La 'momia' de un dinosaurio con pico de pato conserva la película mineral que retrata su cuerpo con un detalle nunca visto: “Fue como descubrir la máscara original de un animal extinguido”
Los paleontólogos dedican buena parte de su trabajo a entender la apariencia de los dinosaurios. A través de los fósiles se conocen sus huesos, y con ellos se calculan posturas y proporciones, pero el volumen de carne, la textura de la piel o la disposición de crestas y pliegues han permanecido durante décadas en el terreno de la especulación. Se distingue con precisión si una especie fue carnívora o herbívora, y se identifican grupos por sus mandíbulas o dentición, aunque siempre queda una incógnita sobre cómo eran realmente en vida.
La investigación más reciente de la Universidad de Chicago reduce esa distancia entre el fósil y el animal, al revelar la forma completa de un dinosaurio gracias a un proceso geológico tan preciso que actuó como un molde natural de su cuerpo.
Los científicos consiguen reproducir el cuerpo completo de un dinosaurio extinto
El estudio, publicado en Science, describe cómo los restos de Edmontosaurus annectens, un dinosaurio con pico de pato, conservaron una película mineral tan delgada que preservó cada pliegue de su piel. Según explicó el autor principal, Paul Sereno, profesor de Biología Organísmica y Anatomía, el hallazgo permite “ver el perfil completo de un dinosaurio de gran tamaño con total confianza”.
El equipo halló dos ejemplares en una zona de los badlands de Wyoming bautizada como la zona de las momias, donde se acumularon antiguos sedimentos fluviales que favorecieron una conservación excepcional.
Los investigadores identificaron el mecanismo responsable de esa fidelidad morfológica, un proceso que denominaron “templado con arcilla”. Tras el secado del cadáver por el sol, una inundación repentina cubrió el cuerpo y una biopelícula en la superficie actuó como un imán electrostático, atrayendo partículas de arcilla del entorno.
Ese contacto formó una lámina finísima, de apenas una centésima de pulgada, que reprodujo la textura externa con detalle microscópico. Más tarde, la materia orgánica desapareció, quedando solo la capa mineral adherida al esqueleto, una réplica tridimensional de la anatomía original.
El misterioso papel de la arcilla en la conservación del cuerpo
La exposición de esa película requirió centenares de horas de limpieza bajo la dirección de Tyler Keillor, responsable del Laboratorio de Fósiles. El equipo de Sereno empleó tomografía computerizada, análisis espectroscópicos y reconstrucción digital para reconstruir el cuerpo completo. Dos momias de Edmontosaurus —un juvenil tardío y un adulto temprano— ofrecieron zonas amplias de piel conservada, lo que permitió ensamblar por primera vez la silueta entera del animal, desde el cuello hasta la cola.
Los resultados mostraron una línea dorsal continua que comenzaba como una cresta carnosa en el cuello y el tronco, prolongándose sobre las caderas hasta transformarse en una fila única de espinas. Cada una se correspondía con una vértebra concreta y encajaba con la siguiente, creando una estructura articulada. Sereno afirmó que “los dos especímenes se complementaron de manera magnífica”, ya que juntos ofrecieron un retrato anatómico completo sin zonas perdidas.
El análisis de la superficie reveló una piel compleja, cubierta por escamas poligonales en la parte inferior del cuerpo y la cola, mientras que en el resto predominaban pequeñas escamas de uno a cuatro milímetros de diámetro. Las arrugas visibles en la caja torácica indicaron una piel muy fina, algo inusual en animales de gran tamaño.
El primer dinosaurio con pezuñas documentado en el registro fósil
En el ejemplar adulto, la mayor novedad apareció en los pies: cada uno de los tres dedos terminaba en una pezuña en forma de cuña, con base plana similar a la de un caballo. El estudio comprobó que las patas traseras apoyaban sobre una almohadilla carnosa situada detrás de esas pezuñas, a diferencia de las delanteras, que solo tocaban el suelo con ellas.
Estas observaciones permitieron a los investigadores encajar las extremidades en huellas fósiles del mismo periodo y confirmar que Edmontosaurus fue el primer reptil con pezuñas documentado, así como el primer animal cuadrúpedo con esa estructura diferenciada entre sus miembros anteriores y posteriores. Según Sereno, las momias de Wyoming “encierran los primeros indicios de pezuñas en un vertebrado terrestre y abren una línea completa de investigación sobre la anatomía blanda de los dinosaurios”.
El estudio no solo aporta una imagen inédita de este hadrosáurido, sino que también establece un método para estudiar tejidos blandos fosilizados. Incluye un vocabulario técnico para describir escamas y estructuras no óseas, y una guía práctica para reproducir el proceso de momificación por arcilla. Los autores sostienen que el modelo servirá para analizar nuevos fósiles y orientar futuras búsquedas en otras formaciones geológicas.
Paul Sereno concluyó que este trabajo resume años de exploración y reconstrucción tridimensional, un recorrido que va del campo al laboratorio y culmina en la recreación de un dinosaurio que, millones de años después, vuelve a mostrar su aspecto original.
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