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La democracia en España ha dado "un gran salto hacia atrás"

Un estudio de la Fundación Alternativas detalla las razones de la pérdida de legitimidad de la democracia en España y del rechazo a la política tradicional

"Nos encontramos ante una sociedad más dual y dividida, con uno de los mayores índices de desigualdad de Europa"

El único elemento positivo: el mayor protagonismo de los ciudadanos en la vida política a través de las protestas

Ignacio Urquizu, Belén Barreiro y Luis Ayala, en la presentación del informe de la Fundación Alternativas. Foto: Roberto Villalón/BROT

Ignacio Urquizu, Belén Barreiro y Luis Ayala, en la presentación del informe de la Fundación Alternativas. Foto: Roberto Villalón/BROT

Unos pocos apuntes positivos y un panorama general desolador por la situación política y económica de España. La Fundación Alternativas ha publicado su informe anual sobre la democracia en España que explica en qué medida se está produciendo una crisis de legitimidad en el sistema. Los gobiernos carecen de poder real para tomar sus decisiones, muchas de ellas vienen impuestas desde el extranjero (la Unión Europea) y los ciudadanos aplican a los dos grandes partidos las notas más bajas de las registradas en la democracia.

"Nos encontramos ante una sociedad más dual y dividida, con uno de los mayores índices de desigualdad de Europa", explica Belén Barreiro, directora del Laboratorio de Alternativas. "La pobreza se ha hecho más extensa al afectar a más personas, y además es más intensa. Y además no es cierto eso que se dice que la crisis alcanza a todos por igual".

Las políticas de la era de la austeridad cuentan con un acusado déficit de credibilidad entre los ciudadanos. En una de las sociedades consideradas años atrás más europeístas, "aumenta ahora la desconfianza hacia Europa". Los ciudadanos no se siente dueños de su propio destino, dice Barreiro, que recuerda que el propio Rajoy ha dicho que "los españoles no podemos elegir". Ante este diktat tan claro, no es extraño que el veredicto de la opinión pública sea tan malo en relación a la calidad de sus líderes.

Barreiro, que fue directora del CIS hasta 2010, destaca algunos datos de valoración de líderes que colocan a los protagonistas de la política en el interior de un profundo agujero: "La sociedad ha quedado políticamente huérfana. Nunca ha habido tanta gente que no sabe a quién votar. El PSOE nunca había estado en menos del 15% en intención directa de voto sobre el censo. Sólo en la época de Hernández Mancha el PP estuvo tan bajo. Nunca un presidente del Gobierno ha sido tan impopular. Nunca un líder de la oposición ha sido tan impopular entre las filas socialistas".

Esta caída fulgurante del nivel de apoyo al PP y al PSOE hace pensar en un hundimiento del bipartidismo. El profesor de sociología de la Universidad Complutense Ignacio Urquizu –uno de los coautores del informe– pone en contexto esa impresión. Cree que algunas de las expectativas que se han creado ahora en el resto de partidos son demasiado altas. Recuerda que en 1996 Julio Anguita ya obtuvo 2,5 millones de votos, una cifra que está por encima de la que le dan los sondeos a Izquierda Unida bajo un supuesto de un 14% de votos con una participación del 50%: "El bipartidismo se resiente, pero no porque los pequeños partidos aumenten de forma espectacular, sino por lo que baja la participación".

Gobiernos de concentración

¿Tendrá algún efecto en este descenso del bipartidismo la noticia del pacto de Rajoy y Rubalcaba conocido el miércoles? Urquizu es algo más que escéptico sobre las virtudes de este tipo de pactos entre las grandes fuerzas políticas cuando se hacen para gobernar (dio su opinión antes de que se conocieran los términos del acuerdo): "Se ha extendido la idea de los gobiernos de concentración nacional en el sur de Europa. Es una fórmula que evita la democracia, que resta valor a las elecciones, que ya dejan de cumplir su valor. Y además (los gobiernos de este tipo) sólo aplican las órdenes que vienen de fuera".

Un factor deslegitimador de la democracia se produce cuando la desigualdad económica aumenta y muchas personas creen que el sistema juega por definición en favor de los de arriba. En el informe de la Fundación Alternativas, se incluye un capítulo dedicado a la desigualdad. "Es falsa la idea de que la crisis ha tocado por igual a todos los sectores sociales", comenta Luis Ayala, uno de los autores y catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. España es ahora uno de los tres países de la UE con mayor desigualdad, sólo superada por Bulgaria y Letonia. Antes de la crisis, teníamos a diez países en una peor posición.

Lo que ha ocurrido es que "llegamos a la crisis con un modelo redistributivo muy vulnerable", dice Ayala, y el impacto ha sido terrible, no sólo por el alto índice de paro, sino por cómo ha afectado el aumento del desempleo al cabeza de familia o principal sustentador del presupuesto familiar en el hogar.

La situación no sólo es mala, sino que puede ser peor: más del 40% de los hogares ya no puede hacer frente a un imprevisto económico.

¿Hay algún elemento positivo para los autores del informe?: el mayor protagonismo de los ciudadanos en la vida política. En un país con un nivel de interés por la política inferior al existente en otros países europeos, la asistencia a las manifestaciones es un dato positivo, comenta Barreiro: "La sociedad no está dormida". Lo que para algunos es negativo, porque lo ven como un síntoma de inestabilidad, para Urquizu es una fortaleza de la sociedad. Afirma que hasta septiembre de 2012 se habían contabilizado ese año unas 33.000 manifestaciones, lo que serían unas cien al día. La cifra se ha triplicado desde 2006.

Un asunto generacional

¿Se puede reformar el sistema político? Es difícil, porque a veces parece que los obstáculos legales de todo tipo para las reformas reales son numerosos. Los políticos tienen múltiples incentivos para no hacer nada. "Estamos ante un sistema irreformable que fue diseñado por gente que estaba muy preocupada por lo que había pasado en España en los años 30", explica Urquizu. "Su gran objetivo era garantizar la estabilidad del Gobierno".

Mientras esa generación de políticos sea tan influyente, será muy difícil superar esos obstáculos.

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