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Mondragón no es perfecto, pero sí mejor

Trabajadores de Fagor Electrodomésticos a su salida de la factoría de Arrasate. / G. A.

Iker Merchán

Consultor de comunicación en internet. Trabaja, entre otras empresas, para la Corporación Mondragón. —

Duele, ésa es la verdad. Es duro ver a Fagor Electrodomésticos en una situación crítica. Duele por su importancia histórica, porque es (me niego a hablar en pasado) la única empresa de electrodomésticos con capital 100% español, porque le quedan tres años para cumplir 60, porque está enraizada en nuestros recuerdos (“¡que te fagorices!”)... Pero duele más estos días ver los ataques al modelo cooperativo, como si los problemas de una única cooperativa pusieran en cuestión todo el cooperativismo. ¿Acaso las miles de sociedades limitadas y anónimas que han quebrado antes y durante la crisis hacen que se cuestionen esos otros modelos?

Fagor Electrodomésticos es una de las 289 empresas de Mondragón, un grupo de cooperativas que en 2011 ganó 125 millones de euros netos. No es un holding convencional, sino un conjunto de cooperativas autónomas y jurídicamente independientes unidas por una serie de mecanismos de solidaridad.

Fagor Electrodomésticos se ha encontrado en medio de una tormenta económica perfecta. De un lado, un inaudito desplome de las ventas ante el hundimiento de la demanda interna, la atonía de los mercados europeos y el estallido de la burbuja inmobiliaria y, de otro, una feroz competencia low cost. Si no fuera una cooperativa, hace mucho que los despidos hubieran sido atroces. Sin embargo, ha aguantado a lo largo de varios ejercicios contra viento y marea, y plantea un escenario en el que, si finalmente ocurre lo peor, sus socios-trabajadores tendrán el apoyo real y tangible del resto de la corporación.

La solidaridad cooperativa

¿Está en crisis el cooperativismo? ¿Es justo decir, como hemos leído y escuchado estos días, que ha muerto el espíritu que puso en marcha el modelo Mondragón? ¿Ha muerto la solidaridad?

Si lo ha hecho, se trata de un muerto viviente.

En mayo de 2013, hace pocos meses, el resto de cooperativas de la corporación ayudó a Fagor Electrodomésticos con 70 millones de euros y ahora Mondragón planteará en su congreso poner aún más dinero sobre la mesa para salvaguardar el futuro de sus trabajadoras y trabajadores, pagar paros y prejubilaciones (para el Estado son autónomos) y recolocarles en otras empresas. Nadie en Mondragón está pensando en dejar a sus compañeras y compañeros en la estacada. ¿Realmente una organización así se merece los ataques que está recibiendo? ¿Es razonable hablar de un modelo en cuestión, de los límites del cooperativismo o de crisis del cooperativismo?

Mondragón sufre la crisis como el resto de empresas, pero da empleo en condiciones dignas a más de 80.000 trabajadores, no ha cerrado cooperativas en lo que va de crisis –seis años ya–, ni ha “ajustado plantillas” con ERE salvajes. El modelo cooperativo se ha demostrado más resiliente con el empleo, porque en sus mecanismos de decisión priman el bien de sus dueñas y dueños, que no son otros que los propios trabajadores: todos los socios son dueños por igual y tienen la misma capacidad de decisión. Quien quiera ver en este problema concreto una crisis, no ya de la Corporación Mondragón, sino del modelo cooperativo es que es un ignorante o una mala persona.

Ratio salarial

Mondragón no es perfecto (de sus defectos también se puede hablar largo y tendido), pero está a años luz de la mayoría de SA y SL de nuestro entorno. El ratio salarial es 1-5. Nadie se lo lleva crudo. Por comparar, la media de la lista Forbes es 1-380 (el que más gana multiplica por 380 los ingresos de la media) y llega a 1-700. Además, la mayoría de los trabajadores son socios (a las duras y a las maduras), se apoya a las cooperativas con problemas, se recoloca por todos los medios a las socias y socios, cuenta con su propia universidad y formación profesional, los trabajadores están cubiertos por la atención sanitaria y las pensiones de su mutua…

Puede que lo que está ocurriendo estos días es que se está comparando a las cooperativas contra un ideal utópico. Me temo que en ese caso siempre van a salir mal paradas. Peor aun: injustamente mal paradas. Seamos justos. Comparemos al modelo cooperativo contra la realidad neoliberal que nos rodea. Personalmente, yo no tengo duda de en qué fórmula jurídica prefiero trabajar.

Soy ateo pero voy a acabar citando a un cura (Arizmendiarrieta): “En economía sólo hay dos teorías: en una manda el dinero y alquila las personas para hacer más dinero, en la otra mandan las personas y alquila el dinero en beneficio de las personas”. No sé a qué viene este interés por que estemos todos en el primer grupo.

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