"Pedro Sánchez está en la boca del lobo y Susana Díaz encarna la vieja política"

Raúl Gil, durante su entrevista con eldiario.es / S.M.

Raúl Gil (Santoña en 1975) es uno de esos jóvenes desencantados con la política pero, sobre todo, con el que ha sido su partido, el PSOE. En su juventud, este asesor de comunicación política afincado en Berlín, fue secretario general de las Juventudes Socialistas de Cantabria. También fue diputado cántabro y formó parte del Gobierno que lideraron Miguel Ángel Revilla y Dolores Gorostiaga.

Desde Berlín ha escrito un libro sobre su experiencia en la política española, Con tinta roja: historias de un joven socialista que lo intentó todo y no consiguió casi nada (Ed. Libros.com, 2014). Su desencanto tiene mucho que ver con ese sentir ciudadano tan generalizado en una España que ha visto, según él, a políticos traicionar “sus valores y principios”.

Su libro es un libro de “historias”. ¿Cuál es la mejor?

La historia de ser director general de Juventud. Llegar a un Gobierno donde las políticas de Juventud eran las últimas, estaban a la cola, no tenían presupuesto y no se hacía nada. Yo fui el primer director general de Juventud menor de 60 años. Lo cambiamos todo. Creamos una Escuela para jóvenes emprendedores. Lanzamos un programa público para estudiar idiomas en el extranjero, que nos costó las denuncias de las academias privadas. Pusimos en marcha la red de autobuses nocturnos más grande de toda España para evitar accidentes de tráfico. Nuestro presupuesto se llegó a doblar. En aquella legislatura, la Dirección General de Juventud y todos sus programas, salían por fin en los medios.

Hay historias que no son tan buenas. ¿Cuál es la peor?

La de la secretaria general del PSOE en Cantabria, Dolores Gorostiaga, que desaprovechó una buena imagen personal y un potencial político enorme, para convertirse en alguien más pendiente del poder y el dinero que de hacer las políticas que los ciudadanos necesitaban. Esto es un drama personal que aún no he superado todavía, porque tuve durante mucho tiempo una relación personal muy cercana con ella. Su deterioro personal condujo al deterioro del partido. En 2003 conseguimos trece diputados en el Parlamento de Cantabria, y ahora tenemos siete. Y eso, habiendo estado gobernando ocho años. Cuando gobiernas se supone que es difícil bajar, porque tienes la oportunidad de hacer cosas.

¿Cómo se explica ese bajón?

La gente vio lo que había. Que habíamos traicionado nuestros valores, nuestros principios y que nos dedicábamos más a otras cosas que hacer política para la gente. Hubo corrupción.

¿Se puede extender esa constatación al PSOE, al PP, o al sistema político español?

Sí, yo lo he vivido en Cantabria, pero si uno cambia el nombre, PSOE por PP, y Cantabria por Murcia, es igual. Cambias el nombre de Dolores Gorostiaga por el de otro dirigente y es igual. ¿Por qué estamos ante tanta desafección por los políticos? Pues porque han caído todos en esas prácticas de corrupción. Sólo hay que ver cuántos casos hay, cuantos imputados hay, cuánta gente que se ha comportado de manera inmoral.

Que haya tanto imputado también quiere decir que el sistema también funciona.

Claro que sí. Lo bueno es que hay muchas cosas que están saliendo a la luz. Muchas de las cosas que están saliendo son de la época en la que había mucho dinero. Entonces era más difícil corromperse. El sistema funciona. Ahí está el caso Gürtel, que está poniendo al PP contra las cuerdas, al igual que el caso de los ERE en el PSOE de Andalucía. Ahora se saben muchas cosas que antes no se sabían. También los medios están más interesados en contarlas porque la corrupción es un tema de agenda, que interesa a la gente, porque genera morbo, porque genera crispación. Hay una conjunción de causas que hacen que se esté sabiendo de toda esa corrupción.

Su libro se presenta como unas memorias políticas. Pero hay algo en el de ajuste de cuentas con una decepcionante experiencia política. ¿No es así?

Hay algo de ajuste de cuentas con alguna gente, pero también hay una reivindicación personal. Mucha gente no sabe lo que yo he hecho. Siempre he estado a la sombra de políticos y el libro era una forma de decir, yo he contribuido de esta manera, y fui crítico entonces y lo sigo siendo ahora.

