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La industria de las aves: 41 días, 15 centímetros

Pollos a los que en muy poco tiempo engordan demasiado para su frágil cuerpo; patos y ocas a los que embuchan hasta que enferma su hígado; gallinas ponedoras que pasan su vida en espacios tan reducidos que ni siquiera pueden estirar las alas: esta la cruel realidad que esconden la industria avícola y las bandejas plastificadas de los supermercados.

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Gallinas rescatadas por activistas de 'León Vegano' viajan al santuario 'Gaia'. Foto: © Rubén Vázquez

Gallinas rescatadas por activistas de 'León Vegano' viajan al santuario 'Gaia'. Foto: © R. V.

Las aves son una de las especies animales más explotadas por el consumo de carne en todo el mundo, encabezado por los peces.

De acuerdo con el  documento de la FAO ‘Food Outlook’ (Perspectivas de cosechas y situación alimentaria), la producción de carne de ave continuará creciendo de forma exponencial a pesar de los brotes de gripe aviar.

En España, la producción de carne por el sector avícola durante 2013 (último año completo del que hay datos) fue de 1.369.628 toneladas, de las cuales un 82% corresponde a la producción de carne de pollo, según los datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

41 días de vida

Los pollos broiler (la mayoría de los que se cría actualmente para carne) son hasta cinco veces más grandes que los que se criaba en los años 50 del pasado siglo. Investigadores de la Universidad de Alberta, en Canadá, han estudiado en profundidad este fenómeno. La selección genética a la que son sometidos es consecuencia del capitalismo más salvaje, que empuja a los granjeros y a sus veterinarios a escoger los ejemplares más grandes y cruzarlos entre sí. El resultado son unos animales que son enviados al matadero con solo 41 días de vida para ser envasados en bandejas de plástico y acabar en las estanterías del supermercado. Carne exprés pensada solo para obtener el máximo beneficio. Sin embargo, para estos animales, que poseen una intensa emocionalidad, engordar tanto en tan poco tiempo es un calvario. Son bebés, polluelos condenados a ser esclavos dentro de su propio cuerpo. Sus frágiles huesos se rompen, padecen infecciones y afecciones cardiacas, y su corta vida está llena de dolor.

Los santuarios de animales que rescatan pollos broiler encuentran difícil luchar contra la naturaleza alterada de estos pequeños. Quienes trabajan rescatando animales saben que luchan contra el reloj para salvarlos. Rubén Vázquez, activista que participó en un rescate del santuario Gaia, sabe bien lo frágiles que son estas aves: “Llegas en su auxilio, los sacas del infierno, pero el infierno se empeña en perseguirlos, porque el infierno se lo hemos metido dentro. Es desolador”.

Engordar hasta reventar

Los broiler no son los únicos animales traicionados por su propio cuerpo. El foie está considerado un producto gourmet, una exquisitez solo apta para paladares selectos y, desde luego, ajenos a una de las torturas más extremas. El foie no deja de ser un hígado enfermo e hipertrofiado.

La investigación de la organización internacional Igualdad Animal (IA) en varias granjas de toda España y algunas de Francia en 2012 puso de nuevo el debate sobre la mesa: ¿es lícito seguir permitiendo este tipo de trato a los animales?

La producción de foie ha sido prohibida en Alemania, Argentina, Austria, Dinamarca, Finlandia, Holanda, India, Inglaterra, Irlanda, Israel, Italia, Luxemburgo, Noruega, Polonia, República Checa, Suecia, Suiza, Turquía y el estado de California (EEUU). De los países de la Unión Europea, la producción sólo está permitida en Francia, Bélgica, Hungría, Bulgaria… y España .

En el ‘Diario del Investigador’ de IA queda recogida la brutalidad de los operarios al manipular a los patos. Gente que no tiene ningún problema en partir alas o pisar cuellos como parte del ritual mecánico y macabro que es su trabajo. Los patos llegan a convulsionar durante el proceso del embuchado, quedando todos, sin excepción, extenuados al finalizar.

En la industria del foie sucede lo contrario que en la industria de las gallinas ponedoras. En este caso solo los machos sirven para el propósito de la maquinaria industrial, por lo que las hembras son trituradas vivas tras el proceso de sexado. No resultan rentables.

Albert Molas, propietario de la granja Induànec, en Bescanó (Girona), confesaba ante los investigadores de Igualdad Animal que a los patos se les suministra antibióticos, a pesar de ser ilegal: “Esto está prohibido. Lo bueno del antibiótico es que el pato aguanta mucho más. No sufre tanto. A ver, no sufre… Come, come mucho más… Está más tranquilito. Si tú estás enfermo y te tomas un antibiótico, te deja relajado, te deja… mejor. Esto hay gente que aún lo hace. Entonces aguantan mucho más, comen mucho más y salen mucho más grandes. Pero claro, si te lo hacen analizar después… Hecha la ley, hecha la trampa” .

Tras observar las diferentes irregularidades en casi la totalidad de las granjas, Igualdad Animal interpuso denuncias por vía administrativa contra diferentes explotaciones, incluyendo el afamado restaurante Mugaritz, del chef Andoni Luis Aduriz.

