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Euskadi se arriesga a perder parte de sus playas por el cambio climático

La subida del nivel del mar provocada por el aumento de temperatura atmosférica podría hacer que los arenales se reduzcan hasta un 40%.

Se prevé un incremento del 10% de precipitaciones extremas y mayor variabilidad de aportes de agua.

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Un autobús de Bilbao afronta una cuesta cubierta por la nieve./eldiarionorte.es

Un autobús de Bilbao afronta una cuesta cubierta por la nieve./eldiarionorte.es

Incremento de temperaturas, precipitaciones intensas, ascenso del nivel del mar y desaparición de algunas especies son las principales consecuencias que el cambio climático provocará en Euskadi. Ibon Galarraga, doctor en Economía Ambiental e investigador del centro vasco BC3 experto en la materia, asegura que algunas como “el aumento del nivel del mar ya son perceptibles, desde 1900 aproximadamente se estima una subida de 2 milímetros al año en la costa vasca”.

Por su parte, las predicciones del centro tecnológico AZTI auguran “un incremento para 2100 de entre 28,5 y 48,7 centímetros”. Lo que según Galarraga se traduciría en “un retroceso de 25 a 40% que sufrirían playas y arenales”. “En Gipuzkoa –apunta el investigador- podrían incluso llegar a quedar permanentemente inundadas 110 hectáreas”.

A su vez, el incremento de temperaturas tiene impactos negativos relacionados con la salud. “Las olas de calor cada vez más comunes incluso en estaciones del año que no corresponden y una mayor concentración de ozono en la atmósfera pueden acarrear un aumento del número de individuos que enfermen, y en la mortalidad especialmente asociada a grupos de riesgo como ancianos y niños”, advierte. Además, “en las zonas urbanas se genera lo que se conoce como ‘islas de calor’, que contribuyen a agravar esta situación”.

En relación a los recursos hídricos existe una gran incertidumbre sobre las precipitaciones. Se prevé una reducción de aportes de agua en invierno y primavera, y un aumento de la variabilidad que ya estamos observando. Según el experto, “ambas situaciones disminuirían la garantía de los sistemas de abastecimiento”. Del mismo modo, varios análisis regionales de los modelos climáticos prevén “un incremento del 10% de precipitaciones extremas, que a su vez implica un mayor riesgo de inundación y deslizamientos de ladera”.

Biodiversidad en peligro
La variedad de especies animales y vegetales se vería afectada por la desaparición de algunas de ellas que no serían capaces de adaptarse. Elisa Sainz de Murieta, también investigadora actualmente en BC3 y antigua directora de Biodiversidad de la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno vasco (2005-2009), explica que “se perderán zonas de marisma, inundadas por el ascenso del mar y se prevé una mediterranización de la vegetación marina y terrestre, así como un aumento de especies alóctonas originarias de regiones cálidas”. En cuanto a los recursos agropecuarios la investigadora estima “una reducción de los pastos que afectará a la ganadería”. Por otro lado, a pesar de que no existe un estudio específico para la CAPV, Sainz de Murieta insiste en que “se espera que aumente la periodicidad y gravedad de los episodios extremos”.

Consecuencias económicas
Estos desastres naturales conllevarán también importantes daños en términos económicos para Euskadi. Desde BC3 afirman que los costes de “una potencial inundación en Bilbao” podrían aumentar “un 56% como consecuencia del cambio climático”. En el caso de la cuenca del río Urola “podrían ascender entre un 56 y 177%”.

Respecto al río Nervión, “sólo en Amurrio el daño anual medio esperado por inundación aumentará cerca de un 15%”. “Para un episodio extremo la pérdida total podría ascender a los 20 millones de euros”, apunta Galarraga.

Asimismo, el investigador incide en que “el daño producido sobre la biodiversidad del País Vasco como consecuencia de los aumentos del nivel del mar para el año 2100 rondaría los 87 y 231 millones de euros”.

Sin embargo, los datos y cifras aportados aún parecen no ser suficientes para que la sociedad se mentalice de los efectos futuros que ocasionará el cambio climático. Prueba de ello son las desconcertantes conclusiones obtenidas en la última conferencia del Convenio Marco de Naciones Unidas (COP19) celebrada en noviembre en Varsovia (Polonia).

La XIX Cumbre mundial sobre cambio climático culminó con una sensación de descontento generalizada, pues a los países se les acumulan los deberes en materia ambiental. Según indicó el ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, “no se registraron progresos suficientes ni en temas de compromisos de reducción de la emisión de gases contaminantes, ni en cómo se van a evaluar estos”.

A pesar de que el evento reunió a más de 9000 representantes de unos 190 países, ningún líder mundial estuvo presente. En este punto Galarraga admite que “se respiró un ambiente de poca sensación de urgencia” respecto a las cuestiones planteadas en la conferencia mundial. Países como “Australia, Canadá o Japón no se mostraron dispuestos a hacer cambios en sus políticas para luchar contra este fenómeno”.

Reducción de gases
En este aspecto, el detalle de la efectividad del Plan vasco de lucha contra el cambio climático 2008-2012 no se ha hecho público aún. Sin embargo, tanto Galarraga como Sainz de Murieta afirman que las emisiones han disminuido. “Es evidente que una parte importante de las reducciones se debe a la crisis económica. Cuánto se debe a la propia crisis y cuánto al propio plan es difícil de determinar en este momento”, señalan.

En cualquier caso ambos coinciden en que el reto continúa siendo “enorme” tanto en relación a reducir emisiones contaminantes como en lo referido a adaptarse a los impactos. “Hay que ser conscientes de que a nivel regional debemos asumir la responsabilidad que nos corresponde en cuanto a las emisiones, pero teniendo presente el impacto pequeño que suponen a nivel global nuestros compromisos”, explican. “Esto es una cuestión de equidad internacional y también intergeneracional”.

Falta de conciencia social
Para los investigadores la situación económica actual se olvida del cambio climático. “La gente está más preocupada por el corto plazo y, especialmente, por la crisis y el empleo. Esto refuerza la necesidad de que sea el Gobierno quien lidere este proceso y tome medidas para prevenir que los cambios futuros generen los menores impactos sobre sistemas ambientales y socioeconómicos”, apuntan. “Y es que estos propios sistemas económicos que nos preocupan se van a ver afectados en un futuro por el cambio climático”, concluyen desde BC3.

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