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The Guardian en español

El ataque en suelo alemán hace realidad el peor de los temores de Angela Merkel

La policía alemana busca a un tunecino por el atentado de Berlín.

Philip Oltermann

Berlín —

Angela Merkel prometió que no permitirá que Alemania “quede paralizada por el miedo” justo después de que los populistas de extrema derecha se lanzasen rápidamente a culpar a la canciller y su política con los refugiados por el mortífero ataque con camión de este lunes en un mercado de Navidad de Berlín.

“No queremos vivir paralizados por el miedo al mal. Aunque sea difícil en estos momentos, encontraremos la fuerza por la vida que queremos en Alemania: libres, unidos y abiertos”, declaró Merkel. Pero sus oponentes políticos rechazaron esa llamada a la unidad, aprovechando para renovar las críticas a su estrategia con los refugiados y culpándola abiertamente por el ataque.

“El ambiente en el cual estos ataques pueden cometerse se ha importado de forma sistemática y sin atención en el último año y medio”, afirmó Frauke Petry, líder del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD). “No ha sido un incidente aislado y no será el último”, añadió.

Tan solo unas horas después del incidente, el eurodiputado Marcus Pretzell, compañero de partido de Petry, publicó un mensaje en Twitter dirigido a lo que llamó la “brigada esperar y observar”: “Esto es lo que pasa cuando esperas y observas”.

Horst Seehofer, líder del partido hermano de Merkel en la región de Baviera, Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), también criticó sus políticas de una forma más diplomática pero no en términos menos fuertes: “Le debemos a nuestras víctimas, a los afectados y a toda la ciudadanía el reconsiderar nuestra política de inmigración y seguridad y cambiarla”.

La importancia política de la tragedia es evidente. A finales de un año en el que Merkel ha visto cómo sucumbían algunos de sus aliados más cercanos en la esfera internacional ante la ira populista –incluido Barack Obama en EEUU, David Cameron en Reino Unido, François Hollande en Francia y Matteo Renzi en Italia– y justo antes del comienzo de un año en el que Merkel se muestra resuelta a evitar el mismo destino, un ataque letal en suelo alemán reivindicado por ISIS es precisamente lo que más temen sus seguidores.

Sea lo que sea lo que revelen las investigaciones sobre las motivaciones del atacante, la canciller alemana se enfrentará a preguntas de su electorado sobre si la tragedia es resultado directo de sus decisiones políticas del año pasado, cuando Merkel abrió las fronteras alemanas a los refugiados que esperaban en Hungría.

Las reacciones al ataque de Berlín han demostrado hasta qué punto la respuesta a esta pregunta es ideológica. Hajo Funke, profesor de política en la Universidad Libre de Berlín, sugiere que Merkel no obtendrá beneficio político por la expiación de decisiones pasadas. “Los votantes alemanes elegirán a los políticos en base a si tienen respuestas políticas factibles, no promesas vacías”, señala. “AfD no tiene soluciones al problema del terrorismo y el 90% de la población lo sabe”, añade.

El índice de aprobación de Merkel bajó considerablemente después de los dos ataques terroristas de este verano en el sur de Alemania, pero ha escalado recientemente a los niveles anteriores a la crisis de refugiados.

Aunque las últimas encuestas sitúan al partido de Petry con un apoyo de entre el 12% y 13%, Funke sostiene que la “base de poder” en el sistema político de coaliciones alemán seguirá recayendo en los democristianos de Merkel, actualmente entre un 33-36%, los socialdemócratas de centro izquierda (21-33%) y el Partido Verde (10-11%).

Además, después del ataque del lunes, mantener esa base de apoyo en la coalición requerirá más acciones de Merkel por garantizar la seguridad de su electorado. En la conferencia democristiana a principios de este mes quedó claro que el partido que una vez estuvo fielmente detrás de su líder ahora tiene un grupo organizado de diputados que pide un bandazo a la derecha.

Merkel ha demostrado continuamente que es menos reacia a los gestos populistas a nivel interno de lo que sus admiradores internacionales creen: desde septiembre de 2015 su Gobierno ha acortado progresivamente la lista de países cuyos ciudadanos tienen derecho a pedir asilo en Alemania, una medida plasmada por una serie de deportaciones notorias a Afganistán que comenzaron la semana pasada.

El mes pasado, la canciller alemana incluso respaldó la proposición de su partido de prohibir el burka. En su demanda, Merkel advirtió que la prohibición será efectiva “donde sea legalmente posible”, un estilo retórico repetido este martes, cuando prometió que el responsable del ataque será castigado “tan severamente como exigen las leyes”. Sin embargo, incluso en el centro del espectro político, el margen de maniobra no es ilimitado.

Después del ataque del lunes y tras una notoria búsqueda y captura del hombre que fue grabado pateando y tirando a una mujer por las escaleras de una estación de metro, puede que Merkel tenga la oportunidad de adoptar una postura de línea dura sobre el uso de las cámaras de vigilancia en espacios públicos, un asunto tradicionalmente sensible en una Alemania preocupada por la privacidad.

Pero después de dos años del polémico debate sobre la crisis de refugiados, algunas posibilidades políticas se han cerrado para siempre para la canciller alemana. Fijar un número máximo de refugiados que puedan entrar en el país, lo cual muchos en su partido creen que hubiera tranquilizado a los conservadores tradicionales, no se plantea porque hubiera intensificado su actual distanciamiento con Seehofer y, por lo tanto, una seria pérdida de prestigio.

Merkel ha sobrepasado por mucho el punto para recuperar miembros del AfD y sus acérrimos seguidores. Puede que no los necesite, pero una pérdida de autoridad política y un partido que se inclina a la derecha mientras ella se mueve hacia la izquierda podría debilitar gravemente su campaña para un cuarto mandato en las elecciones del año que viene.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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