monarquía de todos?

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El pasado miércoles se celebró el quinto aniversario de la abdicación de Juan Carlos I y el acceso al trono de su hijo, Felipe VI. En las tertulias políticas de esta semana se ha puesto encima la mesa la siguiente pregunta: ¿ha conseguido Felipe VI reflotar el crédito de la Corona? Lamentablemente, desde una perspectiva demoscópica es difícil abordar esta cuestión con rigor pues el CIS dejó de preguntar por la Monarquía en abril de 2015, justo un año después de que Felipe de Borbón accedía al trono. Los datos del CIS no nos ayudan a analizar con detalle la popularidad del monarca actualmente, pero sí muestran una tendencia muy preocupante para la institución: el paso de una monarquía de consenso a una monarquía percibida cada vez más como de parte. 

Durante mucho tiempo, el reinado de Juan Carlos I gozó de una gran popularidad entre la opinión pública española. La serie del CIS que pregunta sobre la confianza en esta institución arranca en marzo de 1994. En ese año, la Corona recibía una nota de 7,4 sobre 10, erigiéndose como la institución mejor valorada, por encima del parlamento, el gobierno, las fuerzas armadas, la administración publica o el defensor del pueblo. Además, el rey Juan Carlos I gozaba de la confianza tanto de la izquierda como de la derecha. Se trataba de una institución que contaba con un elevado consenso entre los españoles. 

Sin embargo, el crédito de Juan Carlos I se deterioró muy considerablemente a partir de 2011, alcanzando sonados suspensos por debajo del 4 sobre 10. En cierto modo la creciente desconfianza con la monarquía estaba en sintonía con los tiempos. Fueron años en el que la crisis política arrastró la popularidad de la mayoría de instituciones y de actores políticos a mínimos históricos. Aún con ello, la caída de popularidad de la monarquía fue particularmente acusada y dejó de ser la institución mejor valorada, quedando por detrás de las fuerzas armadas, la policía, el defensor del pueblo o los medios de comunicación. 

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(No hay) café para todos

España presenta una de las tasas de obesidad en adultos y en niños más altas de Europa. En general, el sobrepeso y la obesidad se relacionan con una ingesta de alimentos excesiva, poco equilibrada o de mala calidad. La preocupación médica y política por este problema ha aumentado considerablemente en los últimos años. Recientemente, por ejemplo, el Ministerio de Sanidad ha aprobado nuevas medidas para mitigar este problema al firmar acuerdos con empresas del sector alimentario para mejorar la calidad de los alimentos y bebidas reduciendo el contenido de azúcar, sal y grasas. Al tiempo, sobrepeso y obesidad se asocian con un excesivo sedentarismo. En España hay una proporción sustancial de personas sedentarias en todos los grupos de edad, especialmente en las mujeres. Nuestro país es, además, según datos del estudio PISA, el cuarto por la cola en el porcentaje de alumnos que tienen educación física en la escuela con la regularidad recomendada (al menos tres veces a la semana).

En esta entrada el interés se centra en otro indicador, tal vez menos conocido, que hace referencia a los hábitos alimentarios: saltarse el desayuno antes del colegio. Los datos proceden del estudio PISA en su última edición, la correspondiente a 2015, en la que se recoge información sobre muestras representativas de chicos y chicas de 15 años en los países de la OCDE y en otras naciones participantes en el estudio.

En el conjunto de países de la OCDE, el 22% de los/as estudiantes no suele desayunar antes de ir al colegio. Buenas noticias: este porcentaje es sustancialmente menor en España, un 14,9%. Los datos suponen en realidad un límite superior, porque es posible que algunas personas que declaran no desayunar antes de entrar al colegio puedan ingerir algún alimento después, por ejemplo, en la pausa de media mañana. No disponemos, sin embargo, de esta información en los datos de PISA. A pesar del relativamente buen dato en el caso español, cuando se analizan diferencias según algunas características de los adolescentes emergen regularidades relevantes que replican patrones de desigualdad en salud ya conocidos para otros indicadores.

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Las nuevas Españas electorales

A principio de los años noventa, Josep Maria Vallès, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Barcelona, acuñó el término las Españas electorales para denotar las pautas del comportamiento electoral agregado en las comunidades autónomas. La denominación subraya la multiplicidad de modelos existentes por sus diferencias con respecto al modelo nacional de las elecciones generales y por las divergencias entre las propias comunidades en las elecciones autonómicas. Durante las siguientes tres décadas, estas pautas gozaron de una notable continuidad. Las preferencias de voto han conocido mayores cambios en las elecciones autonómicas que en las generales, pero no demasiado. La fragmentación electoral se ha mantenido en niveles relativamente bajos. En la mayoría de las comunidades, el protagonismo electoral ha recaído en el PSOE y en el PP, a veces acompañados por una IU minoritaria y también por pequeños partidos de carácter nacionalista o más frecuentemente regionalista.

