El precio de la matrícula y la situación económica particular, principales motivos del abandono universitario

Alumnos en clase en la facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, durante el inicio de las clases de forma escalonada.

Las circunstancias económicas son el principal factor a la hora de seguir estudiando en la Universidad o dejar los estudios a medias. Un informe del Ministerio de Universidades presentado este martes calcula que un 11% de los estudiantes de grado abandona la carrera antes de concluirla, un dato sensiblemente más bajo que el ofrecido en los últimos informes del propio ministerio, en los que la tasa global de abandono estaba en un 21% para el conjunto del sistema universitario y un 14,7% para las universidades presenciales y sin contar los que cambian de grado. Contándolos, el porcentaje de abandono sube hasta afectar a más de uno de cada cuatro estudiantes: un 27% de ellos dejó la carrera o se cambió.

Cómo abordar el abandono universitario

Cómo abordar el abandono universitario

El texto señala que el rendimiento académico previo, el coste de la matrícula del grado cursado, la edad del estudiante y su origen socioeconómico y procedencia son los factores que más condicionan seguir en los campus o abandonarlos. “La existencia de estas desventajas sociales, económicas y culturales hacen que no se puedan permitir no tener un buen rendimiento en la universidad”, sostiene el texto, elaborado por María Fernández Mellizo-Soto, socióloga y profesora en la Facultad de Educación en la Universidad Complutense de Madrid. Aproximadamente la mitad de los que dejan la universidad lo hace tras o durante el primer curso.

La experta ha comentado durante la presentación del informe que una posible solución para mitigar los problemas económicos que le produce la Universidad a algunos estudiantes es eliminar la penalización económica que implica repetir una asignatura. El precio de las segundas y terceras matrículas, y en adelante, se dispara en la universidad.

El ministro de Universidades, Joan Subirats, ha valorado la importancia del informe en que permitirá averiguar “si el abandono de este país se diferencia del de otros, que podría ser una variable significativa, y por otro lado las diferencias entre universidades o dentro de ellas el tipo de estudios”. El informe responde al ministro: los datos son homologables a los de los países vecinos y cuánto más grande es la universidad, más probabilidades tiene el universitario de dejarlo. Lo que no tiene tanta relación es la titularidad del centro: “Quienes estudian en universidades públicas no tienen más probabilidades de abandono que los estudiantes de universidades privadas. Incluso se puede decir que las y los estudiantes con un rendimiento medio tienen más posibilidades de abandonar en las universidades privadas que en las públicas”, describe el informe. En el enfoque regional, los estudiantes de las islas, tanto Canarias como Baleares, también tienen más opciones de abandonar.

Una cohorte reducida

Para elaborar el informe se ha seguido la evolución de la cohorte de estudiantes que ingresó en la Universidad el curso 2015-2016, pero se ha limitado la muestra a los estudiantes presenciales, menores de 30 años y de nacionalidad española porque, según la autora, estudiar online es muy diferente y distorsiona la estadística porque las casuísticas son muy diferentes para extranjeros o estudiantes a distancia.

Se considera que alguien deja los estudios cuando lo ha hecho durante los tres primeros cursos del grado. Para el conjunto de la población universitaria, la tasa de abandono sube desde el 11% hasta el 13%. Según el ministerio, ambos datos son homologables con los de los vecinos europeos.

El informe del ministerio no entra a cuantificar el coste que tiene para el Estado, o las familias, el abandono de los estudios. Sí lo hicieron el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y la Fundación BBVA en una de sus últimas ediciones del URanking: el abandono le cuesta a España unos 680 millones de euros anuales, cifra que sube hasta casi mil millones si se incluyen los 296 que dedicaron las familias a pagar su parte de las matrículas, aunque este cálculo estaba realizado para un porcentaje de personas que abandona bastante más alto porque incluía a los que se cambian de grado, cosa que el ministerio no ha hecho porque considera que se agarra a la literalidad del significado de “abandono”. Sin embargo, cambiar de estudios sí tiene ese coste para familias y estado, en tiempo en el primer caso y en dinero en ambos.

Más becas y tasas más baratas

El Ministerio de Universidades saca pecho en el texto de las medidas que ha tomado para reducir el abandono de los estudios universitarios, y remarca que no han tenido efecto en el estudio presentado porque se han aplicado después de que la cohorte de estudiantes analizada saliera de los campus, que se centran en dos líneas de actuación.

Por un lado, se alcanzó un acuerdo con las comunidades autónomas para reducir y homogeneizar entre ellas los precios de las tasas universitarias. Como resultado de aquel pacto y de otro posterior, diez comunidades tienen que bajar el precio de los grados y todas menos Asturias el de los másteres.

Por otro, explica Universidades, se ha cambiado el sistema de becas para ensancharlo sobre todo por abajo, entre el alumnado más desfavorecido, una medida que se acabó traduciendo en que el doble de personas que antes recibe la mayor cuantía posible. Esta reforma se ha completado este curso con el adelanto de la convocatoria habitual de becas, que pasa a este mes de marzo para que quede resuelta antes de que empiece el curso y las familias sepan de antemano si les va a corresponder una ayuda o no.

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