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La madre del teletrabajo: “Fui la primera que tuvo un ordenador personal en casa”

Mary Allen Wilkes quería ser abogada, pero a mediados del siglo pasado lo tenía difícil por el hecho de ser mujer. Fue por eso que decidió estudiar filosofía y probar suerte como programadora de los grandes 'mainframes' de la época. Poco después colaboró en el desarrollo del LINC, un precursor de los PC destinado a la investigación. Wilkes diseñó su sistema operativo y hasta creó un programa similar a Microsoft Word. También se lo llevó a su hogar, así que, como ella misma afirma entre risas, "probablemente fui la primera teletrabajadora”.

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Mary Allen Wilkes, trabajando con el LINC en 1962

Mary Allen Wilkes, trabajando con el LINC en 1962

Cuando crezcas, serás programadora de ordenadores”. En 2016, no resultaría extraño que algún profesor diera ese consejo a una de sus alumnas. Sin embargo, hace más de seis décadas, a una estudiante de instituto se la quedó grabada aquella frase porque ni siquiera era capaz de comprenderla. “No tenía ni idea de qué estaba hablando, no sabía qué era, pero nunca lo olvidé”, explica Mary Allen Wilkes, la destinataria de aquel augurio, a HojaDeRouter.com.

Aquel profesor de geografía quería destacar con su sentencia que la joven poseía una “mente lógica”. Era cierto. Esta pionera de la informática tenía dotes especiales para esa ciencia pero no soñaba con ser programadora. Quería ser abogada, pero su familia y sus mentores le quitaron la idea. “ No eran bienvenidas en la profesión, era muy duro conseguir un trabajo si eras una mujer abogada”, asegura Wilkes.

No le atraía la idea de ser profesora, ni enfermera ni secretaria, las profesiones que se esperaba desempeñara en caso de trabajar fuera del hogar, así que optó por estudiar filosofía y teología e intentar probar suerte después en el novedoso campo de la informática. Aunque pueda parecer sorprendente, a finales de los 50 era más fácil que una mujer encontrara un empleo como programadora. 

Por aquella fecha, 6.600 mujeres habían trabajado ya en Bletchley Park, el lugar donde Alan Turing descifró el código Enigma en la Segunda Guerra Mundial —aunque nada se supo de su historia durante años—y un grupo de programadoras ya habían trabajado en el ENIAC, considerado como el primer ordenador digital electrónico de propósito general.

“Necesitaba un trabajo, las mujeres no pensábamos entonces en una carrera profesional, era un momento diferente para la mujer… Pero quería hacer algo interesante, que fuera un desafío”. Decidida, Mary Allen se presentó en la oficina de empleo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT) y preguntó si tenían trabajo para programadoras allá por 1959.

Mary Allen Wilkes, trabajando con el LINC en una imagen de 1963

Wilkes, en una imagen de 1963.

De allí la enviaron al Lincoln Laboratory. Un grupo de investigadores le planteó unos cuantos problemas y Mary Allen consiguió el trabajo aún sin saber nada de programación. “ Había estudiado lógica, que era la mejor preparación que nadie podía tener en el ámbito de la informática en aquel momento”, defiende.

Wilkes aprendió a programar con las tarjetas perforadas. Pese a que califica aquella tarea como “laboriosa” y muy “intensa”, la consideraba “intelectualmente divertida”. “Si había un error en el programa tenías que encontrarlo en todas esas larguísimas páginas de código, paso a paso, imitando ser un ordenador hasta que encontraras el fallo. Después, tenías que corregir la tarjeta perforada y empezar de nuevo”, explica rememorando aquel arduo trabajo que le gustó desempeñar aunque sus aspiraciones fueran por otro camino.  

El precursor de los ordenadores personales

Su primer cometido en el Lincoln Laboratory fue trabajar en el desarrollo de un primitivo sistema de reconocimiento de voz, uno de los primeros esfuerzos por conseguir que las máquinas fueran capaces de entender el habla humana. Por entonces, trabajaba con un IBM 704 y un IBM 709, dos mamotretos que funcionaban gracias a tubos de vacío.

Poco después, participó en la creación de un ordenador revolucionario: el LINC. Diseñado con los más novedosos transistores, anteriores a los circuitos integrados, esta máquina era pequeña para la época. Sus cuatro módulos, similares a televisores, cabían encima de una mesa. Wilkes se encargó del diseño de uno de ellos: “Alguien tenía que diseñar la forma en la que iban a estar dispuestos los botones y los interruptores, así que diseñé la primera consola”. Eso sí, aquella reducida estación de trabajo estaba acompañada por una cabina, del tamaño de un frigorífico, que albergaba la electrónica.

Según el Computer History Museum,  el LINC fue el primer ordenador personal, si entendemos como tal aquel que está diseñado para un solo usuario. Alan Kay, uno de los pioneros de Xerox PARC, también ha señalado que el recientemente fallecido Wesley Clark, padre del LINC, influyó de forma decisiva en la informática personal de la que disfrutamos hoy en día.

“Si defines el [ordenador personal] como aquel que tiene pantalla y teclado, y puede hacer cosas de forma interactiva en tiempo real, fue el primer ordenador personal”, asegura por su parte Wilkes. Fuera o no el pionero de los PC —hay disparidad de opiniones sobre el propio término— , lo cierto es que era una novedad que una sola persona pudiera llevar las riendas de un ordenador que cupiera en su escritorio. El LINC fue así un punto clave en la evolución desde los grandes ‘mainframes’ hasta los pequeños ordenadores.

