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OPINIÓN

El globo gigante de un bebé con la cara de Trump es la respuesta perfecta a la derecha intolerante

Las protestas que se organizan esta semana en Londres para recibir a Donald Trump lograrán molestarle, y esa es la idea

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Imagen del globo con la cara de Trump que recibirá al presidente durante su visita a Londres.

Imagen del globo con la cara de Trump que recibirá al presidente durante su visita a Londres.

"El mayor insulto a un presidente de EEUU en el cargo". Así definió Nigel Farage, antiguo líder del partido euroescéptico UKIP, la decisión de  permitir que el globo gigante de un bebé llorón con la cara de Donald Trump sobrevuele la ciudad de Londres durante la visita a Reino Unido del presidente estadounidense. Sin meternos a considerar si disparar a la cabeza de JFK con un fusil es o no insultante, recordemos que Farage es la misma persona que en una ocasión describió a Barack Obama como una "criatura repugnante". No es lo que uno llamaría un saludo cortés, ¿no?

Parte de la estrategia de la derecha intolerante en ascenso es retratar a la izquierda como gente delicada a la que es fácil provocar, sin humor y contraria a la libertad de expresión. Sin embargo, cuando un grupo de activistas consigue 17.300 libras para comprar un globo gigante de Trump con el rostro anaranjado y las manos diminutas, la derecha se rebaja a protagonizar vergonzosas rabietas públicas. Como respuesta al globo, un diputado tory del Parlamento Europeo ha llegado a pedir que se elimine el cargo de alcalde de Londres.

Lo que quiere Farage es que las autoridades de Londres intervengan y prohíban una protesta contra el establishment, un deseo que lo dice todo sobre el argumento típico de la derecha de que está a favor del individuo y en contra del Estado paternalista y autoritario. Estamos hablando de la avanzadilla de un ególatra y plutócrata que recorta impuestos a corporaciones y estadounidenses ricos mientras  arrastra lejos de sus padres a niños desesperados que luego encierra en jaulas.

El globo gigante es la mascota perfecta de las multitudinarias manifestaciones con que se prepara la fiesta de bienvenida a Donald Trump esta semana. Trump pretende usar a Gran Bretaña en un perverso ejercicio de relaciones públicas: demostrar que él ha hecho a Estados Unidos "grande de nuevo", que el país es ahora respetado. En lugar de eso, las imágenes que se transmitirán por todo el mundo serán las de miles de ciudadanos de Reino Unido, el primer aliado de Estados Unidos, ridiculizando al hombre más poderoso de la Tierra junto a un globo gigante con la figura del presidente en pañales.

Pero el mensaje de las protestas  Together Against Trump (Juntos contra Trump) del viernes es profundamente serio. Entre Trump, Farage, Marine Le Pen, la extrema derecha austriaca y el régimen húngaro, los últimos años han sido una fiesta para los ultraderechistas. Las protestas de esta semana son una declaración de intenciones: resistir a los intentos de la élite política de culpar a refugiados, inmigrantes y musulmanes de injusticias que provocaron los poderosos y luchar contra las aspiraciones de la débil y caótica coalición gobernante de poner a Gran Bretaña al servicio de Estados Unidos, particularmente si el objetivo es unirse a otra calamitosa intervención militar como la de Irak.

Hay quien dice que Trump disfrutará de la atención recibida, con el bebé gigante y todo, y que la mejor respuesta sería ignorarlo por completo. Pero eso podría interpretarse como complicidad, como un apoyo silencioso al presidente. Además, no tiene en cuenta que Trump no es precisamente conocido por su capacidad de aguantar las burlas. De hecho, si ha retrasado una y otra vez su visita a Reino Unido ha sido por miedo a las protestas.

Se acerca un día histórico, no sólo para Trump, sino para todo el movimiento de intolerancia que él representa. Un día que dará nueva vida a la lucha contra un hombre que ridiculiza y demoniza a todo aquel que se atreve a desafiarlo. Un día en el que de regalo Trump sabrá, mientras el establishment británico le recibe con alegría, que en algún lugar por encima de su cabeza sobrevuela un globo gigante con su cara y el cuerpo de un bebé que se lamenta.

Traducido por Francisco de Zárate

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