Dato no mata odio
¿Quién no se ha sentido frustrado presentando datos fidedignos sobre derechos humanos y el interlocutor los ha despreciado? Todos hemos pasado por ese sentimiento de decepción.
En esas situaciones ¿hay maneras para que nuestros posicionamientos hagan mella en la otra persona? Sí.
Entonces, ¿cuál es el problema? Que partimos de un paradigma que no funciona: “Dato mata relato”.
¿Por qué insistimos una y otra vez en ese paradigma? Porque para la mayoría de las personas que creemos en los valores democráticos, pensamos que si nos presentan un informe riguroso, una información detallada, nos la leemos, lo tenemos en consideración y decidimos al respecto.
Lo que no tenemos en cuenta es que poca gente partimos de esa premisa, especialmente en situaciones en las que el difusor de esas ideas lo que busca es activar el odio.
Es como pensar que si a un fumador empedernido, le mostramos una investigación científica indicando que fumar tiene una prevalencia alta de desarrollar cáncer de pulmón, ¿dejará de fumar? Lo más probable es que continúe fumando.
Para que nuestra defensa de los derechos humanos hagan mella en la sociedad, necesitamos conocimientos de psicología social y otras ciencias sociales. Por ejemplo, si hacemos una campaña para que los jóvenes no empiecen a fumar, tendrá más impacto si el anuncio lo protagoniza unos adolescentes.
Varios autores me han llevado a cuestionar «Dato mata relato» y específicamente “Dato mata discursos de odio”.
Uno de ellos es el conocido lingüista, George Lakoff, autor del libro: “No pienses en un elefante”.
Otro autor que aporta una visión innovadora y eficaz, es el que yo le llamo el Lakoff asturiano. Lo llamo así porque, como el estadounidense, es progresista y profesor de lingüística en la Universidad de Oviedo. Especialmente la tercera sección del libro La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella da pistas muy interesantes y útiles para desarmar la comunicación de los ultras. Su otra obra, Más que palabras también es muy interesante porque ayuda a reforzar con el lenguaje los valores democráticos y de izquierdas.
Otro autor es el experto consultor político, Antoni Gutiérrez-Rubí, leyendo artículos como Contra el exceso de diagnóstico: ¡Acción!. Hablando de la democracia, hay un exceso de análisis, de cómo se deteriora y pocas acciones eficaces de como se refuerza. Yo he leído varios libros sobre la ultraderecha y todos ellos describen como se ha rearmado en las últimas décadas y cómo desgasta la democracia, pero no dicen nada de cómo reactivarla, ni cómo frenar a los fachas.
Esos enfoques los he llevado a aplicarlos a mi práctica profesional y en mis relaciones personales para poder comprobar su funcionamiento. Y he podido comprobar que hay otras formas de comunicar muchísimo más efectivas. Voy a poner algunos ejemplos.
¿Recuerdas el caso de la Manada de Pamplona que violó salvajemente una mujer? Entre sus componentes había un militar y un guardia civil. Pues en aquella época estaba hablando con un conocido mío y me suelta de repente: “No podemos dejar que los emigrantes violen a nuestras mujeres”. La tendencia sería decir algo así como: “Según las cifras del Consejo General del Poder Judicial solo un 9% de los violadores con sentencia firme son extranjeros”. Si le hubiera argumentado una cosa así ¿cómo me hubiera contestado este conocido? “No me lo creo”, “El gobierno manipula las cifras” o una cosa parecida. ¿Cuál fue mi enfoque? Propuse otro marco. Le contesté: “Tú sabes que entre los violadores de la Manada, había un guardia civil y un militar. Entonces ¿lo que quieres decir es que tenemos que dejar violar a nuestras mujeres por guardia civiles y militares? Su cara se convirtió en un poema. Balbuceó: ”No, por supuesto...“
Otra experiencia. Voy a un comercio habitual a comprar y con el hombre que me atiende empiezo a hablar de diferentes asuntos y en un momento me salta con el tema “los moros que cobran la paguita”. Podía entrar a saco que los defraudadores de la paguita son los mínimos y cosas por el estilo… Y eso es entrar en el marco que quiere la ultraderecha. ¿Qué hice yo? Llevar el diálogo a mi marco: “Hablando de economía. Yo soy autónomo y tú eres autónomo. Pagamos alrededor de un 25% de impuestos. Y las grandes empresas pagan solo un 5% de impuestos. ¿Tú crees que tenemos que subvencionar a las grandes empresas?” Y él espetó: “Claro que no” y se puso de mi parte.
Por supuesto que, conociendo a estas personas no creo que hayan cambiado de opinión. Pero ya no se quedarán solo con su opinión, habrán empezado a considerar otra opinión desde otro marco. Lo importante es repetir una y otra vez estos cambios de marcos para que la ciudadana los valore y los integre. Porque la ultraderecha está consiguiendo sus resultados por machacar sus mensajes, una y otra vez.
Los think tank de extrema derecha han estudiado los sesgos cognitivos y emocionales de los progresistas y saben cómo hacerlos saltar, agitándolos emocionalmente para que no den pie con bola.
Y en mi trabajo profesional como coach político lo he comprobado. Están enfocados a descolocar emocionalmente al receptor. Si dicen que la violencia de género no existe, ¿cómo reaccionará una concejala feminista? Con una respuesta impulsiva, que es lo que buscan. Cuando se hace con la mente fría, es más probable que se piense no tanto en qué datos puedo mostrar que refute el mensaje, si no con qué marco puede desarmar su mensaje.
Eso es lo que he comprobado con cargos públicos a los que he ayudado. En lugar de entrar en el terreno y marco de la ultraderecha, aprenden a hacer entrar a estos en los marcos democráticos y se ponen a la defensiva.
Y para ello hay que actuar desde diferentes frentes como la que lleva a cabo Acción contra el odio. Y muchas otras podemos crear.
Así que todavía hay partido que jugar para defender primero y fortalecer después los valores democráticos.
La conclusión es: Datos y marcos psicológicos preparan relato para defender los derechos humanos.
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