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La gestión del clima y los gestos: Prólogo para rebajar la temperatura

La salida del conflicto catalán no podrá plantearse nunca en términos de ganadores y perdedores: querer imponer al otro una rendición incondicional es renunciar a la convivencia democrática

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Pedro Sánchez recibe sonriente a Quim Torra en lo alto de la escalinata del Palacio de la Moncloa

Pedro Sánchez y Quim Torra, en su primera reunión.

De golpe, cuando parecía que todo continuaría indefinidamente empantanado, el éxito de la moción de censura y el cambio de gobierno en España han producido una misma sensación: pasa un poco de aire en una habitación cerrada durante mucho tiempo. Ahora parece menos difícil respirar en nuestra atmósfera política. Incluso se empieza a notar algún cambio en la temperatura ambiente, aunque las causas del conflicto continúen activas. Donde antes dominaban las voces que pretendían mantener la tensión, ahora también se escuchan declaraciones y actuaciones cuya voluntad es destensar el conflicto y favorecer la convivencia.

Eso se revela, por ejemplo, en la condena mayoritaria del encarcelamiento de los dirigentes políticos y sociales. Nos hemos alegrado de su acercamiento a Catalunya. Por lo que representa para ellos y para sus familias. Y también por lo que tiene de síntoma del cambio. Pero ya hemos dicho y seguimos pensando que su liberación es imperativa. Por razones jurídicas y humanitarias, pero también políticas. Una negociación política efectiva precisa que todos los dirigentes políticos y sociales estén en igualdad de condiciones para ejercer sus funciones.   

Mientras eso no se produzca, no habrá que desperdiciar las ocasiones de intercambio y de contacto entre los que mantenemos posiciones discrepantes. Aunque sólo sea para delimitar los términos de los desacuerdos y para evitar de presentarlos como insuperables. Con eso se rebajaría algún grado la temperatura política ambiental.

Por eso vale la pena poner en valor la reunión entre el Presidente Pedro Sánchez y el President Quim Torra. No era realista creer que de esta primera reunión pudieran salir grandes acuerdos ni soluciones milagrosas. Pero el simple hecho de producirse y el anuncio de nuevos encuentros entre los dos gobiernos representan una mejora respecto de la situación anterior.

¿Tenemos asegurado este cambio positivo de clima? ¿O, por el contrario, son posibles todavía nuevas olas de calor? Somos conscientes de que sería una ingenuidad creer que desde ahora sólo se puede andar en una línea de mejora y en una sola dirección. Hay muchos riesgos de recalentamiento.

Los hemos comprobado ya en Madrid y en Barcelona. El congreso del PP y su nuevo presidente han vuelto a utilizar el tema de Catalunya como herramienta de estimulación de sus militantes y de sus cuadros. Y no precisamente en sentido constructivo. De manera parecida, el último congreso del PDeCAT -último porque quizás no se celebrará ninguno más- ha demostrado que un sector del independentismo no sabe prescindir de una estrategia de aceleración permanente, sin consideración de sus costes sociales. Ni probablemente de los costes a pagar por el independentismo en su conjunto. En contraste con Esquerra Republicana, esta 'Derecha Republicana' que ahora se presenta en sociedad parece arrastrada por una combinación de factores en la que cuentan más las emociones tácticas que las visiones de conjunto.

Una muestra clara de las dificultades para enfriar el clima ambiental la hemos visto en el último choque parlamentario que ha provocado la suspensión de las actividades del Parlamento hasta el mes de septiembre. Por una parte, los que parecen apostar por mantener la tensión -los representantes de Ciudadanos y de una parte de Junts pel Sí- votaron juntos. Por otra, coincidían en el sentido del voto los diputados de ERC y del PSC, intentando vías de enfriamiento. 

En más, tenemos claro que el clima político será interferido por las resoluciones de unos tribunales que tienen una lógica y unos ritmos muy diferentes a los de la política, pero que se entrecruzan. En este sentido, las maniobras procesalmente poco brillantes del magistrado Llarena siguen siendo un combustible muy eficiente para aumentar la temperatura.   

A pesar de todo eso, creemos modestamente que conviene no abandonar el esfuerzo por hacer más respirable el clima político. ¿Cómo contribuir a dicha oxigenación progresiva?   

Por ejemplo, afirmamos que -sin olvidar el pasado reciente y las responsabilidades políticas de cada uno- acaba siendo poco productivo concentrarse casi exclusivamente en la denuncia de las equivocaciones pasadas: todos hemos cometido alguna mayor o menor cuantía.  

También consideramos que se debe insistir en la idea de que un problema complejo como el planteado no admite salidas simplistas: la reducción de estas salidas a un dilema rígido entre A y B es negar la posibilidad de una solución real.
No creemos que la razón pueda estar toda de una parte y la otra no la tenga absolutamente. Hace falta recordar a Salvador Espriu, el poeta que construyó puentes con palabras: “ Penseu que el mirall de la veritat s’esmicolà a l’origen en fragments petitíssims, i cada un dels trossos recull tanmateix una engruna d’autèntica llum”.

La salida de este conflicto no podrá plantearse nunca en términos de ganadores y perdedores: querer imponer al otro una rendición incondicional es renunciar a la convivencia democrática.

Estas actitudes podrían ser parte del “prólogo” de cualquier diálogo -en el interior de la sociedad catalana y con la sociedad española- que abra después la puerta para una negociación real. Aún estamos muy lejos. Pero, mientras tanto, es imprescindible gestionar bien este cambio de clima frágil e incipiente.  

Porque el camino que queda por recorrer será muy largo y difícil. Se producirán pasos adelante y pasos atrás. Serán muy fuertes las tentaciones de abandonar el viaje, especialmente si hay actores que mantienen su apuesta por caldear la atmósfera continuamente.

Hacer transitable esta oportunidad abierta es responsabilidad de todos. De los dirigentes políticos y sociales, pero no solo. También tienen una responsabilidad importante los creadores de opinión -algunos de ellos firmantes del manifiesto “Por el fin de la prisión preventiva de los independentistas catalanes”- y los medios de comunicación que tanta incidencia tienen en Catalunya y en España. Por nuestra parte, estamos dispuestos a asumir esa responsabilidad en la modesta medida de nuestras posibilidades y en cooperación con todos los que participan del mismo objetivo.

El Grup Pròleg está formado por Jordi Amat, Marga Arboix, Laia Bonet, Joan Botella, Victòria Camps, Joan Coscubiela, Jordi Font, Mercedes García-Aran, Gemma Lienas, Pilar Malla, Oriol Nel·lo, Raimon Obiols, Lluís Rabell, Joan Subirats, Marina Subirats y Josep Maria Vallès.

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