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Análisis

Las buenas noticias desde Mosul no suponen el final del ISIS

Trump presumirá de la victoria en Mosul, pero superar las diferencias sectarias y la ideología retorcida de ISIS es más complejo

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El primer ministro iraquí, a su llegada a Mosul.

El primer ministro iraquí, en el centro, a su llegada a Mosul.

Hace casi exactamente tres años que el líder de ISIS, Abu Bakr al Bagdadi, proclamaba la  creación de un califato desde el púlpito de la Gran Mezquita de Al Nuri de Mosul, de época medieval. El anuncio se produjo tras un rápido avance de ISIS en amplias regiones de Irak y Siria.

Tres años después, la segunda ciudad de Irak vuelve a estar en su mayoría bajo control de las fuerzas gubernamentales y se ha confinado a ISIS en la ciudad siria de Raqqa y en zonas desiertas al oeste de Irak. Además, Bagdadi está desaparecido e incluso se ha informado sobre su muerte.

La mezquita de Al Nuri, como buena parte de Mosul, está en ruinas. Los residentes de Mosul han pagado un precio elevado. Miles han muerto o han resultado heridos –asesinados por los yihadistas, víctimas de los bombardeos aéreos de la coalición contra ISIS liderada por EEUU o fallecidos tras verse atrapados en combates callejeros–.

Los yihadistas se han ganado una mala reputación mundial por sus muchas atrocidades en Mosul y en todos los lugares donde están presentes. Actualmente hay alrededor de un millón de ciudadanos desplazados y muchos de ellos están enfermos o malnutridos. La reconstrucción será compleja y llevará años, asumiendo que se mantiene la paz. El domingo, día en que se declaró la victoria, aún continuaban algunos combates.

El primer ministro de Irak, Haider al Abadi, no tardó en atribuirse la liberación de la ciudad, haciendo una visita en persona el domingo. Pero Abadi y su predecesor, Nouri al Maliki, también son en parte responsables de perder el control en un primer momento.

Poca gente fuera de Irak y Siria predijo el auge de ISIS y su avance victorioso en 2014. En perspectiva, está bastante claro que el grupo se alimentó del fuerte resentimiento entre la minoría musulmana suní de Irak contra el Gobierno chií de Bagdad por no dar un trato igualitario a sus ciudadanos. Algunos en Mosul incluso celebraron la llegada de ISIS a la ciudad.

Este fracaso ocurrió a pesar de los esfuerzos internacionales, principalmente por parte de EEUU, para inducir a Maliki y a sus seguidores a permitir un reparto de poder real y significativo con los suníes y la otra gran minoría iraquí, los kurdos.

Los aliados de Maliki en el régimen chií de Irán también son culpables. La incompetencia de George Bush en el Irak posterior a la invasión de 2003 dio involuntariamente a estos grupos una capacidad de influencia ni soñada que Teherán no iba a entregar fácilmente. Y así ha sido.

Aunque las milicias chiíes apoyadas por Irán han tenido un papel fundamental en la expulsión de ISIS de Ramadi, Tikrit y otras ciudades, el rol visible de Irán y la dañina rivalidad suní-chií, pueden seguir teniendo un impacto negativo.

Hasta cierto punto, el imperativo de derrotar a ISIS ha unido a las dispares fuerzas iraquíes. Ahora, las diferencias entre árabes y kurdos y entre suníes y chiíes, temporalmente sumergidas, pueden volver a emerger. Mosul ha vivido una época muy dura, pero sigue siendo una ciudad multiétnica que no va a aplaudir necesariamente la vuelta del liderazgo de un gobierno impopular en Bagdad.

Parte del éxito de los kurdos contra ISIS, logrado en alianza con las fuerzas especiales estadounidenses y con la coalición occidental, aumentará aún más el perfil local e internacional del prácticamente autónomo Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), al norte de Irak. El GRK planea celebrar un referéndum de independencia en septiembre, lo que podría llevar a la partición de Irak. También hay un creciente empuje por una mayor cooperación con los grupos kurdos sirios opuestos al Gobierno de Damasco.

Ahora, EEUU se enfrenta a algunos asuntos complejos. La polémica pregunta sobre cuánto tiempo se quedarán las tropas estadounidenses en Irak y si apoyarán al Gobierno de Abadi de forma indefinida volverá a primera línea. El Pentágono no parece anticipar una salida temprana. Ha solicitado un presupuesto de 1.115 millones de euros en 2018 para continuar apoyando a las fuerzas iraquíes. Pero si EEUU tiene una estrategia a largo plazo, es un secreto bien guardado.

Políticamente hablando, la Administración de Trump presumirá de Mosul y verá en la ciudad un presagio del éxito inminente en Raqqa. Incluso puede que Donald Trump afirme que ha cumplido con su promesa de campaña de “eliminar” a ISIS.

Sin duda, sería prematuro. Puede que los yihadistas estén perdiendo sus bases sobre el terreno, pero su retorcida ideología no ha sido derrotada. El grupo seguirá propagando sus ideas llenas de odio en la red. Sus combatientes probablemente seguirán llevando a cabo una campaña de insurgencia. Y puede que ahora estén especialmente motivados para llevar la lucha al “enemigo”, lo que implica un posible aumento de los ataques en suelo europeo. Existen muchas pruebas de que combatientes endurecidos por la batalla están regresando a sus países europeos de origen.

Las noticias desde Mosul son buenas. Pero ISIS está tocado, no hundido.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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