Es cierto que han existido diferencias entre el peso de los partidos nacionales y los autonómicos en las distintas comunidades, pero no eran excesivas ni conocieron cambios llamativos de una elección a otra. Los sistemas de partidos de las Españas electorales se dividían así en tres tipos de comunidades. En el primero, el mapa autonómico estaba dominado por los dos principales partidos nacionales y por IU, bien que alguno de ellos disfrutara de una mayor fuerza relativa que sus correligionarios en las elecciones generales; estos subsistemas de partidos se han dado principalmente en Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Murcia y Madrid. En el segundo tipo, los partidos nacionales han estado acompañados por otros relevantes en mayor o menor grado en el ámbito autonómico, y de naturaleza regionalista o nacionalista; serían los casos de Andalucía, Aragón, o Galicia. Y el tercer tipo estaría constituido por los modelos excéntricos con sistemas de partidos propios, tanto en términos de sus integrantes como de sus pautas de competición, que a su vez han interaccionado con el sistema de partidos nacional; sus casos característicos serían los de Cataluña, Canarias, País Vasco o Navarra.

Las elecciones autonómicas de 2015 y 2019 han modificado este mapa de forma considerable. A falta de comprobar su eventual consolidación, parece evidente que los cambios electorales son más frecuentes y que los sistemas o subsistemas de partidos han incrementado sus niveles de fragmentación y volatilidad y, por lo tanto, de complejidad e incertidumbre. En esta entrada queremos recoger los datos comparados de ambas dimensiones.

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¿Excepción española, o italiana?

La cobertura nacional y, sobre todo, internacional del ciclo electoral español que empezó con las elecciones andaluzas de diciembre de 2018 y terminó el 26 de mayo de 2019 con las municipales, autonómicas y europeas hizo hincapié en el fin de la llamada 'excepción española'. En efecto, tras décadas de aumento gradual de la presencia parlamentaria de la derecha populista radical, España, con la entrada de Vox en su entramado institucional, dejaba el selecto club de los países miembros de la UE que no han contado o cuentan con parlamentarios de esa familia ideológica. En este club quedan ahora Irlanda, Malta y Portugal, cuyas poblaciones suman apenas un tercio de la española. Hay otros aspectos, sin embargo, en los que España sigue contra corriente, en particular el éxito del PSOE en el marco general de una profunda crisis de la socialdemocracia en Europa, o bien el hecho que solo 3 de los 54 eurodiputados electos por los españoles representan a una opción claramente nacionalista, euroescéptica y anti-inmigración del tipo que tanto éxito electoral cosecha en la mayor parte del Continente.

Para comprender mejor esta divergencia española, conviene ir más allá de los resultados electorales y poner el foco en la sociedad española. En las dos últimas décadas la sociedad española abundó en el camino de apertura hacia valores progresistas y liberales en lo social en momentos en los que la mayoría de países europeos recorrían, en mayor o menor medida, el camino contrario. La sociedad española tenía, tanto de sí misma como vista por otros, una imagen de conservadora, derivada en buena medida de su pasado. Sin embargo, alcanzó hitos inesperados en cuestiones de la agenda social progresista: líder en donaciones de órganos, en la vanguardia en reproducción asistida, tercer país europeo en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo, récord de mujeres en un gobierno y en un parlamento en Europa, movilizaciones feministas, pro-refugiados o pro-derechos LGBT sin paragón en Europa, por nombrar solo los más conocidos.

Es más, estos avances estaban en perfecta sintonía con una opinión pública que se sitúa entre las más abiertas de Europa, y del mundo, en las cuestiones sociales que están en el centro de las guerras culturales contemporáneas, como la igualdad de género, derechos LGBT+, aceptación de la diversidad cultural, aprecio por la inmigración, o voluntad de acoger a refugiados. Sondeo tras sondeo, España aparece en cuestiones sociales cerca de Bélgica, Holanda, Reino Unido y Escandinavia, referentes europeos y globales de liberalismo social, a menudo por delante de los vecinos directos, Francia y Portugal y, sobre todo, a gran distancia de Italia.

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