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Trump, el trol que no esperábamos

Hace ya 8 años del “Yes, we can” y la comunicación política ha cambiado sustancialmente

¿Es Trump la quintaesencia del troleo en la era de Internet?

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Ilustración fotográfica por Emil Lendof

Ilustración fotográfica por Emil Lendof Emil Lendof

Cuando Obama ganó las elecciones, los comentaristas políticos especializados en comunicación se apresuraron a analizar las características de la campaña. Se hablaba de que las personas que la habían diseñado eran jóvenes, habían entendido el cambio de paradigma y apelaban a la figura del prosumidor, confiando en que la generación de contenidos (tales como videoclips) provocarían un efecto viral que terminaría expandiendo su mensaje. Y así fue.

Pero, parezca mentira o no, hace 8 años de aquello. Y aunque aún hoy hay quien se entusiasma hablando de la sociedad red o de las nuevas tecnologías de la comunicación (mejor no mencionar a aquellos que siguen hablando de TIC), lo cierto es que Internet ha mutado muchísimo. En 2008 Twitter comenzaba a despegar como red social. En 2016 desfallece y sus propietarios no pueden venderla a causa de los trols.

Para los no iniciados en el concepto, trol y su verbo asociado trolear, están vinculados con una discusión en Internet y se usan para etiquetar acciones intencionalmente provocativas y acosos de diferente grado. El troleo puede ser no ofensivo y entre amigos o incluso entre desconocidos que tienen un desencuentro y uno de ellos trata de reírse del otro a través de una acción que realiza ‘en frente’ de sus seguidores. El troleo, sin embargo, también se ha considerado en los últimos años una herramienta política, por ejemplo en España.

Ante una clase política en decadencia (Marca Acme CT) y con grandes muestras de no entender el cambio de paradigma con respecto a los códigos que manejaban quienes sí sabían cómo usar Internet (recordemos aquella época en la que los políticos sólo usaban Twitter en precampaña...y luego desaparecían como lágrimas en la lluvia), el troleo ha sido una fórmula que han usado muchos activistas y agentes de la sociedad civil para desvelar contradicciones, denunciar abusos y para atacar al poder, en definitiva.

Pero al tiempo que las personas auto-identificadas anteriormente con la izquierda (ahora confusas entre Laclau y Susana Díaz) pensaban que eran ellas quienes ostentaban la delantera en el uso de estos códigos y estas herramientas (las TIC, los TOC, etc.), lo cierto es que su uso se extendía rápida y transversalmente por la sociedad (esa transversalidad que le hubiera gustado conquistar a Podemos pero que en realidad ha conquistado el Whatsapp y los memes machistas).

Así que quizás haya que pensar que mientras que aquí se pretende apelar a “la sonrisa de un país” o se disfraza de Superman a Ramón Espinar (¿de verdad no había otra metáfora que no incluyera situar al candidato por Madrid de Podemos con un superhéroe clásico? Si por lo menos hubieran escogido los X-Men por aquello de la metáfora de las mutaciones…), en otros lugares y desde otros espacios conservadores se ha entendido muy rápidamente cómo es la comunicación política en 2016.

En España el PP decidió usar Facebook en las elecciones de Diciembre pasado y dirigir sus mensajes a segmentos poblacionales que dudaban entre Ciudadanos y ellos gracias a la ayuda de Isabelle Wright, una joven experta en marketing político que ayudó en la campaña durante apenas unas semanas. Y en Estados Unidos, al margen de los muchos y múltiples análisis que explican la complejidad de lo que ha pasado, en lo que respecta a la comunicación, podríamos decir que Donald Trump es la quintaesencia del trol conservador.

En uno de sus mítines, un joven salía enfervorecido, casi poseído por una fuerza superior a él mientras gritaba: “¡A la mierda la corrección política! ¡A la mierda la corrección política!”. Cuando en el NY Times publicaba a dos páginas el día antes de las elecciones todos los tuits donde Trump insultaba o decía alguna barbaridad, en realidad estaba haciendo una “arqueología del troleo”. Trump será muchas cosas, pero su campaña ha sido un ejemplo de lo que hoy es la comunicación política en Internet. Quizás eso suponga un reto para las fuerzas no conservadoras en Europa…¿cómo construir un discurso honesto y directo sin caer en el troleo y sin ser troleados?

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