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Cuatro razones contra la muerte de BMN

La llegada de Bankia convierte a Caja Granada en un actor irrelevante en la gestión de la entidad

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Sedes de Bankia y BMN en la Plaza de San Francisco de Sevilla

Sedes de Bankia y BMN en la Plaza de San Francisco de Sevilla

En el número 12 de la Plaza de San Francisco de Sevilla, a espaldas de su Ayuntamiento, un cartel recuerda a sus más antiguos clientes que la que fuera oficina principal de Caja Granada en la capital andaluza "ahora es BMN". Se lo recordará a los más antiguos, porque en dos meses se cumplirán siete años desde que la otrora orgullosa entidad granadina se diluyera (entonces se definió como una integración), junto a Caja Murcia, Caixa Penedés y Sa Nostra, en Banca Mare Nostrum (BMN).

Curiosamente, al otro lado de la pared se reúnen cada día los responsables de Bankia en Andalucía. Su colindante número 11 de la Plaza de San Francisco es la sede de los "Servicios centrales de la Dirección Territorial Castilla la Mancha y Andalucía", y de la "Dirección Nacional de Empresas Sur-Canarias". Hace muchos años que son vecinos. De hecho, cuando aún existía Caja Granada, la sede central era también una sucursal. Ahora otro cartel informa a los clientes de que la oficina más cercana de atención al público se encuentra a escasos 200 metros, en la Avenida de la Constitución (ver foto).

Empleo

Si la que fuera oficina principal de Bankia en Andalucía dejó de atender al público fue porque, tras la crisis, el proceso de "racionalización" del sector bancario llevó al cierre de cientos de oficinas y al consiguiente despido de decenas de miles de empleados. Así, el que durante décadas fuera el principal sector empleador de la región (sin contar Educación y Sanidad) ya no es hoy ni sombra de lo que fue. Y, a lo que se ve, el proceso no ha acabado.

El primer paso que dará la entidad pública Bankia tras absorber a la también pública BMN, en el que, seguro, ya trabajan al otro lado de la pared, será decidir que sucursales se cierran por redundantes o poco rentables, y que trabajadores serán despedidos.

Buena parte de ellos provendrán de la antigua Caja Granada, cuya plantilla, tras cientos de prejubilaciones y bajas incentivadas, eso sí, es ya la mitad de la que fue en 2010 (dicho sea de paso, el mismo proceso de toma de decisiones se repite unos cientos de metros más allá, en la sede andaluza del Santander al final de la Avenida de la Constitución, con respecto a las oficinas y empleados del Popular en Andalucía).

Peso

Cuando allá por 2011, Caja Granada hizo efectiva su integración en BMN, recibió un 18% de las acciones de la nueva entidad a cambio de aportar el 100% de su activo, por aquel entonces valorado en 13.500 millones de euros. Hoy, el activo que Bankia absorbe de BMN es de 38.650 millones de euros,  que apenas suma la mitad del que tenía cuando se fundó.

Así pues, Caja Granada, tras su integración en BMN, ha perdido la mitad de su empleo y la mitad de su activo. Pero además, con su 18% de capital, la Fundación Caja Granada (lo único que queda de la extinta entidad financiera), tenía alguna, aunque escasa, capacidad de influir en las decisiones de BMN. Ese 18% diluido aún mucho más en el capital de Bankia, la convierte ahora en un actor irrelevante en la gestión de la entidad, cuyo activo multiplica por cuatro el que aporta BMN.

En cambio, Bankia sí que obtiene una gran ventaja de la operación. Se convierte en actor principal en mercados en los que antes no existía. Así, frente a una despreciable, en términos económicos, cuota de mercado del 1% en Granada, pasa a convertirse en el líder bancario de la provincia con una cuota del 35%, y una ya nada despreciable cuota cercana al 15% en Andalucía.

Representación

La situación es muy diferente para los ciudadanos de a pie. Antes, los que tenían sus ahorros en las cajas de ahorro eran impositores, es decir, partícipes en el capital de aquellas entidades ya desaparecidas, y como tales, con representación en sus órganos de administración y dirección. Hoy ya no participan en la dirección de unas entidades que ya no existen tras convertirse en bancos, gestionados por organos de dirección controlados por grandes accionistas.

En aquel entonces, ya lejano, los beneficios que obtenían las cajas se repartían a través de sus obras sociales al conjunto de la sociedad. Ahora sólo llegan en forma de dividendo a aquellos con capacidad adquisitiva suficiente como para invertir en la compra de acciones en el mercado (las antiguas cajas, convertidas en fundaciones, financian su obra social con los dividendos que les correspondan por sus respectivas participaciones en el capital de los nuevos bancos, y con la explotacón de sus activos, en su mayoría inmobiliarios).

Competencia

Más aún, hace apenas una década en Andalucía (igual que en el resto del país) la mitad del mercado bancario estaba en manos de cinco cajas de ahorro locales (Unicaja, El Monte, San Fernando, Granada y Jaén) y cajas foráneas (La Caixa, Bankia-Caja Madrid, La Kutxa …), y la otra mitad repartido entre docenas de bancos grandes y pequeños, españoles y extranjeros. Ahora, apenas cinco entidades controlan cerca del 75% del mercado bancario nacional, lo que deja a los ciudadanos, empresas, consumidores y clientes sin competencia dónde elegir, y, por lo tanto, aún más, en manos de unos pocos muy poderosos situados en unas alturas en las que la voz de los ciudadanos apenas es perceptible.

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