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Los reyes homenajean en París a los republicanos españoles de La Nueve, ignorados en España

Los reyes Felipe y Letizia y la alcaldesa de París saludan a varios ciudadanos franceses condecorados por liberar París / EFE

Paula Rosas

París —

“Eran individualistas, idealistas, valientes, y daban prueba de un valor algo insensato. No tenían el espíritu militar, eran incluso antimilitaristas, pero todos eran magníficos soldados. Si abrazaron nuestra causa, era porque era la causa de la libertad”. El capitán Raymond Dronne, que comandó la novena compañía de la Segunda División Blindada Francesa, compuesta casi en su totalidad por republicanos españoles y conocida por todos entonces por su nombre en castellano La Nueve, reflejó en su cuaderno de marcha el espíritu de unos hombres a los que la Historia olvidó pero que, en la vanguardia de las tropas francesas por su coraje, liberaron París del yugo de los nazis.

Entraron por la Porte d'Italie, cruzaron el Sena por el puente de Austerlitz y victoriosos, vitoreados por los parisinos que les recibieron en las calles con los brazos abiertos cantando la Marsellesa y que quedaron atónitos al descubrir que no eran norteamericanos, llegaron al Ayuntamiento el 24 de agosto de 1944. Hoy, en el lugar en el que acamparon junto al Hôtel de Ville parisiense, les rinde homenaje una placa en un coqueto jardín de rosas, inaugurado esta mañana de miércoles por la alcaldesa Anne Hidalgo y por los reyes, que se encuentran en visita de Estado a Francia.

“La humillación fue mayor que el hambre”

Más de medio millón de españoles cruzaron los Pirineos en 1939 huyendo de la tropas franquistas, entre ellos muchos combatientes republicanos. Los refugiados fueron hacinados en campos de concentración, en barracas donde cientos de hombres, mujeres y niños mataron el tiempo entre hambre y enfermedades. Para muchos de los que habían luchado por la República, abandonada por Francia y el Reino Unido a su suerte, “esta humillación fue mayor que el hambre que tenían”, relata a eldiario.es Evelyn Mesquida, autora de la obra de referencia sobre La Nueve.

Cientos de ellos se enrolaron en la Legión Extranjera francesa, donde llevaron su experiencia de combate tras tres años de guerra fratricida en España y donde mantuvieron viva la llama de la lucha contra el fascismo.

Los españoles combatieron en todas las batallas en las que peleó el Ejército francés. Estuvieron en Noruega, en Libia, en Túnez o en Egipto. “Eran muy competentes, mucho más que nosotros”, recuerda emocionado Roger Doré, de 91 años, uno de los pocos integrantes franceses de La Nueve, que por aquel entonces era apenas un crío de 18 años.

De los 160 hombres que componían La Nueve, 148 eran españoles. Muy pocos resistieron hasta el final de la guerra. Sólo 16 llegaron a liberar el Nido del Águila, el refugio de Hitler en los Alpes bávaros, donde recibieron la noticia en boca del general Philippe Leclerc de que la guerra había terminado.

Los demás habían muerto o habían sido gravemente heridos. Pero también aquella hazaña les ha sido negada por la Historia, que se atribuye a la compañía estadounidense Easy, inmortalizada por la serie de televisión 'Hermanos de sangre'.

“Quizás la compañía Easy se llevó la gloria, pero si los de La Nueve hubieran sido americanos habrían hecho 15 películas sobre ellos, porque hay gestas de una dignidad extraordinaria, de coraje, de solidaridad. Ellos sí que eran combatientes por la libertad, todos ellos lo decían, su combate era por la libertad”, explica Mesquida, que ha recogido la memoria de estos hombres en numerosas entrevistas realizadas a lo largo de una década. Hoy sólo dos de aquellos españoles, Rafael Gómez y Luis Royo siguen vivos, y ninguno de los dos ha podido asistir al homenaje, impedidos por los años y por la enfermedad.

“Notables combatientes”

“Mi padre decía que los hombres de La Nueve eran difíciles de mandar y fáciles de dirigir a la vez. Difíciles porque había que explicarles por qué se les daban las órdenes, porque si no, no las obedecían. Y fáciles porque eran combatientes notables que se enzarzaban en combate de forma efectiva. Y eso daba confianza a mi padre, que no los enviaba a situaciones peligrosas inútilmente”, relata Colette Dronne-Flandrine, hija del capitán que los llevó a las puertas de París.

En La Nueve, las órdenes se daban en español, ayudados por oficiales españoles que hablaban francés, y las tanquetas fueron bautizadas con nombres de batallas de la guerra civil española, como 'Guadalajara', 'Brunete', 'Santander' o con los muy patrios 'España cañí' o 'Don Quijote'. Era una compañía de choque, siempre en primera línea contra los alemanes, ayudados por la experiencia adquirida en la guerra en España, pero también por el idealismo de unos hombres que se presentaron voluntarios. Por eso fueron enviados en vanguardia para entrar los primeros en París. En la capital aún quedaban 20.000 soldados alemanes armados, pero las tropas de Dronne consiguieron llegar hasta el corazón de la ciudad sin pegar ni un tiro. El general Dietrich Von Choltitz optó por la rendición.

Olvidados por España y Francia

Pese a sus gestas, los españoles de La Nueve fueron condenados al olvido. En España cubiertos por el pesado manto franquista, y en Francia porque en aquellos momentos de zozobra y de profunda división entre los que resistieron y los que se unieron a Vichy, el general Charles de Gaulle optó por correr un velo y convertir a todos los franceses en los héroes de la liberación.

Su famosa frase pronunciada en el Ayuntamiento de París al día siguiente de la llegada de los españoles (“París ultrajada, París destrozada, París martirizada, pero París liberada, liberada por ella misma, liberada por su pueblo, con la colaboración de los ejércitos de Francia, con el apoyo y la colaboración de toda Francia, de una Francia que lucha, de la única Francia, de la verdadera Francia, de la Francia eterna”) se repite cada año en el aniversario de la liberación de la capital francesa. Francia había sido liberada por los franceses, y no había más que decir.

Y así había quedado en el recuerdo de los parisinos, como los dos jardineros que han cuidado con esmero las rosas del jardín dedicado a La Nueve, y que hoy se sorprendían de que hubieran sido españoles los primeros en llegar. “Nunca nos dijeron nada, ni en el colegio ni en las celebraciones de aniversario. Jamás habíamos oído hablar de estos hombres”, reconocía uno de ellos. Aunque Mesquida ha dedicado grandes esfuerzos al reconocimiento de los españoles de La Nueve, entiende las circunstancias de De Gaulle.

“Era un momento muy difícil que se le podía escapar de las manos, los americanos querían tutelar Francia hasta que hubiera unas elecciones, los ingleses también. Francia podía haber desaparecido como entidad importante, y De Gaulle, haciendo esto, une a los franceses, todos hemos participado, incluso los que no han participado”, explica la autora. El precio, sin embargo, fue el olvido de los combatientes extranjeros.

Pero si aquella traición dolió, probablemente el trago más amargo fue comprobar que la lógica de la guerra fría se imponía y que no iban a regresar a España, que nadie les iba a ayudar a derrocar a Franco. Todos ellos se quedaron en Francia y allí rehicieron sus vidas. Sus amplios conocimientos mecánicos les llevaron a trabajar en Citroën, en Renault, se casaron, tuvieron hijos. Muchos murieron sin volver a pisar España.

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