¿Por qué?

Yo puedo ser crítico porque estuve dos años diciendo a la vicepresidenta del Gobierno, Gorostiaga, que hiciera cosas y no lo hizo. Porque diseñamos planes de comunicación, estrategias, para reconducir la mala situación que se acabó generando, y no se hizo nada.Y porque le alerté en diferentes ocasiones de las malas prácticas en el Gobierno.

No era fácil ser crítico estando en el Gobierno cántabro. ¿Verdad?

Llegué a recibir amenazas de muerte desde mi propio partido. Cuando lo cuento hay gente que no me cree, pero me ha pasado. Por eso, cuando me dijeron que escribiera un libro, pensé que igual no era una buena idea.

Ahora que está en Berlín y que se ha distanciado de la política española. ¿Cree que la cultura política española está cambiando?

Está cambiando todo en España. Hay un empoderamiento de la gente, la sociedad civil se está fortaleciendo, esos movimientos que salen y que consiguen cosas. Pero todavía hay cosas que solo se consiguen estando en las instituciones. Porque los movimientos sociales están muy bien, pero no bastan. Esto es lo que ha aprendido Podemos, que está muy bien estar en la calle, pero lo que hay que hacer es ganar las elecciones. Porque en el Parlamento es donde se cambian las leyes, y donde se puede hacer una ley de matrimonio gay para que no haya discriminación, o una ley de dependencia para que la gente reciba lo que necesite, o aprobar un presupuesto que ponga los gastos sociales por encima del gasto en defensa. Esto no se puede hacer desde la sociedad civil, desde la sociedad civil se puede empujar para que esos cambios ocurran, pero es en el Parlamento donde se cambian las cosas. Por eso hay que ganar las elecciones.

Habla usted de “empoderamiento”, adoptando la terminología del partido de Pablo Iglesias. Ahora que ya no es joven socialista, ¿está más cerca de Podemos?

Hay que agradecer a Podemos su contribución. Pero no me veo cerca de ellos. Les veo los trucos de magia. A mí no me engañan. Pero hay que reconocer que sus trucos les están funcionando.

¿A qué trucos se refiere?

A repetir siempre las mismas cosas. A no salirse nunca de su marco. Centrarse en la crítica y no en la propuesta, porque es mucho mas sencillo y encaja mejor con un determinado perfil del electorado. Aprovecharse de la crispación para generar más crispación y desafección.

¿Podrá frenar el PSOE el auge de Podemos?

Pedro Sánchez está metido en la boca del lobo. Lo está intentando, y me cae bien porque es buena persona, ha estado trabajando fuera del partido, incluso estuvo en paro, y me parece una buena solución para España entre el desastre del PP y la incertidumbre de Podemos. Le mandé mi libro. Le escribí una dedicatoria cariñosa: “Gracias por intentar hacer un PSOE del que no me daría de baja”. Pero me voy a dar de baja este año porque el PSOE no me da más que disgustos.

¿Incluso cuando gana Susana Díaz las elecciones andaluzas?

No discuto que pueda ser una buena presidenta para Andalucía y que lo esté haciendo bien. Si el PSOE de Andalucía no sabe hacerlo bien en Andalucía, apaga y vámonos. Llevan allí toda la vida, no tienen que hacer nada. Sólo tienen que seguir la misma dinámica. Pero Susana Díaz sólo conoce la sede del partido. Y así no se puede hacer política, porque la desconexión con la sociedad es absoluta, es difícil saber por lo que están pasando los ciudadanos si nunca tuviste problemas para pagar una hipoteca. Ella se ha criado entre los dirigentes del PSOE, entre Jose Antonio Griñán, Manuel Chávez, etcétera, y se sabe todos los trucos chungos para deshacerse de la gente. Pero nunca ha trabajado fuera del partido y esa desconexión con la sociedad es grande. La forma que tiene de hacer política consiste en calcular, ser muy fría, hacer lo que interesa en cada momento. Para mí eso es vieja política. Aunque a nivel de comunicación lo hace perfecto, es solvente, conoce los temas y habla bien.

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