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La estrategia de equiparar Podemos a Vox

El poder económico busca impedir el gobierno de PSOE-UP diciendo que Podemos es tan extremo como Vox cuando este es fascismo antidemocrático y el primero defiende los Derechos Humanos

El pulso por un gobierno progresista en España es el pulso global entre reformar el capitalismo o seguir su deriva ultra donde el clima colapsa, pocos viven del trabajo y, frustrados, votan al fascismo anti democracia

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el preacuerdo para un Gobierno de coalición el pasado 12 de noviembre. Para ART María Iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el preacuerdo para un Gobierno de coalición el pasado 12 de noviembre. Jesús Hellín/Europa Press / Madrid

Una mentira recorre España: que hay dos extremos equivalentes, a derecha e izquierda: Vox y Unidas Podemos (UP). Una falacia sembrada en tertulias y artículos, que se disemina por redes sociales y cala hasta en gente sensata. Ahora que los poderes económicos, la derecha y cierta Iglesia comparten el objetivo de frustrar el gobierno de PSOE-UP, azuzan el miedo: “¡Qué vienen los comunistas!”. Precisemos:

Vox es un partido fascista dentro del resurgir del fascismo global (Trump en EEUU, Orban en Hungría, Le Pen en Francia, Salvini en Italia, Bolsonaro en Brasil, Alternativa por Alemania (AfD), Farage y sus pro Brexit en Reino Unido…) que busca trepar al poder apelando a las vísceras de modo simplista/populista:

  • Con un odio anti-inmigrantes –versión s.XXI del antisemitismo s.XX-, que lleva hasta a rechazar la Convención de Derechos del Niño.
  • Con un nacionalismo patrio que culpa de la explotación laboral a la globalización y la Unión Europea en vez de al ultracapitalismo.
  • Con un supremacismo machista que les lleva a negar la violencia de género y a alentar también el odio al colectivo homosexual (LGTBI)

A medida que ganan escaños, los Abascal, Ortega Smith, Espinosa de los Monteros y Monasterio se envalentonan, como sus correligionarios, en la cima o base, en todas partes: Monasterio difama a niños migrantes como violadores, Ortega Smith humilla a víctimas del machismo como Nadia Otmani, un afín a Vox grita al ex director de ABC, José Antonio Zarzalejos, “rojo, cabrón, traidor”, y la diputada de AfD, Beatrix von Storch  (nieta del ministro nazi von Krosigk) hace, en el Bundestag de Berlín, el gesto de degollar al socialdemócrata Johannes Kahrs. La presidenta Angela Merkel lo toma en serio con este discurso firme. Sabe que al político de su partido (CDU), Walter Lübcke, lo asesinó en junio la órbita del AfD porque era solidario con los refugiados.

En cuanto a Unidas Podemos, confluencia de Izquierda Unida que integra al Partido Comunista y de Podemos, herramienta del 15-M (2011) anti recortes de Bruselas+Zapatero (PSOE) y anti-corrupción del sistema bipartidista (con implicación de la Corona, protagonismo del PP, el PSOE-A y sus ERE, y CiU de Pujol), es un partido tan demócrata como el que más. Destacado, de hecho, en su defensa de la Constitución más allá del artículo 155. Que, en el tema catalán, acepta ser quien tiende puentes pese al coste electoral, entre tantos que los dinamitan justo para ganar votos. El partido de ámbito español que con más convicción defiende los Derechos Humanos de los migrantes. Nada que ver con Vox.

Los estigmas de "comunista" y "republicano"

Se lanza contra Unidas Podemos el doble estigma: “comunistas”, “republicanos”. Lo de “comunista” se repite para subrayar diferencias con el socialismo del s.XIX y vincular a un sovietismo que nadie reivindica. En el presente, “defender el bien común”, de la gente, mayoritario, que pueda educarse, vivir de su trabajo y sanar sus enfermedades gracias a impuestos justos ¿qué tiene de perverso?

Ya lo de usar “republicano” como insulto es la evidencia extrema de lo poco y mal que se ha estudiado la historia de España estos 40 años democráticos. Los demócratas españoles, de cualquier ideología, no tenemos más que agradecer y pedir disculpas a los republicanos -también diversos en sus ideas, incluso de derecha-, que sufrieron el golpe franquista, la guerra, los 40 años de dictadura y la falta de verdad justicia y reparación en democracia.

Bastante poco se ha reivindicado la legítima restauración republicana (¿No son república EEUU, Francia, Alemania, Italia, las naciones latinoamericanas?) como para se diga que Unidas Podemos no es constitucionalista porque el anhelo republicano es equiparable al cacareado proyecto de Vox de destruir las autonomías, médula de nuestra coexistencia constitucional en paz.

Pulso por el dinero y la democracia

Para salvar la democracia del fascismo hay que plantarse ante la manipulación. Ortega Smith acusa al feminismo de “negacionista”, porque, dice, “niega que hay hombres asesinados por mujeres”, cuando el negacionista es Vox que niega los crímenes machistas, el cambio climático y negará que la tierra es redonda, como los fascistas brasileños ya afirman que es plana.

En la campaña contra la investidura del gobierno PSOE-UP coinciden:

  • La jerarquía católica del cardenal Cañizares con su carta “¡Alerta, España en peligro!”,
  • El Círculo de Empresarios que promueve 3ª elecciones (y 4ª, 5ª, hasta que salga lo que quieren),
  • Las viejas glorias socialistas, tipo Leguina y Borbolla, ex presidentes de Madrid y Andalucía, con este manifiesto que alarma sobre el “momento grave” y reparte por igual “la tensión”, “polarización” y “extremismos”, sin citarlos, a Vox y Podemos.
  • Y, claro, Aznar, líder del PP corrupto que integraba a Vox, quien clama: "Si construimos un Gobierno basado en una coalición radical de izquierdas, por primera vez después de la Guerra Civil, con comunistas chavistas, bajo el consentimiento del secesionismo estamos en máximo riesgo".

Lo que temen de un gobierno progresista son cambios en legislación laboral y fiscal que protejan a los trabajadores de contratos abusivos, de despidos cuando estén enfermos, de la competencia brutal de empresas falsamente colaborativas que atacan del taxi a la agricultura, que hagan pagar impuestos a millonarios y corporaciones y consigan, así, redistribuir algo la riqueza, después de que los ciudadanos salváramos a los bancos con dinero que no devolverán.

El pulso aquí es el internacional: reformar o mantener un neoliberalismo salvaje que nos trae al borde del abismo. Ante la destrucción medioambiental, la imposibilidad de vivir del trabajo que sufre cada vez más gente y, en consecuencia, primero, el aumento de la frustración y, acto seguido, el del fascismo.

Entre el fragor de insultos y acusaciones en falso, conviene que los demócratas, de toda ideología, asumamos cuánto nos estamos jugando. 

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