El portal del Palacio Stanga vuelve a brillar en el Louvre tras una restauración que revela el esplendor del Renacimiento italiano

Las familias mandaban con piedra, mitos y fachadas visibles

Héctor Farrés

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En las ciudades italianas del Renacimiento, la influencia no se ejercía solo con ejércitos o alianzas políticas, sino también a través de la arquitectura. Las fachadas de piedra, los relieves mitológicos y las proporciones clásicas se convirtieron en un lenguaje visible de autoridad. En Cremona, esa idea adquirió una forma singular en los proyectos de las familias más poderosas, que competían por expresar su rango social mediante encargos artísticos inspirados en la Antigüedad.

El poder se entendía como una demostración pública de refinamiento y dominio técnico, una forma de trasladar a la piedra la jerarquía que regía la vida política. Los símbolos heroicos y los materiales nobles se usaban para legitimar la posición de sus promotores, y la ciudad se pobló de portales monumentales y patios esculpidos que proclamaban esa ambición. Con ello, la arquitectura se transformó en un espejo de las relaciones entre cultura, prestigio y autoridad, un escenario donde la nobleza lombarda encontró su manera de perpetuarse en el tiempo.

El museo recupera una portada que había perdido su aspecto original

El Museo del Louvre ha restaurado el portal del Palacio Stanga, una obra atribuida al escultor lombardo Pietro da Rho, que vuelve a mostrar su riqueza material y simbólica tras más de un siglo de alteraciones. Concebido a finales del siglo XV, el conjunto representa uno de los testimonios más destacados de la escultura renacentista del norte de Italia. La intervención ha recuperado la lectura completa de su programa decorativo y ha devuelto claridad a los relieves de mármol, que habían permanecido oscurecidos por capas de pintura y cera aplicadas en el siglo XIX.

El portal pertenecía al Palacio Stanga, construido en la última década del siglo XV por encargo de Cristoforo Stanga, miembro influyente del círculo del duque de Milán. Su residencia debía reflejar tanto su prestigio político como su adhesión al humanismo que impregnaba las cortes lombardas.

Las escenas con Hércules y Perseo, junto a combates, criaturas y bustos antiguos, construyen un discurso visual que une virtudes morales y poder terrenal

En el siglo XVIII, el edificio fue adquirido por la familia Rossi, que lo remodeló según el gusto barroco, alterando su estructura original. En 1870 se desmontó el antiguo portal, separándolo del edificio que lo había albergado durante más de tres siglos.

El conjunto escultórico destaca por su monumentalidad y por el uso de un lenguaje simbólico inspirado en la mitología clásica. Con más de siete metros de altura, el portal se asemeja a un arco de triunfo. Las figuras de Hércules y Perseo ocupan el eje central, acompañadas por relieves que narran sus hazañas y que asocian la virtud heroica con la fuerza moral del comitente.

En la parte superior aparecen escenas de batalla y retratos de emperadores romanos, que vinculan la obra con la tradición imperial y refuerzan su sentido de autoridad. Cada detalle, desde los frisos con criaturas fantásticas hasta los capiteles tallados con precisión, contribuye a una lectura política de la belleza, entendida como manifestación del orden y la disciplina.

El trabajo técnico aclara materiales y devuelve luz al mármol

Después de su desmontaje, el portal inició un nuevo recorrido. En 1875, el coleccionista marsellés Édouard Vaïsse lo vendió al Louvre, donde fue presentado al público dos años más tarde. Desde entonces, ha formado parte del discurso museográfico del departamento de esculturas, en diálogo con piezas maestras como las Prisiones de Miguel Ángel. Sin embargo, las capas de cera y pintura aplicadas en el siglo XIX alteraron gravemente la percepción del mármol, unificando su superficie y reduciendo el contraste de luces y sombras.

El proceso de restauración reciente se basó en un estudio exhaustivo coordinado por Hubert Boursier, con la colaboración del Centre de recherche et de restauration des musées de France (C2RMF). Las investigaciones químicas permitieron identificar los compuestos que cubrían el mármol y definir la técnica más adecuada para retirarlos.

El desmontaje del portal, su salida de Cremona y su llegada a París alteraron la forma de entender la obra,

Las restauradoras Adèle Cambon y Annabelle Sansalone dirigieron la limpieza con láser, combinada con un tratamiento químico controlado que eliminó las ceras sin dañar la superficie. Tras la intervención, el mármol recuperó una ligera tonalidad dorada que recuerda su historia material. El nuevo sistema de iluminación del museo, diseñado por el taller de arte del Louvre, resalta la profundidad de los relieves y permite apreciar de nuevo la complejidad escultórica del conjunto.

La restauración del portal del Palacio Stanga confirma cómo los gestos de poder de la Cremona renacentista han llegado hasta el presente a través de la materia. Cada detalle recuperado devuelve su voz a un tiempo en que la piedra servía para afirmar autoridad y cultura, y en que el arte era la forma más visible de gobernar.

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