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Innovación, más allá de la digitalización (II)

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En esta misma columna abordaba la semana pasada el análisis de los Venture Capital (VC) y su comportamiento en el ecosistema de Sillicon Valley (SC), como una parte de mi aprendizaje en la BayArea de San Francisco.

Hoy prosigo con la revisión del formato start-up y su capacidad de impacto sobre sectores pre-existentes. Empresas consolidadas, sectores más tradicionales y clústeres tienen la capacidad de aprovechar los efectos derivados de la innovación aprehendida e impulsada por esta vía.

En mi libro “ Elegidos o atrapados” dedico una amplia sección a explicar el modelo que he bautizado como “Savia nueva”, el cual postula dar mayor protagonismo y capacidad de decisión a las generaciones más jóvenes, con la preparación y actitud apropiadas para sacarle todo el partido y afrontar de tú a tú los retos de la digitalización. Pero lo que quiero destacar aquí de dicho modelo es la propuesta de colaboración entre grandes empresas y start-ups, buscando el desarrollo de sinergias mutuamente beneficiosas para ambas. Se trata de combinar la capacidad inversora y posición de mercado de las primeras con las ventajas intrínsecas del formato “ start-up”, como su agilidad y adaptabilidad a los cambios.

Este modelo “sinergia” apuesta por la innovación abierta, orientada a impulsar cooperación entre Centros de Investigación, start-ups, spin-offs y empresas consolidadas, tractoras y referentes en su segmento de actividad. Algunas grandes corporaciones españolas empiezan a interesarse por las start-ups como proveedoras de soluciones innovadoras, pero casi siempre con el fin de incrementar su grado de digitalización. Es el caso del sector fintech y alguna firma de telecomunicaciones, software o energía.

El formato “reto” lanzado a compañías emergentes, pero también a equipos de estudiantes o a grupos de investigación, encierra un gran potencial como camino hacia la reactivación de la innovación en sectores tradicionales. Pero sólo tendrá valor si consigue abrirse y dar prioridad a soluciones y avances que no sean de base digital. Al contrario, la condición irrenunciable debe ser que la aportación de la start-up no sea la de digitalizar un negocio o producto tangible. Con ello, seguro que más de la mitad de emprendedores más fulgurantes y que copan los programas de las rutilantes aceleradoras, quedarán fuera. Pero por suerte, descubriremos muchos emprendedores y Pymes ahora escondidas y que se atreverán a salir.

En mi libro “Elegidos o atrapados” describo y argumento con detalle el plan de recuperación de la innovación para sectores tradicionales. Me permito transcribir aquí un par de párrafos del capítulo final, explicativos de los beneficios de un programa tipo “Savia nueva”.

  • El programa “Savia nueva” ha facilitado el lanzamiento de retos tecnológicos y de innovación por parte de las grandes empresas del sector alimentario, dirigidos mayoritariamente a start-ups y spin-offs de investigación. Los emprendedores de estas compañías emergentes han comprendido que el mejor canal para lograr los avances solicitados en el reto era por medio de alianzas y proyectos conjuntos con centros tecnológicos y de investigación, en su mayoría vinculados a Universidades.
  • Así es. El programa ha impulsado notoriamente la transferencia de tecnología y la cooperación con el entramado científico-investigador-tecnológico de nuestro país, con la participación de tres tipos de agentes, las grandes empresas como promotoras, las start-ups como ejecutoras y los equipos de investigación como suministradores de resultados de investigación. 

En definitiva, sí hay vida para la innovación más allá del acaparador ciclón que representa la digitalización. Pero para ello hace falta tomar conciencia de dicho espacio y arbitrar programas que estimulen la participación activa de los principales agentes de la innovación: empresas consolidadas, start-ups y emprendedores, equipos de investigación, inversores. Grandes mercados como el de la energía, salud, alimentación, agricultura, construcción o manufacturas diversas, están esperando el retorno de la innovación con los brazos abiertos.

Quiero acabar resaltando que la innovación real no está reñida con la incorporación de los avances y ventajas de la era digital. Un buen ejemplo es Rafael Juan, CEO de Dulcesol, una de las principales compañías alimentarias valencianas y españolas, quien maneja con maestría las redes sociales con finalidad comunicativa y afianzar marca, pero que dedica su I+D a potenciar la productividad en los procesos y a desarrollar nuevas líneas de producto que supongan avances reales en el ámbito nutritivo y saludable, apuntalando así su competitividad y conquistando nuevos nichos de mercado.

Otro ejemplo de uso de la tecnología digital como instrumento y no como fin es el de la fulgurante start-up Hawkers, de Elche, cuyos fundadores han sabido rentabilizar al máximo el potencial de las redes sociales como instrumentos de difusión y marketing, para vender en todo el mundo un producto tradicional como son gafas de sol.

Sirvan estos dos ejemplos para defender mi tesis de que utilizar la digitalización como trampolín para vender productos tangibles tiene mucho más sentido y potencial de crecimiento que el proceso contrario, el de tratar de digitalizar productos, servicios y hasta comportamientos sociales, un campo muy trillado y trufado de modelos de negocio más imitadores que innovadores.

Y acabo, ¿para cuándo las aceleradoras, eventos y demo-day que prioricen o al menos permitan proyectos en actividades de raíz no digital? Se las espera con impaciencia.

El lector podrá profundizar en los temas tratados en este artículo y muchos otros como el ecosistema emprendedor español, los retos de las start-ups, el liderazgo directivo y los desafíos de las grandes compañías, en “ Elegidos o atrapados”, mi novela-ensayo empresarial ya disponible en formato papel.

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