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¿Dónde están las mujeres? Barreras que dificultan la representación política en América Latina

La existencia de barreras culturales, políticas o económicas explica la baja representación de las mujeres en cargos públicos en América Latina. En este texto, Flavia Freidenberg analiza hasta qué punto la creencia sesgada acerca de las capacidades de las mujeres obstaculiza su liderazgo.

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A pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas en muchos países latinoamericanos para una representación más equitativa de hombres y mujeres en las instituciones públicas, los resultados aún distan de ser los deseados para unas sociedades que pretenden denominarse como democráticas. Cuando se están cumpliendo más de 80 años del derecho al voto para las mujeres en algunos países, sólo hay en este momento cuatro presidentas (en Argentina, Costa Rica, Chile y Brasil) y sólo cuatro Congresos nacionales tienen más de 35% de mujeres en sus escaños (Nicaragua, Costa Rica, Argentina y México).

Si bien en los últimos años se ha incrementado en promedio en ocho puntos porcentuales la representación de las mujeres en los legislativos nacionales (de 15% en 2000 a 23% en 2012), aún quedan varios países en la región con porcentajes muy bajos de representación en las Cámaras. En Brasil, Panamá, Haití, Belice o Barbados, las mujeres continúan siendo un grupo claramente subrepresentado, ya que suponen menos del 10% del total de los legisladores. Esto quiere decir que hay pocas mujeres ejerciendo cargos de elección popular en América Latina, aún cuando son la mayoría de la población en la región.

El problema continúa siendo crítico a nivel subnacional. La representación femenina en los gobiernos y legislativos locales muestra niveles muy bajos o destaca directamente por su ausencia en Perú, Bolivia o Uruguay ( PNUD Genera). Salvo Ecuador (18%) o Brasil (11%), el resto se encuentra en niveles que apenas alcanzan el 10% de la representación femenina. En México, hay aún grandes disparidades en las legislaturas estatales en cuanto a la representación de las mujeres. Hay estados donde la representación supera el 30% (Morelos, Oaxaca o Chihuahua) y en otros donde es  menor al 10% (Querétaro). De 1132 cargos a diputados estatales, sólo 301 son ejercidos por mujeres.

Estos datos obligan a pensar sobre las razones de la baja representación de las mujeres en los cargos públicos, tanto a nivel nacional como local. Por ello, en los últimos años, diversos investigadores se han centrado en desentrañar las claves que contribuyen a mejorar la representación. De ahí que hoy se sepa que las mujeres tienen mayores posibilidades de ser electas en sistemas electorales de representación proporcional en distritos plurinominales grandes y medianos que en sistemas de mayoría en distritos uninominales. Al tener la probabilidad de obtener más escaños en el primer sistema, los partidos buscan sumar a diversos sectores sociales para llegar a un electorado más amplio, a diferencia de los distritos mayoritarios donde se postula a un candidato con más posibilidades de ganar.

Existe por tanto un fuerte consenso respecto a que el sistema electoral (fórmula de representación proporcional, distritos grandes y medianos, y listas cerradas y bloqueadas) favorece la representación femenina. También existe un amplio acuerdo en que las acciones afirmativas son fundamentales para que las mujeres puedan llegar a postularse como candidatas y a resultar elegidas. En la mayoría de los países que han incrementado los niveles de representación femenina en los últimos años, esto se debe a medidas de acción afirmativa como las leyes de cuotas ( PNUD Genera). Aún así, la evidencia empírica muestra que la ley de cuotas y un sistema electoral favorable no alcanzan para mejorar la representación femenina en las instituciones. Los datos muestran que algunos sistemas políticos con ley de cuota de género y sistema electoral favorable tienen muchísima más representación femenina que otros con diseños institucionales similares.

En el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, estamos investigando qué características tienen que tener las cuotas y los sistemas electorales para superar las barreras que dificultan la representación femenina. En dicho estudio se propone mirar el nivel de “fortaleza de la cuota electoral” como clave para entender las diferencias de resultados en los diferentes distritos electorales. Un diseño de “cuota fuerte” supone una alta exigencia respecto al número de mujeres que deben ir en las listas, que alcance tanto a candidatos titulares como suplentes (para evitar casos como el reciente escándalo de “las juanitas”  en México), con un mandato de posición explícito, sin espacio para interpretaciones minimalistas de las élites políticas, con fuertes penalizaciones para quienes no cumplan con la norma (como la imposibilidad de registrar la candidatura para esa elección) y que no sea sencillo excusarse de no usar la cuota.  

Para el estudio se analizan las leyes de cuotas de los 24 distritos provinciales argentinos (y su ley nacional) y las de 31 distritos estatales mexicanos donde se eligen diputados por representación proporcional (menos Baja California Sur, donde no se le aplica cuota a los distritos de RP), más otros 27 distritos donde se eligen diputados por mayoría relativa. Los datos preliminares de esta investigación muestran que la combinación de una cuota fuerte, junto a ese sistema electoral favorable, mejoran los niveles de representación de las mujeres en los Congresos subnacionales, especialmente, en Argentina.

Los datos de Argentina parecerían mostrar que un diseño de cuota electoral fuerte y un sistema electoral favorable resultan relevantes para la representación femenina pero, en el caso mexicano, la relación no parece ser aún lo suficientemente robusta. Esto significa que en estos distritos mexicanos existen otras barreras que están dificultando la representación femenina, lo que ha llevado a que diferentes grupos y colectivos sociales presionen para la incorporación de la clausula de la paridad en el nivel constitucional (algo que finalmente se ha conseguido introducir en la propuesta de reforma política de estas semanas).

Nuestra investigación llama la atención sobre la existencia de excepciones normativas, libertad de interpretación o la ausencia de normas específicas que sancionen estas excepciones a nivel del diseño institucional de algunos estados mexicanos, como factores que explican la baja representación de las mujeres en los legislativos estatales. En ese sentido, la introducción de cuotas al interior de los partidos, financiación para las campañas electorales realizadas por candidatas mujeres, una división social del trabajo que procure la plena inserción femenina en la contienda electoral y la convicción respecto a la igualdad de capacidades del liderazgo femenino pueden ser vehículos exitosos para reducir las barreras que limitan la representación. Superar todas estas barreras es básico para contar con sociedades más democráticas. 

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