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El mejor homenaje a Blas Infante es sacar a su asesino de la Basílica de la Macarena

El nieto de Blas Infante deposita un ramo de flores a los pies de su monumento.

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Un año más, conmemoramos la efeméride del asesinato del hombre que soñó para Andalucía un ideal de soberanía y libertad con el que nuestra tierra dejara de ser sierva de los grandes propietarios y colonia de un Estado que aisló a Andalucía de la revolución industrial y que la vació de jóvenes para llenar de mano de obra barata las fábricas del norte.

Todas las causas y dolores de Andalucía que Blas Infante señaló en “El Ideal Andaluz” siguen estando vigentes 86 años después de que el Padre de la Patria Andaluza fuera mandado asesinar por Queipo de Llano tras el golpe de Estado contra la democracia española en 1936.

Mientras Blas Infante aún sigue tirado en una fosa común en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, su asesino, Queipo de Llano, sigue enterrado con honores en la Basílica de la Macarena. No está enterrado en cualquier sitio, sino en un templo simbólico de la religiosidad popular andaluza, una basílica icónica de una de las imágenes con más devotos de la Semana Santa de Sevilla.

Así fue como se asesinó a Blas Infante. Detenido en su casa de Coria del Río la mañana del 2 de agosto de 1936, mientras su familia se preparaba para celebrar la onomástica de María de los Ángeles, la tercera de sus cuatro hijos

Queipo de Llano, el asesino de Blas Infante y de 50.000 andaluces y andaluzas más, se dedicó a azuzar la represión desde los micrófonos de Radio Sevilla, especialmente contra las mujeres. La toma de la capital andaluza fue un festival sanguinario de fusilamientos masivos a militantes y simpatizantes de sindicatos y partidos de izquierdas.

Así fue como se asesinó a Blas Infante. Detenido en su casa de Coria del Río la mañana del 2 de agosto de 1936, mientras su familia se preparaba para celebrar la onomástica de María de los Ángeles, la tercera de sus cuatro hijos, que entonces tenía seis años de edad. Después de ocho días de penar por prisiones provisionales de Sevilla, la madrugada del 10 al 11 de agosto, Blas Infante es sacado como si fuera una res de ganado del Cine Rialto, montado en una camioneta y trasladado al kilómetro 4 de la carretera de Carmona para asesinarlo junto con cuatro hombres más: Emilio Barbero, concejal de Izquierda Republicana y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla; Fermín de Zayas, funcionario municipal y secretario de la masonería en Andalucía; Manuel Barrios, militante del PSOE y diputado electo a Cortes en las elecciones generales de 1936; José González Fernández de La Bandera, médico y alcalde de Sevilla entre 1931 y 1933.

Después de que una bala lo asesinara, fue vuelto a ser tirado a la camioneta y depositado en una fosa común en la que aún sigue. 86 años después del asesinato. 44 años después de que se aprobara la Constitución Española. 42 años después del referéndum del 28F por el que los andaluces conquistamos la autonomía que soñó Blas Infante para nuestra tierra. 37 años de gobiernos del PSOE en la Junta no hicieron posible que Queipo de Llano saliera de la Basílica de la Macarena. Ni siquiera después de que se aprobara la Ley de Memoria Democrática de Andalucía de 2017, que otorgaba soporte jurídico para poderlo hacer. Tampoco el PP de Moreno Bonilla, cuya propaganda repite una y otra vez que es andalucista, ha hecho amago en cuatro años de honrar la memoria de Blas Infante, sacando a su asesino del templo en el que rezan cientos de andaluces y andaluzas a la Esperanza de la Macarena.

No deja de ser una paradoja que tenga que ser el Estado quien vaya a sacar a Queipo de Llano de la Macarena porque en cuatro décadas de autonomía ninguno de los partidos del régimen bipartidista ha sido capaz de hacer justicia

Estos días se escucharán muchos discursos vacíos que reivindiquen a Blas Infante, y que hasta tratarán de traer al presente su pensamiento político, para arrimarlo al ascua de los intereses partidistas de un PP que confunde tener acento andaluz con ser andalucista. A pesar de toda la maquinaría propagandística y de las banderas blanquiverdes de usar y tirar que el PP usa en sus mítines, no hay andalucismo posible que no pase por sacar al asesino de Blas Infante de la Basílica de la Macarena donde está enterrado con honores, para vergüenza del pueblo andaluz y de nuestra democracia.

La Ley de Memoria Democrática que recientemente hemos aprobado en el Congreso, y de la que he tenido el orgullo de ser ponente, se va a encargar, una vez que se apruebe definitivamente en el Senado, de hacer justicia con Blas Infante y sacar de la Basílica de la Macarena a un genocida que debe ocupar los anales de la infamia y nunca honores en una de las sedes más simbólicas de la religiosidad popular andaluza.

No deja de ser una paradoja que tenga que ser el Estado quien vaya a sacar a Queipo de Llano de la Macarena porque en cuatro décadas de autonomía ninguno de los partidos del régimen bipartidista ha sido capaz de hacer justicia con el hombre que fue asesinado por dedicar su vida a trabajar por la libertad de Andalucía.

¡Viva Andalucía! 

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