Un análisis de un boceto de hace cinco siglos apunta a que conserva material genético de Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci

Héctor Farrés

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Las huellas materiales se desvanecen con el paso de los siglos, y a veces lo único que queda es la duda sobre dónde reposan los restos de un genio. En el caso de Leonardo da Vinci, no existe una tumba con restos suyos verificados ni descendientes directos capaces de aportar una muestra genética segura. Esa ausencia convierte cualquier fragmento biológico hallado en sus supuestas obras en una posibilidad única, aunque difícil de confirmar. La falta de una referencia fiable complica los intentos por reconstruir su ADN, y de ese vacío parte la investigación que hoy examina una hoja de dibujo atribuida al artista florentino.

Los investigadores analizan un boceto renacentista en busca de rastros genéticos del artista

Un equipo internacional analizó un boceto renacentista realizado a sanguina que representa la cabeza de un niño. La pieza, conservada con extremo cuidado, había sido relacionada en el pasado con Leonardo da Vinci. Los investigadores, dirigidos por Harinder Singh del Instituto J. Craig Venter de Estados Unidos, extrajeron pequeñas trazas biológicas del anverso y del reverso utilizando un sistema de muestreo muy delicado para evitar daños en el papel. Posteriormente procesaron esas partículas mediante técnicas modernas de secuenciación y análisis metagenómico.

Según Science, los resultados revelaron una mezcla de material genético bacteriano, fúngico, vegetal y animal. Entre esas secuencias apareció ADN humano en cantidades mínimas, especialmente fragmentos del cromosoma Y, que se transmite por vía paterna. Las coincidencias situaron ese material dentro de un grupo genético común en el Mediterráneo y, en particular, en la región toscana de la que procedía la familia da Vinci. Los investigadores compararon los datos con cartas históricas de un pariente del siglo XV y hallaron el mismo tipo de marcadores. “Es una primera pista importante, pero no una prueba”, afirmaron los científicos responsables del estudio preimpreso.

La técnica abre posibilidades para estudiar el patrimonio desde la biología

Los expertos consultados por Science mostraron cautela. Consideraron que los resultados son notables desde el punto de vista técnico, aunque insuficientes para atribuir el ADN al propio Leonardo da Vinci. Falta un punto de referencia que permita contrastar las secuencias recuperadas. La tumba del artista, situada en la capilla del castillo de Saint Hubert, en Amboise, fue profanada en el siglo XIX, lo que impide confirmar la autenticidad de los restos. Además, el genio italiano no tuvo descendientes reconocidos que pudieran ofrecer una comparación directa.

El proyecto amplía su alcance con nuevas pruebas en descendientes y restos familiares

El proyecto internacional busca ampliar ahora el análisis con varios frentes paralelos. Por un lado, los investigadores planean examinar ADN de varones vivos pertenecientes a la línea paterna de la familia da Vinci. Por otro, se han recuperado huesos en una iglesia de Vinci, en Toscana, que podrían corresponder a parientes cercanos. Las primeras dataciones coinciden con el período de vida de los ancestros del artista. Estudios genealógicos anteriores ya habían identificado hasta 14 descendientes masculinos vivos en 2021, todos vinculados al mismo linaje del padre de Leonardo y su medio hermano Domenico.

En ese contexto, la ausencia de una tumba confirmada y de descendencia directa convierte cualquier rastro genético en una pieza de alto valor científico. El Leonardo da Vinci DNA Project considera que, aunque las pruebas no sean concluyentes, el procedimiento abre una vía prometedora para autenticar obras o determinar su procedencia. “Demuestra la viabilidad, pero también los límites, de combinar análisis de ADN humano y metagenómica en el estudio del patrimonio cultural”, recoge el informe publicado en bioRxiv.

No está claro si los restos en Francia pertenecen a Da Vinci, aunque se conoce que fue enterrado allí

El propio equipo reconoce las limitaciones del método. El ADN adherido a la superficie de una obra puede haberse contaminado durante siglos de manipulación y almacenaje. Cualquier contacto humano, una restauración o incluso el aire del entorno puede introducir nuevas trazas genéticas. Por eso las conclusiones deben formularse con cautela y apoyarse siempre en pruebas complementarias de carácter histórico y artístico.

Pese a esas dificultades, los investigadores destacan el potencial de esta técnica. Los rastros biológicos podrían servir en el futuro para complementar la pericia de los historiadores del arte y reforzar la protección del patrimonio. Si algún día se logra demostrar sin margen de duda que una muestra pertenece a Leonardo da Vinci, el hallazgo no solo aclarará su herencia genética, sino que marcará un precedente en la investigación de autores del pasado. Por ahora, la búsqueda continúa entre fragmentos microscópicos y esperanzas científicas que avanzan tan lentamente como las propias huellas del genio italiano.

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