Wilkes desarrolló el sistema operativo del LINC en su casa de Baltimore

Esta pionera desarrolló el sistema operativo del LINC en su casa de Baltimore, toda una novedad en 1965

Ahora bien, nadie pensaba que un cacharro como ese pudiera ocupar un hueco en cualquier hogar. “ [Wesley Clark] sabía que los dispositivos serían más pequeños, pero estaba centrado en proporcionar mejores herramientas a los profesionales de investigación médica”, señala Wilkes.

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos utilizó por primera vez el LINC en 1962 para analizar las respuestas neuronales de un minino, ya que uno de sus cometidos era convertir las señales analógicas en digitales. Al año siguiente, la institución gubernamental subvencionó el Programa de Evaluación del LINC con el fin de enseñar a los investigadores a utilizarlo en sus laboratorios de biomedicina.

Mary Allen Wilkes fue una de las encargadas de explicarles cómo montar aquel ordenador cuando les enviaran el 'kit' y de mostrarles cómo utilizarlo después. Para ello diseñó un primitivo sistema operativo, escribió un manual de programación para aprender a usarlo y preparó todo tipo de materiales para que aquellos que nunca hubieran visto un ordenador fueran capaces de trabajar con él. “ Llevaba un tiempo aprenderlo, era muy sofisticado, pero se podía enseñar”, recuerda Wilkes.

A sus casi 80 años, esta pionera de la informática sigue buscando aventuras

A sus casi 80 años, esta pionera de la informática sigue buscando aventuras

La primera teletrabajadora

En 1964,el grupo que había desarrollado el LINC se trasladó del MIT a la Universidad de Washington en San Luis. Sin embargo, Mary Allen no quería trasladarse a Misuri. Su madre, muy enferma por aquellos meses, vivía en Baltimore (Maryland), a 1.300 kilómetros de allí.

Wilkes deseaba desarrollar el sistema operativo en el que llevaba tiempo trabajando, así que su mentor le ofreció una alternativa. “Wesley [Clark] me dijo ‘no hay problema, te mandaremos el LINC y podrás trabajar en casa’. Así que probablemente fui la primera teletrabajadora”, detalla Wilkes entre risas. Aunque, obviamente, su teléfono fijo era el único medio del que disponía para teletrabajar por aquel entonces, el mero hecho de tener un LINC en su domicilio ya era revolucionario. “ Fui la primera persona que utilizó un ordenador personal en casa”.

Sin moverse de su salón, diseñó el  LAP6, el sistema operativo de LINC. Según nos cuenta, disponía de una herramienta de procesamiento de textos muy similar al Microsoft Word que todos conocemos, ya que permitía modificar, añadir y guardar documentos. “Podías simplemente sacar la cinta y llevarla contigo, no había ningún problema con la seguridad o el ‘hacking’”, bromea.

El LAP6 también facilitaba la conversión de programas a código binario o agilizaba la transformación de señales electrónicas en digitales para realizar las investigaciones. A juicio de Wilkes, todo ello hizo que tuviera “gran influencia en el pensamiento sobre a qué debía parecerse un sistema operativo”.

Se fabricaron unas 50 unidades del LINC, que se vendían por unos 43.000 dólares (unos 300.000 euros al cambio actual teniendo en cuenta la inflación). Digital Equipment Corporation (DEC), la compañía que puso de moda los miniordenadores en los años 60, comenzó a venderlos con el  nombre de LINC-8 y desarrolló basándose en ellos los exitosos PDP-12.

Mary Allen, en la inauguración de la exposición sobre las pioneras de la informática en el Heinz Nixdorf Museum alemán el año pasado.

Mary Allen en la inauguración de la exposición sobre pioneras de la informática del museo Heinz Nixdorf

Mary Allen Wilkes siguió trabajando con Wesley Clark durante un tiempo. Sin embargo, en 1972, poco después del nacimiento del primer microprocesador de la historia, cambió de rumbo. Aún ansiaba cumplir sus sueños de juventud. Estudió Derecho en Harvard y trabajó como abogada hasta su jubilación, hace tan solo dos años.

Durante todo ese tiempo, poco se ha sabido de la primera mujer que se llevó un ordenador personal a casa. Fue en 2007, 45 años después de la creación del LINC, cuando el Vintage Computer Festival, un evento organizado por apasionados de las máquinas vetustas, mostró una máquina restaurada y reunió a sus creadores, que habían seguido manteniendo el contacto,   en el Computer History Museum de California.

Durante su presentación, Mary Allen Wilkes mostró las fotografías del LINC en su hogar. Severo Ornstein, uno de los diseñadores de la máquina, y Bruce Damer, cofundador del DigiBarn Computer Museum, se sorprendieron al verlas. Las imágenes mostraban el que seguramente fuera el primer ordenador alojado en una residencia privada. “Dije, ¡oh dios mío! ¡Nunca lo había pensado!”, cuenta divertida Mary Allen Wilkes. “Colgaron las fotografías en internet y el resto es historia”.

‘Heroínas de la informática’, una exposición inaugurada en 2013 en el museo de la informática de Bletchley Park y otra muestra recientemente clausurada sobre el papel de las mujeres en la historia de la informática del Heinz Nixdorf MuseumsForum en Padeborn (Alemania) han destacado la labor pionera de Mary Allen Wilkes en los últimos años.

“La gente me decía: ‘¡Oh!  Fuiste una pionera’. Imagino que sí, puedes llamarme una pionera”, señala esta filósofa, programadora y abogada entre risas. Que la califiquen de pionera le recuerda su edad pero no le molesta. Pese a estar a punto de cumplir 80 años, recuerda su día a día trabajando en el LINC en los 60 como si fuera ayer. “ Pasé un tiempo maravilloso en la informática. Fue fantástico y fui feliz de poder conseguir todo lo que conseguí”, sentencia esta pionera de la programación que, en realidad, nunca pretendió serlo.

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Todas las imágenes de este artículo son propiedad de Mary Allen Wilkes

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