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¿Está la cultura libre detrás de lo que está pasando políticamente?

Un intento de 'marea roja' de la cultura no consiguió activar una lucha sectorial pero las personas que estaban inmersas ya estaban activas políticamente y muchas tenían relación con la cultura libre.

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Carteles en Sol - EFE

'Mashup' de carteles en la Puerta del Sol, Madrid, durante el 15M - EFE

El pasado 10 de mayo de 2013  se convocó un encierro por parte de trabajadoras de la cultura y la comunicación en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía para decirle al mundo “que la Marca España no da de comer a sus habitantes”. El objetivo, ante la precariedad generalizada, que azota especialmente a algunos sectores profesionales como el de la cultura, era hacer un llamamiento para activar políticamente a las personas adscritas a ese sector. Consolidar algo que ya estaba pasando en otros puntos del estado español. Crear una marea roja, la marea de cultura.

Pero por alguna razón, aquella idea no fructificó. Probablemente varios sean los motivos. Uno de ellos es que muchas de las personas que pertenecen a ese sector se han visto sobrepasados con lo que está pasando política y socialmente hablando. En determinadas disciplinas aún está demasiado presente la defensa del autor, la idea de creatividad, la idea de que sé es especial por trabajar en cultura. Y por otra parte, la idea de sector es muy vieja escuela y se mantiene inserta en nuestro imaginario sobre cómo definir el tipo de trabajo que hacemos. En el caso de cultura, la idea de "sector" se corresponde con una noción de industria cultural proclive a departamentar el conocimiento y que considera el criterio económico como eje central para delimitar las profesiones (de ahí que a veces sea considerado “cultura” sólo aquello que genera dinero de forma directa). Identificados con ese sector, sigue habiendo muchas personas que defienden los derechos de los trabajadores culturales (lucha sectorial) y no los derechos de los trabajadores (lucha social).

Pero hay un grupo minoritario (cada vez más creciente) de otras personas que han estado trabajando en ese sector pero no se identifiquen con la idea de “sector”. Muchas de estas personas participan en proyectos que no se relacionan solo con la palabra cultura sino con otros conceptos tales como innovación social, economía colaborativa, educación no formal, etc. Suelen ser personas a las que les cuesta definir su trabajo y que en muchos casos ya participan activamente en otras mareas, en otros movimientos y asambleas. Muchas de esas personas estaban en el intento de crear la marea de cultura. Es decir, no fructificó la marea roja pero las personas que querían formarla ya estaban activas políticamente. Y en muchos casos eran personas que tenían una relación directa con todo lo que supone la cultura libre.

Atendiendo a una definición generosa y amplia de cultura libre, es decir, no considerándola única exclusivamente como un movimiento que pretende combatir con licencias la cultura del copyright y del “todos los derechos reservados” (porque entre otras cosas y como apunta David García Aristegui, la cultura libre como pose puede fomentar la precariedad en vez de combatirla; poner un logo de una licencia a veces no es suficiente), sino entendiéndola como un conjunto de prácticas que ha cambiado la forma en que intercambiamos conocimientos, como una ética del compartir, etc. , ¿sería aventurado decir que la cultura libre está detrás de lo que está pasando políticamente en el estado español?

Los municipalismos son las hijas listas del 15M” decía Jaron Rowan un día en twitter. Parece existir un consenso en que muchas de las cosas que pasaron después tienen su origen en el 15M: la consolidación de la lucha anti-desahucios, especialmente representada en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la creación de Podemos y sus resultados electorales en las europeas, la reciente creación de Guanyem y la proliferación de iniciativas similares por el el resto del estado, etc. Obviamente, en ese etc. hay muchas otras luchas, pero simplificando y atendiendo a las de mayor impacto mediático, esas tres. ¿Qué tienen en común?

Pongamos por caso la PAH. En el momento de mayor expansión del movimiento una de las cuestiones claves tenían que ver con dar acceso rápido y directo a todo el conocimiento acumulado previamente a quiénes se incorporaban al proceso: carteles, logos, documentación legal, narración detallada de determinadas acciones, etc. En la propia web de la PAH, en el apartado de Asesoría y Recursos, se exclama abiertamente “ Toda la documentación y recursos que ofrece la Plataforma son totalmente gratuitos”. Y en el PDF “ Criterios para constituir una PAH” se comparte la receta con los ingredientes básicos que ha de tener una PAH local. Por citar algunos, “La PAH es una asociación apartidista”, “la PAH es una asociación sin ánimo de lucro”, “la PAH es una organización no violenta”, etc. ¿No podría ser este documento considerado como el “código fuente para instalar tu propio software de la PAH”?

Es cierto que el éxito de la PAH es polisémico y sirve para ilustrar muchos tipos de lucha.  También es cierto que probablemente la PAH haya sido la versión mejorada de muchos procesos sociales y de lucha que llevaban mucho tiempo y muchos otros antecedentes. Pero sí puede afirmarse que  transparencia, replicabilidad y compartir los procesos son reglas de juego que sí contiene la PAH. Y estas tres cuestiones obviamente no están adscritas únicamente a la cultura libre. Se podría enmarcar dentro del contexto general del activismo en la era de la cultura digital. Pero hacer los procesos transparentes y compartirlos para que puedan ser replicables sí es algo propio de la cultura libre. Una idea que concibe el conocimiento en abierto en el que no podemos producir una transformación social si nuestra metodología no es compartida y editable.

Así que aquella marea de cultura no triunfó, pero quizás, la cultura libre sea uno de los elementos que estén detrás de lo que está pasando políticamente en España.

Gracias

Por la ayuda para elaborar el texto a Rubén, Jaron, Sofía, Pedro y Lucas.

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