Alimentación forzada a un pato en la granja Momotegi (Oiartzun) para elaborar foie-gras. Foto: © Igualdad Animal

Alimentación forzada a un pato en la granja Momotegi (Oiartzun) para elaborar foie-gras. Foto: © Igualdad Animal

 

Vivir en 15 centímetros

El calvario al que son sometidas las gallinas ponedoras es prácticamente indescriptible. En condiciones naturales, una gallina puede llegar a vivir un promedio de unos 10 años, incluso 15. Pero su vida en las jaulas en batería de las granjas industriales las deja reventadas en menos de dos. ¿Se imaginan pasar 2 años, toda su vida, encerrados en una jaula, sin poder caminar, sin poder abrir las alas ni tan siquiera para estirarlas?

Las gallinas también son animales sociales, con capacidad de sentir y establecer vínculos familiares y afectivos duraderos. Les encanta darse baños de arena cuando sale el sol y son muy curiosas con todo lo que sucede a su alrededor. En las granjas, en esas jaulas que tienen el tamaño de una tablet, su estabilidad emocional se quiebra. Terminan autolesionándose y provocándose roturas de patas y de alas. Por ello, los granjeros recurren a una solución nada compasiva y sí muy efectiva: les cortan el pico justo a ras de las terminaciones nerviosas. Un dolor equivalente a cercenarse un trozo de dedo al cortarse una uña. Por supuesto, este proceso es llevado a cabo de la manera más rutinaria posible: sin anestesia ni materiales asépticos. No es una operación, es una carnicería.

Puede que suspiremos de alivio al leer en las etiquetas “huevos de gallinas criadas en libertad” junto a una imagen aparentemente bucólica. Pero esas gallinas corren exactamente la misma suerte que las criadas en una granja intensiva. Muchas de ellas sufrirán descalcificación por la excesiva puesta y tan solo unas pocas se librarán de una dolorosa peritonitis provocada por la ruptura interna de algún huevo que se quedará sin poner. El veterinario Antonio Rodríguez, de la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid, explica que el proceso de puesta para las gallinas es igual que si a las mujeres se nos obligara a parir todos los días. “La selección genética”, asegura, “hace que tengan un fallo y por eso ponen huevos a diario”.

Por estos motivos, en el santuario León Veganohan comenzado una campaña para esterilizar a las gallinas que conviven con ellos. Así de importante es allí la vida de alguien.

Debido a la demanda masiva de productos que contienen huevo, la empresa norteamericana Hampton Creek, dedicada a la producción de alimentos libres de crueldad, ha invertido millones de dólares en crear su producto estrella: Just Mayo, una salsa de mayonesa 100% vegetal, hecha sin huevos. Es tal el éxito de este producto que el gigante Hellmann´s, de Unilever, quiere llevar a los tribunales a Hampton Creek por presunta publicidad engañosa, ya que “Mayo” es el diminutivo de mayonnaise y uno de los ingredientes principales de la mayonesa, tradicionalmente, es el huevo. Sin embargo, el CEO de la compañía vegana, Josh Tetrick, confía en la victoria, tras consultar con sus abogados y ponerse en contacto con la FDA (Food and Drug Administration). Tendremos que esperar al resultado en los tribunales, pero lo que es seguro es que Hellmann´s ha dado a esta empresa la publicidad que necesitaba para convertirse en un todo un fenómeno en Estados Unidos. Hampton Creek es la prueba de que avanzamos hacia un mundo donde la responsabilidad social corporativa que tiene en cuenta a los animales empieza a calar hondo en los principios y valores de las empresas.

La esperanza para millones de animales

Si los animales pudieran elegir, sin duda preferirían un santuario a una granja, el cariño de una familia al frío de una jaula. No pueden hacerlo, pero los consumidores sí podemos elegir cada día qué tipo de productos queremos comprar.

En un mundo donde la violencia campa a sus anchas y hemos normalizado la discriminación más absoluta, contrasta el trabajo de Laura Luengo, responsable de Wings of Heart , cuando cuida como una madre adoptiva a los pollos que llegaron a este santuario después de ser decomisados a un hombre que los vendía en el madrileño barrio de Carabanchel y de ser trasladados a la perrera, donde sin duda habrían muerto.

A finales del 2014 varios santuarios de animales se involucraron en el   rescate de más de 300 gallinas ponedorasdespués de que volcara el camión que las transportaba al matadero. Este rescate es, hasta la fecha, el más numeroso y en el que más organizaciones de derechos animales se han visto implicadas. Lo coordinó León Vegano Animal Sanctuary, el más cercano al lugar del siniestro, y ayudaron también Mino Valley Farm Sanctuary, Refugio la Candela, Santuario Gaia, Santuario Vacaloura, Santuario Compasión Animal y Wings of Heart. Las gallinas tenían apenas un año y medio de edad pero ya presentaban problemas de salud asociados a los huevos que se quedan dentro de su cuerpo, además de anemia, alas y patas rotas, traumatismos de todo tipo. Todas las organizaciones involucradas en el rescate se hicieron cargo de los gastos de transporte, veterinario y alimentación, y las supervivientes gozan de todos los cuidados necesarios para que puedan aprovechar esta nueva oportunidad como si hubieran vuelto a nacer.

Son millones de vidas anónimas, rotas por la pesada maquinaria que mueve nuestra sociedad de consumo. Algunas tienen suerte y atesoran parte de la poca ternura que queda en este mundo, convirtiéndose en aves refugiadas. En embajadoras de otras historias. Las que merece la pena que sean contadas.

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