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¿No será un virus el PP?

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Pensé que eran una plaga de termitas que, en su afán de alimentarse, destruyen cuanto tocan ¿recordáis? Ahora, a la vista de sus actuaciones, el diagnóstico se inclinaría más hacia considerar al PP un virus muy dañino, dicho sea con la escasa autoridad de una lega en la materia, pero que observa –y sufre- síntomas. El PP derruye lo mismo que las termitas pero causando agonía y dolor, en inclinaciones claramente sádicas y por tanto premeditadas. Un grado más en la actividad devastadora de los insectos.  

Lo último –o lo penúltimo, siempre es lo penúltimo- autorizar la utilización del subsuelo del Parque Nacional de Doñana para la producción y almacenamiento de gas natural. Un proyecto que lidera la compañía Petroleum Oil Gas-España, filial de Gas Natural FENOSA que, casualmente, tiene de consejero al ex presidente socialista del Gobierno, Felipe González. Aquí todos colaboran, o no combaten con la fuerza suficiente. En Canarias ya dio permiso el PP a REPSOL para extraer petróleo. Nada más gráfico de la penetración del virus que está perforación del suelo sobre el que se asienta la tierra donde vivimos.

Tenemos a muchos políticos de alto rango colocados en empresas energéticas y se nota.  Estos días estamos recibiendo muchos las facturas del gas y la electricidad. La mía duplica con creces la del mismo mes de 2007. Observo que casi un tercio de la actual, además, se lo llevan diferentes impuestos. Somos unos privilegiados, sin embargo, quienes aún encendemos la calefacción. Cruz Roja ha alertado de que ya son 4 millones los españoles que han entrado en pobreza energética, no tener dinero para mantener el hogar caliente. Y que ello acarrea problemas de salud y supervivencia.  Ya hemos olvidado a los niños que hacen una comida al día y  acuden hambrientos al colegio, a los profesores que les llevan galletas pagadas de su bolsillo. Y sobre esta miseria, Cristóbal Montoro ha levantado 11 millones de euros más en impuestos, lo que anuncia con orgullo. Convirtiéndonos en más pobres, para darnos menos servicios, insisto una vez más. Pero el plan de acción en su conjunto ayuda  en la distribución y multiplicación de la toxina.

El virus PP -de poder ser así considerado- se ha infiltrado profusamente en la sanidad que cuida nuestra salud. Tajos a saco, privatizaciones, repagos, penalización de sus profesionales, pero cada día aparecen nuevas manifestaciones dolorosas. La Comunidad castellanomanchega de Cospedal, como pionera y corredora aventajadas en la carrera, une a la supresión de urgencias (ella utiliza algún eufemismo para denominarlo) el deterioro del servicio de ambulancias. Las empresas concesionarias están despidiendo trabajadores porque también se han recortado los horarios de servicio. ¿Quiere solucionar Cospedal el problema del paro y las pensiones vía defunción? No seamos malpensados: quizás sea que, simplemente, va en su naturaleza.  

Ana Mato ha “ahorrado” más de 1.000 millones al erario público, los hemos pagado los usuarios involuntarios de las farmacias. De los más de 400 medicamentos que sacó del Sistema Nacional de Salud, los más usados han elevado además sustancialmente su precio. Otra casualidad.  Almax, Fortasec, Flumil, Flutox o Mucosán, un 50% de media. Son los antiácidos, antidiarreicos, anticatarrales y expectorantes más populares. Es como si el virus combatiera con fruición las vacunas que se le interponen. 

Matar al volante también cuenta con exenciones.  Parece haber una auténtica plaga de peatones atropellados. Ese PP heredero del “¿y quien te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mi y quién te ha dicho las copas de vino que tengo que beber?”, está prodigando los indultos o concesiones de un raro tercer grado exprés (como en el caso de su querido Carromero). El indulto de ese otro conductor –que mató a una persona e hirió a otra- defendido por el bufete en el que trabaja un hijo de Gallardón, levanta ampollas, aunque no las suficientes. Se diría que el virus contribuye a una acción vandálica vía conducción rodada. Todas las contribuciones son pocas para el fin.

La ponzoña ha llegado por fin al puro esqueleto de la economía. El consumo ha batido el récord de descenso en 20 años: casi un 11% en Diciembre encadenando meses de hundimiento. Y ello, junto a los recortes y los aumentos de impuestos, arrojan una cifra de caída del PIB en 2012 del 1,37%. No solo eso, se han reducido notablemente las importaciones y algo las exportaciones, lo que brinda al PP poder ofrecer un dato presuntamente positivo: el saldo exterior es menos negativo en el cuarto trimestre que el tercero. La inanición ayuda.

Ni el paro se les pone por delante en la táctica de camuflar la acción como corresponde a un virus de raigambre. Vienen a ser las tisanas de Mato para un cáncer. El mismo día en el que nuestro país alcanzaba la insostenible cifra de casi seis millones de personas que no encuentran empleo, la ministra presuntamente competente, Fátima Báñez se mostraba exultante con no sé que indicios de mejoría que ella dice ver. Este miércoles ha frenado el entusiasmo y “solo” se ha declarado “moderadamente satisfecha”. Hablar es gratis. Mucho más que eso: resulta muy rentable si cae en los oídos adecuados. Y, además, con las espaldas bien cubiertas y el riñón forrado uno puede cantar, sin el menor reparo, el Brindis de la Traviata en un funeral.

Corroe la corrupción hasta las entrañas de la democracia  y el espectáculo mediático de los escándalos gira vertiginoso ante nuestros ojos atónitos. Es como el circo que llevan a los niños en los hospitales. No cura, pero distrae. Y para más sarcasmo nos obsequian con unos debates parlamentarios que producen vergüenza ajena. También el parlamento se ha infectado al menos de patetismo y un alto grado de desfachatez. De un alejamiento absoluto de los problemas de los ciudadanos, desde luego.

 ¿Queda ya algo que demoler? Por supuesto, mucho. De ser un virus, campa a sus anchas sin atender a razones, socavando cuanto le interesa. Un virus fuerte, cohesionado, muy bien alimentado por las fuentes de lo más granado del empresariado español, si se confirma que Bárcenas no mataba el tiempo en su despacho haciendo anotaciones de pagos a la cúpula del PP en lugar de crucigramas. Algo es diáfano sin embargo: no se anula su acción con aspirinas, sino con medios –democráticos- proporcionales al mal.

 

 

 

 

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