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El dinero se hace ahora ecologista

Con una cartera de activos que supera los siete billones de dólares, el fundador y presidente de BlackRock acaba de revelarse ante sus súbditos mercantiles como un inesperado activista climático

Larry Flink, fundador y presidente de BlackRock

Larry Flink, fundador y presidente de BlackRock BlackRock

El mundo financiero ha ignorado los límites del planeta durante demasiado tiempo. Las grandes corporaciones han crecido sin atender al deterioro ecológico que generaba su actividad, externalizando los costes ambientales y presentando así una falsa contabilidad. Pero el planeta ha dicho basta y ahora exige pasar cuentas.

La crisis climática es el burofax con el que el planeta exige al mundo financiero el pago de la deuda ecológica acumulada. Y el dinero, sorprendido y asustado, se ha vuelto de repente ecologista. Hasta tal punto llega ese advenimiento al ecologismo que las páginas salmón de los medios financieros parecen mudar al verde.

Uno de los mejores ejemplos de dicha mutación nos lo acaba de brindar el propio Larry Fink, fundador y presidente de BlackRock: la mayor empresa gestora de fondos de inversión del mundo.

Con una cartera de activos que supera los siete billones de dólares, este magnate mundial de las finanzas controla las principales compañías cotizadas a nivel internacional, y acaba de revelarse ante sus súbditos mercantiles como un inesperado activista climático.

Así, mostrando la fe del converso, Fink no solo defiende ahora la sostenibilidad como el atributo indispensable para quien desee hacer negocios con él, sino que está decidido a penalizar a aquellos directivos que no demuestren tenerlo: que no se involucren en la lucha contra la crisis climática y no tomen las medidas oportunas para reconducir su negocio hacia la senda de la economía circular.

En su carta anual a los directores de las compañías participadas, y bajo el explícito título de "Sostenibilidad, el nuevo estándar de BlackRock para invertir", el jefe de todos los jefes exige a los directivos bajo su mando que "implementen acciones en materia de sostenibilidad de manera efectiva y las divulguen de manera clara". Eso incluye obligaciones como las de presentar un plan de empresa para limitar el calentamiento global a menos de dos grados centígrados (en cumplimiento de lo que marca el Acuerdo de París) o divulgar mayor información sobre sostenibilidad.

Más allá de un aviso a navegantes financieros, las palabras del máximo responsable de BlackRock son una pauta a cumplir ante este "momento trascendental que va a remover los cimientos de las finanzas a escala mundial". Así, la sostenibilidad medioambiental pasa a ser la nueva conditio sine qua non para quien aspire a lograr o mantener el apoyo del mayor gestor de inversiones del mundo.

Con respecto a nuestro país, con cerca de 20.000 millones de euros de inversión repartidos en 20 de las 35 empresas del Ibex, BlackRock es el principal inversor del índice bursátil de referencia de la bolsa española. Entre otras participaciones posee el 5% de Iberdrola, Santander, BBVA, Telefónica, Repsol o Sabadell.

Algunos directivos de estas compañías llevan tiempo adaptándose a este nuevo escenario, emprendiendo estrategias audaces para avanzar en materia de sostenibilidad. Otros, en cambio, permanecen en posiciones fosilizadas (y nunca mejor dicho) negando la emergencia climática y tildando a quienes la señalan de oportunistas.

Va a ser interesante atender a los cambios que a partir de ahora se sucedan al respecto. Los conversos podrían multiplicarse ante la llamada a filas de Fink. "Aunque no sabemos qué pronósticos son los más precisos ni qué escenarios nos aguardan –anunciaba en su encíclica financiera– de lo que no cabe duda es de la dirección hacia la que vamos. Por eso cada país, cada compañía y cada accionista debe sumar su propósito para hacer frente al cambio climático".

El sorprendente reposicionamiento de BlackRock (bienvenido sea) ha coincidido en el tiempo con la activación del Plan de Inversiones del Pacto Verde Europeo por parte de la Comisión Europea. Un plan que pretende lograr un billón de euros de inversión pública y privada para convertir a la Unión Europea en la primera economía del mundo neutra en carbono antes de 2050. El dinero, definitivamente, se hace ecologista.

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