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Suárez, el 23F y la transición: anatomía de un homenaje

El homenaje a Adolfo Suárez no debería exagerar su papel como héroe solitario y traicionado, sino su capacidad de liderar el proceso de cambio político

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Adolfo Suárez. El expresidente Adolfo Suárez en una foto de archivo.- (EFE)

Adolfo Suárez. El expresidente Adolfo Suárez en una foto de archivo.- (EFE)

El anuncio del inminente fallecimiento del ex-presidente Suárez por parte de su familia va a dar lugar tanto a un reconocimiento tardío como a un nuevo debate sobre el significado y resultado de la transición a la democracia. En el momento en que está a punto de desaparecer el último de los tres políticos que no se echaron al suelo durante el golpe de Estado del 23-F, resulta interesante releer el libro de Javier Cercas, Anatomía de un instante, para contextualizar la figura de Suárez y la propia transición.

El libro es un ensayo histórico y político -o una novela de no ficción- y no una obra de investigación en la medida en que no se pretende aportar datos nuevos. Ello no resta interés a la interpretación del autor para el debate público sobre las circunstancias del golpe. Cercas elabora una serie de hipótesis convincentes sobre determinados aspectos para los que no dispone de los datos exactos de manera similar al que usa en su novela Soldados de Salamina. En Anatomía de un instante el autor centra su interés de nuevo en ese “pelotón de soldados que al final salva a la civilización”, constituido en este caso por el grupo de guardias civiles que comandados por Tejero entraron en el Congreso en la tarde del 23 de febrero y por los 3 diputados que desobedecieron las órdenes de los golpistas y se mantuvieron en sus escaños en un momento en el que peligraba su integridad física. Cercas elabora una serie de “suposiciones ilustradas” para analizar por ejemplo las relaciones del Rey y Armada o la implicación del CESID en el golpe. En ambos casos, sin poder emitir una conclusión definitiva, el autor muestra que con los datos disponibles la única explicación parece plausible es la de una conspiración para acelerar la caída de Suárez.

Cercas insiste en el propio libro y en algunas entrevistas que su interés al escribir esta obra era ofrecer una interpretación del gesto de Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Manuel Gutiérrez Mellado en la tarde del golpe. A través del análisis de la biografía y el análisis de las posiciones y recursos políticos de los tres personajes, el autor reconstruye el juego de los actores políticos que creó lo que llama la placenta del golpe. De esta forma presenta a estos tres políticos como los actores clave, cuyo papel puede concebirse como el de auténticos “emprendedores” de la transición. Las alianzas y mecanismos de intercambio de recursos entre ellos rompían el juego de los actores favoreciendo su propia autonomía y la desideologización del proceso político. Es el caso de Suárez al desmontar el edificio del franquismo, o el de Carrillo al aceptar participar en el proceso de la transición.

El resultado de dicha actuación es el aislamiento de estos actores dentro de sus organizaciones y del sistema político. Este aislamiento junto con la inestabilidad generalizada (crisis económica, terrorismo...) fomentan que toda la oposición considere que cualquier procedimiento sería aceptable para acabar con el gobierno de Suárez. Entre dichos procedimientos, el preferido es el del golpe de timón que regenere el sistema político a través de un gobierno de gran coalición. Cercas considera que el golpe tuvo lugar porque todos los partidos contribuyeron a abonar el terreno del golpismo. Se ha señalado que este libro presenta una crítica en bloque a los actores del sistema político español de los años 80, comenzando por el Rey. Sin embargo, la obra de Cercas debe entenderse, sobre todo, como una crítica a un determinado modo de hacer política, que estuvo al borde de hacer descarrilar el proceso democrático de la Transición y como una reivindicación de la misma.

El aspecto más interesante del libro de Cercas para el debate público tiene que ver con la construcción de la memoria colectiva. De hecho, el propio autor explica que los actores sociales y políticos han construido un discurso sobre el golpe del 23F que ha sido asumido, en su mayor parte, por la sociedad pero que se corresponde mal con la realidad histórica. De acuerdo con este discurso, el 23F señala el final de la Transición en la medida en que su fracaso puede achacarse a la madurez del proceso democrático, expresada por la contundencia del rechazo al golpe.

Contra esta interpretación Cercas nos recuerda en primer lugar que todos los partidos contribuyeron a crear el clima favorable al golpe elaborando un discurso sobre la excepcionalidad de la situación del país y la incapacidad del gobierno Suárez, que justificaba el uso de procedimientos extraordinarios. El papel del Rey resulta particularmente comprometido en este sentido, puesto que contribuyó a la creación de dicho discurso a través de unas nada veladas exigencias de dimisión. De alguna manera, explica Cercas, puede entenderse que el golpe de Estado resultó útil para el aprendizaje colectivo de las reglas de la democracia. Aunque el autor reserva alguna de las páginas más amargas hacia el final para exponer que el golpe tuvo consecuencias sobre el sistema político y sobre el margen de decisión respecto a políticas sensibles como el proceso autonómico, las alianzas militares o la política social durante toda la década de los ochenta.

Sin embargo, el libro es algo más que una crítica a la irresponsabilidad de algunos. Es una reivindicación del buen hacer de la Transición. Cercas considera que Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado representan bien con su actitud en la tarde el 23F el valor de la ética de la responsabilidad. Los tres resultaron ser traidores respecto a los valores que habían defendido durante toda su vida, pero según el juicio del autor, lograron restablecer un sistema político sustancialmente equivalente al de 1931. Resulta tanto más interesante en cuanto que el discurso de numerosos intelectuales y actores políticos, sobre todo entre la izquierda, considera la Transición como un mal necesario, o una traición en el peor de los casos. El objetivo principal de este libro es comprender la Transición en su contexto, señalando su originalidad y los riesgos asumidos por sus actores para recuperar el máximo posible de la normalidad rota el 18 de julio de 1936. El que el golpe, lejos de ser una farsa, estuviera tan cerca de tener éxito, es una muestra clara de que la Transición había ido mucho más lejos de lo aceptable en la recuperación de la normalidad. Al menos es lo que imagino que el libro quiere demostrar, por emplear el mismo método que el autor.

Si algo cabe reprocharle a este ensayo es, precisamente, el protagonismo que adquieren los actores, que aparecen aquí como los personajes de una novela. Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo aparecen como héroes trágicos de la ética de la responsabilidad y los representantes del nuevo régimen democrático, por oposición a todos los demás que aparecen como cómplices por irresponsabilidad. Su gesto en la tarde del 23F tiene algo de heroico, pero creo útil que al rendirle el justo homenaje a Adolfo Suárez no exageremos su papel como héroe solitario y traicionado, sino su capacidad de liderar el cambio y hacer que la mayoría social apoyase el proceso de cambio político.

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