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DESALAMBRE

FOTOS | El miedo a volver a casa tras meses escondidos en los bosques de Congo

Un año después de que el conflicto estallara en la región de Kasai, en el centro de República Democrática del Congo (RDC), parte de la población que había huido al bosque regresa a sus hogares

Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que la población necesita ayuda urgente, sobre todo en las zonas rurales, aquellos pueblos y aldeas más afectados por la violencia, que estalló en agosto de 2016

Los equipos móviles de MSF viajan a pueblos de Kasai para tratar a personas que necesitan atención médica, en particular niños con desnutrición, y reabastecer los centros de salud locales con medicinas y otros materiales

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Mulumba Mashanga (58 años) visita junto a su nieto de 11 meses la clínica de alimentación terapéutica de MSF en Tshikapa

Mulumba Mashanga (58 años) visita junto a su nieto de 11 meses la clínica de alimentación terapéutica de MSF en Tshikapa. Vienen de la aldea Senge, una zona dedicada a la minería que fue atacada en mayo. Los milicianos decapitaron a los padres del pequeño. El refugio de la abuela y el nieto fue el monte y llegaron a Tshikapa campo a través. No tienen donde alojarse y su ciudad natal ha sido destruida. © Marta Soszynska / MSF

Kanku (21 años) vive ahora en Mayi Munene con sus dos hijos, de cinco y dos años. Su esposo fue asesinado en Kamako, su ciudad. Ella estaba lavando ropa en el río cuando comenzó la violencia. Su marido y ella huyeron con los niños al bosque. Él recibió un disparo. Kanku pasó un mes escondida y luego se marchó a Kamonia, donde pasó otro mes. Después vivió en una iglesia de Tshikapa, donde se enteró de que su hermana la buscaba en Mayi Munene, donde viven ahora. No cree que pueda volver nunca a su ciudad. © Marta Sosynska / MSF

Kanku (21 años) vive ahora en Mayi Munene con sus dos hijos, de cinco y dos años. Su esposo fue asesinado en Kamako, su ciudad. Ella estaba lavando ropa en el río cuando comenzó la violencia. Su marido y ella huyeron con los niños al bosque. Él recibió un disparo. Kanku pasó un mes escondida y luego se marchó a Kamonia, donde pasó otro mes. Después vivió en una iglesia de Tshikapa, donde se enteró de que su hermana la buscaba en Mayi Munene, donde viven ahora. No cree que pueda volver nunca a su ciudad. © Marta Soszynska / MSF

Tras huir del pueblo de Senge a raíz de un ataque de milicianos, Kabeya Mamba (30 años) está en el centro de salud Diketemena de Tshikapa con su esposa e hija. Después de dos meses refugiados en el bosque, la policía les dijo que podían volver al pueblo. Sin embargo, fueron de nuevo atacados y disparados. Llegaron a Tshikapa tras cuatro días de ruta, en la que han visto morir a menores. Ni Kabeya ni su familia había visto una situación tan violenta en Kasai. Han visto como enterraban hasta a 40 personas en fosas comunes. © Marta Sosynska / MSF

Tras huir del pueblo de Senge a raíz de un ataque de milicianos, Kabeya Mamba (30 años) está en el centro de salud Diketemena de Tshikapa con su esposa e hija. Después de dos meses refugiados en el bosque, la policía les dijo que podían volver al pueblo. Sin embargo, fueron de nuevo atacados y disparados. Llegaron a Tshikapa tras cuatro días de ruta, en la que han visto morir a menores. Ni Kabeya ni su familia había visto una situación tan violenta en Kasai. Han visto como enterraban hasta a 40 personas en fosas comunes. © Marta Soszynska / MSF

A Ntumba Kasomba (31 años) tienen que amputarle el brazo izquierdo por una antigua herida de machete. A ella y a su familia les atacaron los milicianos en su pueblo natal, Senge. Vio cómo niños pequeños recibían cortes de machete. Ha visto morir a cinco de sus hijos y su esposo recibió un disparo. Solo entre 50 y 100 personas de su pueblo han sobrevivido a la violencia. © Marta Sosynska / MSF

A Ntumba Kasomba (31 años) tienen que amputarle el brazo izquierdo por una antigua herida de machete. A ella y a su familia les atacaron los milicianos en su pueblo natal, Senge. Vio cómo niños pequeños recibían cortes de machete. Ha visto morir a cinco de sus hijos y su esposo recibió un disparo. Solo entre 50 y 100 personas de su pueblo han sobrevivido a la violencia. © Marta Soszynska / MSF

Bulu Kuetem (69 años) vive con sus cuatro hijos y tres nietos en una iglesia en Tshikapa. Su esposo huyó tras recibir un disparo en su pueblo, una localidad cerca de Kamonia. Pese a que la violencia ha ido a menos, teme regresar. Además, antes de que comenzara la violencia, se dedicaba al cultivo. Ahora no hay nada que cultivar. “No sé cuál es la solución para la crisis. Bastante tengo con encontrar comida todos los días y asegurarme el refugio”, afirma. © Marta Sosynska / MSF

Bulu Kuetem (69 años) vive con sus cuatro hijos y tres nietos en una iglesia en Tshikapa. Su esposo huyó tras recibir un disparo en su pueblo, una localidad cerca de Kamonia. Pese a que la violencia ha ido a menos, teme regresar. Además, antes de que comenzara la violencia, se dedicaba al cultivo. Ahora no hay nada que cultivar. “No sé cuál es la solución para la crisis. Bastante tengo con encontrar comida todos los días y asegurarme el refugio”, afirma. © Marta Soszynska / MSF

Kanlu Joseph (54 años) ha vuelto a su pueblo, Masanga Anaï, que fue atacado por milicianos hace cinco meses. Se refugió en el bosque y sus hijos enfermaron. Cuando regresó, encontró su casa destrozada y ahora vive en la escuela. Ha perdido a su hermano, a sus cuatro sobrinos y a un nieto a causa de la violencia. Trabaja cada día para reconstruir su casa y volver a tener un hogar. © Marta Sosynska / MSF

Kanlu Joseph (54 años) ha vuelto a su pueblo, Masanga Anaï, que fue atacado por milicianos hace cinco meses. Se refugió en el bosque y sus hijos enfermaron. Cuando regresó, encontró su casa destrozada y ahora vive en la escuela. Ha perdido a su hermano, a sus cuatro sobrinos y a un nieto a causa de la violencia. Trabaja cada día para reconstruir su casa y volver a tener un hogar. © Marta Soszynska / MSF

Pascal Balananai ha pasado 7 años atendiendo a víctimas del conflicto en el centro de alimentación terapéutica de Tshikapa

Pascal Balananai (32 años) ha estado siete años trabajando en el centro de salud de Tshikapa, donde se atiende mayoritariamente a desplazados de lugares como Muyeyi o Ngombe. Estas personas han perdido familiares y los menores se enfrentan a desnutrición. No hay campos de desplazados, así que se refugian en iglesias, alquilan habitaciones o se esconden en el bosque. © Marta Soszynska / MSF

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