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ARAGÓN

El maíz aragonés, una "golosina para vender y difundir los transgénicos en Europa", denuncia Ecologistas en Acción

La comunidad es líder nacional en la experimentación y el cultivo de maíz transgénico, una “llave de entrada” a la UE para las multinacionales, según Ecologistas en Acción

El consejero de Agricultura, Modesto Lobón, considera que la biotecnología es un factor positivo para el desarrollo agrícola y "compatible" con la producción ecológica

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La CE autoriza 17 transgénicos para alimentación y pienso y dos tipos de clavel

Casi la mitad de los cultivos transgénicos de España se cultivan en Aragón

El 40% de todos los cultivos transgénicos del país están en Aragón. Conocido por muchos agricultores y ecologistas como “el granero de España”, la comunidad es líder en la producción anual de maíz y posee la mayor extensión: 54.040 hectáreas. El cultivo intensivo de este producto – que también es el mayor a nivel mundial- es, según Ecologistas en Acción, una “golosina” para la implantación de nuevas líneas de venta y difusión de los transgénicos en Europa con la entrada del TTIP, el  Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones.

Esa “llave de entrada” para una mayor producción y movimientos de exportación e importación de productos transgénicos se encontraría con un terreno allanado y multinacionales, como Monsanto, ya instaladas en Zaragoza. También con “un interés en seguir invirtiendo en este tipo de cultivo” y “sin un claro rechazo por parte del consumidor”, según explica Eduardo Sobreviela, de Ecologistas en Acción en Aragón. Esos dos factores, junto a “un claro interés económico que deja de lado la parte medioambiental”, harían crecer ese granero, que concentra una buena parte de su producción en la comarca zaragozana de las Cinco Villas.

Según han denunciado las organizaciones Amigos de la Tierra, la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y Ecologistas en Acción, estas negociaciones comerciales entre EE.UU y la Unión Europea “podrían implicar la entrada de alimentos contaminados por transgénicos no autorizados en la UE”. La legislación no admite la presencia de estos organismos sin autorización en la UE, pero EE.UU y los lobbis de la industria bioquímica y agrícola han presionado para permitir las importaciones de alimentos y semillas mezcladas con transgénicos, aún cuando estos no estén autorizados. Con el TTIP, “la caña ya está echada y España está en el anzuelo”, afirma.

La multinacional Monsanto ya recibió en 2011 autorización del Gobierno de Aragón para realizar ensayos en la provincia de Zaragoza, tierra de cereal, con un maíz modificado genéticamente, mientras que en Francia este se había calificado de tóxico. En ese sentido, Ecologistas ha denunciado que, “de nuevo, las directivas, aplicadas sin conocimiento” podrían conducir a situaciones donde “solo vemos el interés económico”. Y apuntan que, cuando una multinacional se encuentre con recortes en su margen de beneficios al ver condicionada su actividad por las normas comerciales de un país, “entrarán en litigios con los gobiernos”.

Recientemente, el consejero de Agricultura del Gobierno de Aragón, Modesto Lobón, ha asistido, en representación de las comunidades autónomas, junto a la ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, a un consejo de ministros europeos donde se ha debatido, sin llegar a acuerdo, la revisión de las normas que regulan la agricultura ecológica. Para Lobón, el cultivo de transgénicos y la aplicación de la biotecnología en el campo son factores positivos para el desarrollo de la agricultura. A su juicio, son también “compatibles” con la producción ecológica. Esta ha encontrado en Aragón un “enorme nicho de mercado y capacidad de desarrollo”. Tanto, que se da la paradoja de que la comunidad está también a la cabeza del cultivo ecológico en España.

Esta convivencia ha convertido a la contaminación horizontal en uno de los principales problemas de los agricultores que no utilizan pesticidas ni estos organismos. Esta contaminación, producida por el transporte de las semillas transgénicas por el aire a fincas ecológicas y mediante el posado de estas en los acuíferos, es algo que el consejero reconoce que hay que trabajar para “establecer controles precisos” y “garantizar su protección”.

Desde la plataforma Aragón sin transgénicos quieren que tanto el Gobierno de Aragón como las formaciones que participen en las próximas elecciones se posicionen respecto a los cultivos y los dos campos de experimentación en Aragón, el más grande en Zuera (Zaragoza). También piden que se aclare cómo se utilizarán los 17 nuevos transgénicos aprobados recientemente con destino alimentario.

Más empleo en la producción ecológica

Mientras que el número de hectáreas en Aragón facilitado por el ministerio de Agricultura es de más de 54.000, varias plataformas ecologistas lo sitúan en 32.000, según cálculos cotejados con las ayudas pedidas con la Política Agraria Común (PAC). Lejos de la idea de que los agricultores apostarán en un futuro por los organismos modificados, las plataformas ecologistas aseguran que el coste cada vez mayor de los pesticidas, el de las propias semillas – que no pueden renovarse por contrato con las multinacionales- y un mayor gasto de agua de riego, están haciendo que el transgénico salga cada vez más caro y muchos de ellos se planteen dejarlo.

Por el contrario, cooperativas y empresas como la planta de Syral en Zaragoza, con 180 empleados,  no llegan a cubrir toda la demanda europea de maíz no transgénico. Esta, en concreto, importa 200.000 toneladas al año desde Francia para cumplir con las necesidades de los compradores. 

Además, la agricultura sostenible con el medio lleva consigo prácticas agroecológicas que necesitan de más mano de obra que otros cultivos. La clave, para los productores aragoneses, está en no especular en el mercado de la alimentación y encontrar canales cortos de distribución que no multipliquen el precio final al consumidor.

“Utilizar semillas que no tienen nada que ver con tu ambiente requiere cuidados especiales que acaban haciéndolas más caras. A eso hay que sumarle que no pueden volverse a plantar”, por naturaleza o por contrato con las compañías, explica Sobreviela. Fue el caso de India o Haití, donde las semillas llegaron con la ayuda humanitaria y los agricultores locales se encontraron con que no podían volver a sembrar después de la primera cosecha.

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