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Crónica

Los acusados de las 'black' se reencuentran al inicio del juicio entre risas, apretones de mano y buen rollo

El proceso ha arrancado en la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares, reservada para macrojuicios, con menor presencia de público y manifestantes que en otras ocasiones

El alto número de letrados y acusados ha retrasado el inicio del juicio que se alargará durante meses

Así te estamos contando la primera jornada del juicio

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Los acusados por el juicio de las tarjetas 'black', en la Audiencia Nacional / Sergio Barrenechea \ EFE

Los acusados por el juicio de las tarjetas 'black', en la Audiencia Nacional / Sergio Barrenechea \ EFE

Como un grupo de entrañables compañeros de trabajo que llevan tiempo sin verse. Así han estado durante casi una hora y media los 65 acusados en el juicio de las tarjetas black en el hall de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares. La dilación en acreditar los letrados de los 65 acusados ha demorado el arranque del jucio de las tarjetas black en casi una hora, lo que ha dado tiempo suficiente a los acusados a charlar animadamente a la puerta de la Sala. Risas, apretones de mano, palmadas en el hombro. Los acusados de las black estaban tranquilos y risueños en la antesala del juicio en el que se enfrentan a penas de cárcel por apropiación indebida.

"Estoy muy tranquilo", reconocía un histórico líder sindical a este medio. "No he hecho nada malo", asentía un alto dirigente patronal. La prensa fue pronto desalojada del hall, pero pudo seguir indiscretamente el baile de relaciones a través de los ojos de buey de las puertas de seguridad. En el aislamiento de la sala los acusados se abstraían de los insultos que un grupo de preferentistas les habían dedicado fuera. La localización de este tribunal (en un polígono industrial entre San Fernando de Henares y Torrejón de Ardoz y reservado a macroprocesos) hizo que apenas una docena de afectados por las preferentes se concentraran en la puerta desde primera hora de la mañana.

Miguel Blesa, en un traje gris perla visiblemente recuperado respecto a otras visitas anteriores a la Audiencia Nacional,  parloteaba distendido como si no acabara de escuchar algunos de los insultos más duros a su entrada a los tribunales. El que casi no los escuchó fue Rodrigo Rato, que entró caminando en un momento de cierto tumulto de acusados escapando así a la ira del grupo de manifestantes que llevaban casi una hora esperándolo.

Rodrigo Rato rehuía en lo posible estar en el mismo grupo que su antecesor en Caja Madrid y pasó buena parte de la espera conversando con una de las pocas mujeres acusadas por beneficiarse de los plásticos fraudulentos, María Enedina Álvarez, otrora diputada del PSOE.  En su tónica habitual, un afable Arturo Fernández, en el momento de los hechos presidente de la patronal madrileña, saludaba a unos y a otros. En varias ocasiones intentó sin éxito quedarse en el corrillo de Rodrigo Rato que custodiaba con su altura y porte Matías Amat.

Los sindicalistas acusados destacaban por no llevar corbata y ser fieles a alguna de las enseñas estilísticas de sus antiguas filaciones. Antonio Romero, histórico del PSOE, llevaba una cazadora, muy similar a aquellas icónicas de Felipe González. Rodolfo Benito, una de las figuras más importantes de la historia de CCOO, charlaba animadamente con José Ricardo Martínez, exsecretario general de UGT Madrid. En ese grupito Arturo Fernández sí fue bienvenido. Especialmente relajado se veía a José Antonio Moral Santín, expolítico de Izquierda Unida y el segundo que más gastó en su tarjeta black: 456.000 euros.

La Justicia ha querido que los que no habían charlado mucho en la puerta vayan a compartir banquillo durante todas las sesiones del juicio. Miguel Blesa, el primer acusado en ser llamado a entrar en la sala, se sentará junto a Rodrigo Rato todo el proceso, según indicación del agente judicial. Blesa y Rato consultaron a menudo sus móviles mientras la secretaria judicial leía la retahíla de acusaciones y antecedentes. El número de acusados tuvo a la funcionaria más de una hora leyendo penas y circunstancias. Una hora en la que se agitaron abanicos, especialmente en las cuatro filas de los letrados que acusaban el calor de una sala abarrotada por el elevado número de acusados.

En primerísima fila se ha sentado Gerardo Díaz Ferrán, escoltado por dos policías nacionales que le habían trasladado de su actual residencia: Soto del Real. Compartiendo banquillo con Blesa y Rato los otros mayores usuarios de las tarjetas: Moral Santín, Paco Baquero, exsindicalista de CCOO, el exsecretario de Hacienda Estanislao Rodríguez Ponga, Antonio Romero (PSOE) y Ricardo Romero de Tejada (PP) y José María de la Riva (PSOE). En la última fila, justo delante de la prensa, Javier López Madrid, el examigo íntimo del rey Felipe que durante casi todo el juicio estuvo consultando su móvil. Uno de los más nerviosos pero también atentos era Juan Iranzo, que en el momento de los hechos estaba en CEOE y que hizo gastos ya célebres con la tarjeta black como la cena de 25 euros en el Burger King el día que Bankia salió a bolsa. Ante el alegato de su letrado, Iranzo asentía satisfecho y comentaba con sus compañeros de banquillo la petición de expulsar al FROB y a Bankia de la acusación particular. Una petición a la que sucesivamente se adhirieron otros defendidos que negaban la continuidad de Bankia como heredera de Caja Madrid.

En el primer receso, sobre las 13:20 de la tarde, los acusados han corrido al baño pero también a hacer avituallamiento, ante la duda de cuánto se alargará la sesión. Alberto Recarte, expresidente de Libertad Digital, se apresuró a sacar un bocadillo y un Aquarius. Otros apuraron un cigarrillo y la mayoría, tras visitar los aseos, siguió con su charla distendida.

El proceso judicial durará al menos hasta la antesala de la Navidad, así que los acusados seguirán teniendo momentos de reencuentro por una larga temporada.

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