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José Velasco, víctima de la pederastia en la Iglesia: “Nos cortaron la voz, éramos niños y nos jodieron la vida”

Un grupo de obispos.

Guillermo Martínez

9 de enero de 2026 22:11 h

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A la rabia, impotencia y sentimiento de injusticia que se suelen atisbar en las lágrimas de José Luis Velasco se le ha sumado un mínimo de alegría. Esta semana, él y tantos otros españoles se han convertido de nuevo en el foco de una noticia que nunca debió existir. Víctima de abusos sexuales por parte del párroco de su barrio cuando era menor, no ha sido hasta la firma este jueves del acuerdo entre la Conferencia Episcopal Española (CEE) y el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes que este abogado de profesión ha sentido por primera vez una mínima reparación al daño sufrido.

Todo comenzó cuando tenía unos 15 años. Cursaba 4º de la ESO y se empezó a involucrar en temas de la parroquia San José Obrero, en Móstoles (Madrid). Por ejemplo, era el encargado de organizar los autobuses y los asistentes a las peregrinaciones que realizaban. “Este tío aprovechaba que yo lideraba aquello para decirme que le tenía que ayudar y me hacía ir con él”, introduce refiriéndose al sacerdote en cuestión, Alberto Arrastia Cebrián, fallecido en 2021.

Le obligaba a confesarse, y en ese momento tenían lugar los abusos en los que Velasco prefiere no profundizar. Se repitieron desde el año 2001, con 16 años, hasta el primer trimestre de 2004, cuando acababa de cumplir los 19, en lugares como la sacristía o la capilla, delante del Santísimo. “Poco después de tener la mayoría de edad pude salir de ahí”, comenta. Aquella figura en un primer momento leída como referente en su vida le truncó los años venideros. Lo mismo le sucedió a otra víctima de Arrastia que junto a Velasco han sido recibidos este viernes por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, en el Palacio de la Moncloa.

Poner nombre a lo sucedido

Sin embargo, tuvieron que pasar algunos años hasta que Velasco pudo poner nombre a lo que le había ocurrido en su adolescencia. No fue hasta sufrir un episodio cotidiano en su vida familiar que su pareja le recomendó ir al psicólogo y al psiquiatra. Era 2023 y terminó ingresado en una clínica. “Ahí empecé a entender de dónde venían mis males, por qué me había intentado suicidar tantas veces, y todas las cuestiones médicas que me acompañaban”, se explica a sus 40 años.

Hacía años que le incomodaba gravemente cualquier información relativa a los numerosos casos de abuso sexual infantil en el seno de la Iglesia Católica española. Las evitaba. “Ni siquiera he podido leer ningún testimonio recogido en el Libro Gordo de Petete, que es como llamo yo al increíble informe elaborado por el Defensor del Pueblo”, dice con cierta sorna. Se nota que a Velasco el humor es una de las cosas que le han salvado de la oscuridad, tal y como él mismo confiesa.

La Iglesia no responde a sus necesidades

De todas formas, las víctimas han tenido que sortear todo un camino, a veces minado, hasta llegar a ese informe. Fue Rafael Arrabé, la otra víctima de Arrastia, quien le pidió ayuda como abogado profesional que es. “Él solo venía a pedirme consejo sobre cómo hacer las cosas y lo que se encontró es que me dio un ataque de ansiedad, porque a mí me había ocurrido lo mismo que él relataba por parte de la misma persona”, señala Velasco.

Juntos decidieron denunciarlo ante la curia de Getafe. No era la primera vez que Velasco intentaba poner en conocimiento de la Iglesia los abusos que había sufrido. Allá por 2002, en una peregrinación a Roma, se acercó a Rafael Zornoza, por entonces ligado a la Diócesis de Getafe, para intentar contarle lo que ocurría. “Me quitó de encima de malas maneras. Me quedé en shock, sin saber a dónde acudir”, asegura. Zornoza fue apartado como obispo de Cádiz el pasado noviembre, investigado por el Vaticano por presuntos abusos sexuales.

