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Los fosfoyesos, a estudio, tras un primer intento fallido de restauración

Rafael Pérez, miembro del comité de expertos creado en Huelva para restaurar 1.200 has de residuos químicos, recuerda que dos zonas concretas ya fueron restauradas y el trabajo no funcionó

Ha explicado a sus alumnos en la UNIA, entre otras cosas, que el agua de la marea alta del estuario entra en las balsas y vuelve contaminada

La ría de Huelva recibe cadmio y arsénico, y en torno al 15-20 % de lo que recibe llega de las balsas, y el resto de la actividad minera abandonada en las cuencas del Tinto y el Odiel

El investigador onubense, ante la sede de la UNIA en La Rábida.

El investigador onubense, ante la sede de la UNIA en La Rábida.

Para empezar, las dimensiones. Las balsas de fosfoyesos de Huelva, residuos tóxicos resultantes de más de 40 años de vertidos, ocupan unas 1.200 hectáreas de superficie. La ciudad, 1.100. Hace ocho años que Fertiberia tiene sobre sus espaldas una sentencia que la obliga a restaurar la zona que ocupan esos residuos, pero al final es un comité de expertos locales los que han asumido esa labor, mientras la empresa se niega a retirarlos y aboga por soterrarlos.

Uno de esos expertos es Rafael Pérez, investigador principal del proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía de la  Convocatoria 2012 (P12-RNM-2260): “Fosfoyesos: de su evaluación ambiental como residuo a su revalorización como recurso (proyecto FOREVER)”.

Pertenece a ese comité para el diagnóstico ambiental y la propuesta de medidas de restauración de la balsa de fosfoyesos de Huelva, designado por el rector de la Universidad de Huelva y aprobado por el Ayuntamiento de Huelva. A ese grupo, por cierto, no pertenece la propia empresa responsable de los vertidos.

Rafael Pérez ha dirigido un curso en la Universidad Internacional de Andalucía (sede de La Rábida), en el que ha puesto sobre la mesa su experiencia sobre este asunto, recordando que, por encima del soterramiento, “la empresa tiene la obligación de la restauración de las marismas afectadas por las balsas. La restauración, hay una a largo plazo, pero deberíamos hacer una serie de acciones a corto plazo, porque las balsas tienen problemas relacionados con la estabilidad y el potencial que tiene para contaminar el estuario”.

Con todo, aboga por “evaluar la situación actual de las balsas, ver algunas actuaciones preliminares, y ver si el modelo de actuación previsto es positivo a largo plazo”, recordando que, si la imagen por satélite es impresionante, más lo es el hecho de que, “lo que se ve es la zona sin restaurar, aunque hay dos zonas, la 1 y la 4, que se restauraron, y esas acciones preliminares de restauración no funcionaron, porque siguen produciendo contaminación al estuario”.

“Ya hay conclusiones del comité”

Por encima de las críticas, que no son pocas, al comité de expertos creado para la restauración de las balsas, Rafael Pérez considera que ya hay conclusiones llamativas sobre su trabajo: “Antes de que se creara se pensaba que la balsa producía contaminación. Hay que tener en cuenta que es una pila de yeso y encima tiene agua industrial altamente contaminante. Se pensaba que la contaminación procedía de ese agua de proceso, pero hemos visto, por un estudio geoquímico, que no procede de eso, sino de intrusión del agua del estuario, que entra con la marea alta, lava la contaminación y retorna al estuario contaminada”.

Con todo ello, considera que “hay que evitar la contaminación y garantizar la estabilidad de la balsa, garantizar primero la estabilidad física, porque en la zona 2 tiene  casi 35 metros de altura, y eso produce sobrepresión en la marisma. A corto plazo hay que garantizar estabilidad y que dejen de producir lixiviados. Hay que ver cuál es la contribución de la balsa al total de la contaminación, ya que sabemos que aporta arsénico y cadmio, en torno al 15-20 % del que llega al estuario, y el resto procede de actividad minera abandonada de las cuencas mineras del Tinto y el Odiel, pero son cifras muy llamativas, porque la balsa tiene 12 kilómetros cuadrados, pero las cuencas de drenaje del Tinto y el Odiel, unos 4.000”.

Quizá por ello, ante unos números tan importantes, cuando es preguntad sobre si la actual generación verá la marisma de Huelva limpia de esa basura química, sólo dice “bueno, a ver qué pasa”.

Cuatro bloques de trabajo

El curso que ha dirigido en la UNIA ha estado dividido en cuatro bloques: medioambientales, los riegos de los fosfoyesos en la salud; la revalorización del fosfoyesos. Otro de los aspectos a destacar son los jurídicos-administrativos y el último día se habló de “aspectos socioculturales y cómo los medios de comunicación influyen en la información que le llega a la sociedad”.

El profesorado ha estado formado, junto al director, por José Borrego Flores, Francisco Macías Suárez, María Carmen Núñez Lozano, Juan Alguacil Ojeda, Juan Pedro Bolívar, Carlos Ruiz Cánovas todos profesores de la Universidad de Huelva y Luis Esquivas Frediani de la Universidad de Sevilla; el director gerente de AIQB, Rafael Romero y el periodista, Rafael Moreno Domínguez.

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