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Ni participar, ni mirar: Zalamea la Real, Huelva, celebra desde hace 250 años una procesión solo para hombres

Una imagen de la procesión, con el casco urbano del pueblo al fondo.

Fermín Cabanillas

23 de marzo de 2026 22:39 h

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Este 2026 se cumplen 250 años desde que en la localidad onubense de Zalamea la Real se celebra una procesión a la que no solo pueden asistir solamente hombres en su cortejo, sino que en las calles solo la pueden ver los varones de la localidad. La Vía Sacra puede ser seguida por menores, pero nunca por chicas o mujeres de cualquier edad, y así se mantiene desde sus inicios.

En las últimas horas ha trascendido que el Gobierno de España ha iniciado los trámites para revocar la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional a la Semana Santa de la ciudad valenciana, después de que la cofradía mayoritaria haya persistido en su negativa de permitir a las mujeres ser integrantes de pleno derecho.

La Vía Sacra de Zalamea la Real es una manifestación religiosa que “organiza el pueblo”, como explica a elDiario.es Andalucía José Ortega, el encargado de leer los cánticos que se escuchan en su poco menos de una hora de recorrido, todo ello al amparo de la Hermandad de Penitencia, que tiene sus orígenes en el siglo XVI y que hace que los hombres del pueblo se citen en la Parroquia de la Asunción cada Viernes Santo a las diez de la noche para encaminarse al Sepulcro, el lugar donde está la imagen del Cristo Yacente del pueblo, cerca de la barriada de San Vicente.

La web oficial de la Hermandad de Penitencia cita que esta procesión fue constituida en 1776, aunque hay constancia que desde mediados de ese siglo existía una tradición por este culto. Por la investigación realizada por José Ruiz Montero se sabe que en 1750 hubo un fraile, Mateo de Ávila, que bendijo las estaciones de la nueva Vía Sacra, pero no sería hasta 1776 cuando se institucionaliza de forma definitiva con la construcción de la decimocuarta estación y una ermita para albergar la imagen del Cristo Yacente.

Las mujeres, a casa al paso del cortejo

El 24 de febrero de 1776 se obtuvo la “licencia religiosa” para la celebración. Curiosamente, aunque la procesión llega solo con hombres al sepulcro, fue una mujer, María Hidalgo, la que se ofreció a donar la imagen del Cristo Yacente para colocarla en la futura ermita, que fue colocado el 13 de agosto de 1777.

Para la hermandad no hay dudas de que la procesión se debe dejar tal como está. “Es una de las tradiciones que mejor se conservan en nuestro pueblo, siendo una auténtica muestra antropológica de nuestro pasado, ya que mantiene las mismas características de cuando se creó”, dice, y concreta que los hombres marchan precedidos por una cruz y dos faroles, “recordando el camino que Jesús recorrió hasta el Calvario”.

Una persona que encabeza la comitiva lee el motivo de cada estación y entona un estribillo “para que la gran masa de hombres entone monótonamente con voz grave”. Es el caso de José Ortega, que tomó el relevo en su día de Manuel García, encargado varios años de esta labor. El cortejo se completa con una corneta y una esquila, a intervalos regulares, que va por delante avisando del paso del Vía Crucis. Antaño, era el modo de avisar a las mujeres que pudieran estar en la calle de que se tenían que meter en casa al paso del cortejo.

“Es impensable que se cambie”

José asegura que no hay motivos “ni movimiento entre las mujeres del pueblo” que haga pensar que puede cambiar esta tradición. Alejado, asegura, de la polémica que se vive en Sagunt por el veto a las mujeres del pueblo en una procesión, en Zalamea la Real “es impensable que se pueda cambiar la forma en que se celebra la Vía Sacra, sobre todo porque las mujeres del pueblo son las primeras que defienden que todo siga como hasta ahora”.

Precisamente, “ese respeto de las mujeres” es clave para que sea una de las tradiciones que más tiempo lleva sobreviviendo en este pueblo de unos 3.000 habitantes, y forme parte de su patrimonio etnográfico. Desde 1776, pandemia y lluvia aparte, el recorrido no ha cambiado, y se inicia en la Iglesia, para bajar por la calle San Vicente y Cabezo Martín, y terminar ante el Yacente.

Así ha sido desde 1776, y visto todo lo que se mueve alrededor de la celebración, no parece que tenga visos de cambiar.

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