Arrabé y Velasco denunciaron a Arrastia en 2023, y les dijeron que no airearan demasiado el tema. Les tomaron testimonio, pero no les dieron copia notarial de aquello. “Luego me enteré que así debía haber sido según la legislación canónica”, apuntilla el mismo Velasco. En la siguiente comunicación le reconocieron como víctima, y le ofrecieron acudir al centro de orientación familiar católico. Aquello le exasperó. 

Recibió otra comunicación, informándole de que el Plan PRIVA estaba activo y que podrían acudir a él. Este plan fue creado por la CEE “para ofrecer una reparación integral a quien haya sido víctima de abusos sexuales siendo menores de edad o personas mayores equiparables en derecho en la Iglesia Católica (diócesis, congregaciones religiosas y otras entidades eclesiales), en los casos en que dichos abusos ya están prescritos o ha fallecido el victimario”, explica la Conferencia en su web. “Pero no es garantista, así que no fui”, añade Velasco.

Llega la reparación oficial

Después llegó el arduo trabajo realizado por el Defensor del Pueblo, con Ángel Gabilondo a la cabeza. El documento cifra en 440.000 las víctimas de abusos sexuales por parte del clero, es decir, un 1,13% de la población española. Además, recomendaba que el Estado también asumiera su indemnización. Así hasta este jueves, 8 de enero, que la CEE y el Gobierno han suscrito un acuerdo por el que reparar a todas las víctimas de la pederastia en la Iglesia cuyos agresores estén muertos o los casos hayan prescrito para la justicia ordinaria.

Velasco admite que esto ha sido posible gracias al Vaticano. “Hace poco estuvimos allí representantes de víctimas y les dijimos que no íbamos a hablar más con la Conferencia Episcopal, que queríamos que ellos fueran los interlocutores”, agrega. Por eso, considera que si no hubiera sido por el Ejecutivo liderado por Sánchez y algunos obispos y cardenales como José Cobo la situación no sería como la que se da ahora.

Tal y como dice esta víctima de pederastia por parte de la Iglesia, un motor roto siempre va a ser un motor roto, pero algo se puede resarcir. “Que nos haya recibido el presidente del Gobierno ya es una forma de reparación por parte del Estado. Es probable que la herida nunca se cierre, pero tenemos que intentar que esto nunca se repita, por difícil que parezca”, desarrolla el propio Velasco.

Un paso para la democracia en España

Él se encerró en los libros para huir de este tortuoso pasado que también le ha granjeado dos ingresos psiquiátricos, cambios de carácter y una gran desconfianza en la gente. También era muy creyente, pero hace tiempo que perdió la fe. “Muchas personas piden a Dios cuando necesita ayuda. Yo ya no puedo hacer eso, me repugna la idea”, detalla. De cara a la gente que le rodea, algunos saben su historia, otros no tanto. “Algo así deja a la familia hecha polvo, con secuelas. Esto es una mierda. A los niños no se les toca, joder”, remarca con enfado.

Sus ojos siguen llorando, como queda patente en esta conversación con elDiario.es, pero aclara que ahora con algo más de felicidad y alegría que hace apenas unos días. “Este paso es enorme para la democracia en este país”, apunta. Todavía guarda algunas palabras para Zornoza, aquel sacerdote que le quitó de en medio cuando de chaval, con 17 años, le intentó contar lo que pasaba: “Que me mire a la cara y me diga por qué no me escuchó. Hubo una serie de personajes que nos cortaron la voz, y éramos niños, y nos jodieron la vida. Ahora quién me devuelve a mí y a mi familia todo lo sufrido”, se pregunta.

Por el momento, el acuerdo suscrito entre la CEE y el Ministerio de Félix Bolaños tiene que materializarse en un convenio que también cuente con la opinión de las víctimas. En él se deberán definir las distintas formas de reparación integral, tales como de carácter restaurativo, de reparación psicológica y/o psiquiátrica que podría extenderse a la familia y reparación moral del daño causado.

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