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La verdad de los “hombres de verdad”: Trump, Maduro y el resto

Donald Trump, presidente de EEUU.
6 de enero de 2026 21:05 h

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Quizás la pregunta pueda parecer compleja, pero la respuesta es simple: ¿por qué Donald Trump invade Venezuela y secuestra a Nicolás Maduro? Porque puede.

¿Y por qué puede? Porque tiene la capacidad material para hacerlo, y porque sabe que no va a tener una reacción en contra por parte de la mayoría de los líderes internacionales.

Esa es la diferencia fundamental entre Trump y Maduro, que uno puede hacerlo y el otro no, porque si Nicolás Maduro hubiera podido invadir EEUU y secuestrar a Trump, lo más probable es que lo hubiera hecho bajo cualquier argumento que hubiera considerado oportuno desde su posición.

Y lo habría hecho como Putin se quedó con Crimea y después invadió el resto de Ucrania, como Netanyahu arrasa Gaza y controla Cisjordania, o ataca a cualquier país del entorno, o como, probablemente, Xi Jinping haga con Taiwán, no sé si antes de que Trump se quede con Groenlandia o después. Porque no es una ideología política la que define estas acciones, sino una manera de entender su poder y de entenderse a sí mismos en la forma de ejercerlo.

No es el poder de la posición, este permite contar con los medios materiales para llevar a cabo las acciones, es ese poder material unido a su manera de entender la realidad con ellos en el centro de la misma. Todos los hombres líderes que llegan a ese nivel se mueven dentro del mismo marco y defienden objetivos similares adaptados a cada una de las posiciones particulares, pero la diferencia para salirse de él y abrir un nuevo escenario, como hemos visto en cada uno de los ejemplos citados, está en ellos.

Podemos hablar de narcisismo, de psicopatía, de egolatría, de falta de empatía… y no nos equivocamos, pero la esencia de su conducta radica en un modelo de poder androcéntrico en el que el reconocimiento se basa tanto en el resultado como en la forma de obtenerlo. Y en esa forma de alcanzarlo, la destrucción o sometimiento del adversario es el elemento que más suma para el reconocimiento y el control, por eso Trump elige a Delcy Rodríguez y no a María Corina Machado.

Al final lo que se defiende en un modelo androcéntrico es a todo aquel presentado como “uno de los nuestros”. Es lo mismo que vemos cuando muchos hombres, unos de forma activa, otros pasiva, no se involucran en la lucha contra la violencia de género

Es el esquema básico del modelo, y lo mismo que ser hombre es ser considerado como hombre por el resto de los hombres, ser líder es ser considerado como líder por el resto de los líderes, sobre todo si se quiere ser el “líder supremo”. Sin esa conciencia clara de que van a recibir ese apoyo no se atreverían a actuar de una forma tan descarada y tratarían de justificar de manera diferente sus decisiones, como hizo George W. Bush al inventar las “armas de destrucción masiva” para invadir Iraq. Por eso Trump actúa de una forma tan exhibicionista, porque da prioridad a las formas y porque es consciente de que haga lo que haga va a encontrar un apoyo mayoritario en los líderes de su entorno ideológico, y el respeto del resto, aunque al mismo tiempo expongan algún tipo de matiz sobre el Derecho Internacional y el marco normativo. Él sabe que todo ello es parte del guion que han de seguir, y que lo importante no son las palabras, sino los hechos.

Por eso los que critican a Trump por invadir Venezuela matizarían a Maduro si hubiera invadido EEUU, como Viktor Orbán matiza la conducta de Putin, Trump la de Netanyahu y Macron (y tantos otros) la de Trump.

Al final lo que se defiende en un modelo androcéntrico es a todo aquel presentado como “uno de los nuestros”. Es lo mismo que vemos cuando muchos hombres, unos de forma activa y otros pasiva, no se involucran en la lucha contra la violencia de género y matizan las conductas de los agresores con los mitos creados sobre el alcohol, las drogas o los trastornos mentales. En cambio, sí se posicionan de manera clara para decir que las políticas de igualdad discriminan a los hombres, como dice el 44,1% de los hombres según el CIS (noviembre 2023), o que los hombres han perdido la presunción de inocencia, como manifiesta el 44,9% de los chicos de 15 a 24 años (Centro Reina Sofía, 2023). Y esa justificación del agresor se acompaña de una minimización de los hechos y una responsabilización de la víctima, sea en violencia de género o en la invasión de un país y posterior secuestro de su presidente. Porque lo que se hace con esa actitud es defender el modelo que se comparte, bien para proteger al machismo de los ataques del feminismo o bien al capitalismo del “comunismo bolivariano”. Se defiende el modelo común, aunque luego las estrategias varíen según los objetivos materiales y prioridades de cada caso.

La solución, especialmente en la prevención de este tipo de acciones, no se puede limitar al Derecho Internacional una vez que se hayan producido los hechos, sino que debe centrarse en un cambio cultural que apoye otro tipo de liderazgos

El problema que tienen los que justifican este tipo de violencia es que no son conscientes de que al formar parte de un modelo y de una forma de entender las relaciones de poder, cuando necesiten extender su estrategia y ampliar los objetivos utilizarán su violencia sin ningún problema, incluso contra los que ahora la justifican, como de hecho ya hace Trump con los aranceles. Pero entonces no tendrán legitimidad para cuestionar esas conductas, ni resultarán creíbles ante la sociedad. Es lo que ahora pasa con el PP cuando aceptan la iniciativa de Trump y su ataque al Derecho Internacional renunciando a los instrumentos democráticos que nos hemos dado para resolver estas situaciones, todo porque comparten el rechazo a Nicolás Maduro y a su régimen. Pero qué dirán cuando Trump invada Groenlandia, un territorio de la Unión Europea, ¿también lo justificarán?

No hay verdad en este modelo masculino ni en los hombres que lo justifican, tan solo interés y defensa del marco común que beneficia todos los hombres al perpetuar el modelo androcéntrico y sus privilegios, aunque en cada una de las acciones siempre haya quien se beneficie de manera directa.

La solución, especialmente en la prevención de este tipo de acciones, no se puede limitar al Derecho Internacional una vez que se hayan producido los hechos, sino que debe centrarse en un cambio cultural que apoye otro tipo de liderazgos.

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