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ENTREVISTA | Santi Fernández, escritor

"Me interesaba que la corrupción tuviera carne, hueso, piel y efectos reales"

El escritor y colaborador de eldiario.es/Andalucía publica la novela 'Todo queda en casa' sobre los efectos personales de la corrupción ambientada en los años 90

"Hay escritores que han sido excesivamente complacientes con lo que ocurrió en esa época"

"La espectacularización de la corrupción acaba convirtiéndola en un ente de ficción"

Santi Fernández Patón | N.C.

Santi Fernández Patón | N.C.

Hace cinco años, Santi Fernández Patón publicó una novela impregnada en todos los poros por el espíritu de aquel tiempo. En Grietas, ganadora del Premio Lengua de Trapo, se sentía toda la fuerza de la ola post 15M. Era una novela hija de aquellos días. Cinco años después, Fernández Patón regresa a las librerías con Todo queda en casa, una novela "menos generacional" con la que vuelve poner en foco sobre los efectos íntimos de los actos políticos. Lo hace después de una larga temporada en primera línea la política institucional, como técnico del grupo municipal Málaga Ahora.

Todo queda en casa (Distrito 93) iba a hablar de la corrupción, y acabó convertida en una novela sobre cómo afecta esa mancha tan pegajosa a los seres de carne y hueso. En este caso, a los hijos de quienes participaron de la corrupción. Para evitar las tentaciones de la actualidad, Fernández Patón (columnista habitual de eldiario.es/Andalucía) ha ampliado el foco y lo ha llevado hasta los 90: la Expo, el AVE, todo aquello. Dos hermanos afrontan, cada uno a su manera, la culpa de sus padres y la suya propia. La corrupción es una herida pública, pero también íntima. Este viernes, a partir de las 20.30, el autor presenta la novela en La Fuga Librerías acompañado de Isaac Rosa.

¿Cuánto nos marcan los actos de nuestros padres?

Eso es lo que intentan desentrañar los dos hermanos. ¿Cuánto nos marcan? ¿Cuánto nos tienen que marcar? ¿Es justo que nos marquen? Por mucho que nos haya herido, afectado e influido nuestra manera de ser, ¿hasta qué punto somos capaces de desprendernos de esa herencia? Cada personaje llega a las conclusiones de una manera diferente.

Dice la contraportada que Todo queda en casa habla de culpas heredadas. ¿Las culpas se heredan?

Sí. Yo creo que las culpas se heredan. No conscientemente, pero hay un microuniverso familiar en el que uno aterriza cuando llega, absorbe mucho de lo que estaba ahí y acaba configurándole. Son culpas de otros, y ahí está cada quien para desprenderse de esas culpas. Eso me interesaba mucho literariamente porque te permite afrontar los personajes como somos. Con aristas, darles profundidad, mayor calado e indagar en las contradicciones. Porque también heredas las consecuencias de los actos de otros, que te pueden ser beneficiosos a nivel personal.

¿Heredan también los vicios?

No heredan los vicios, pero sí consecuencias de vicios ajenos. En el caso de Daniel, un descreimiento o casi cinismo, una mirada llena de suficiencia a la cosa pública y la actividad política, en la que su hermana sí se mete de lleno con ilusión. Él lo mira desde la distancia porque los vicios de su padre y su madrastra le han dejado esa herencia.

¿Qué hemos heredado de la generación anterior?

La nuestra ha sido una generación rara. Yo nací en el 75. Heredamos una confianza ciega en la democracia y nos hemos llevado una buena hostia. La generación más joven, que representa la hermana, no ha nacido en ese cuento de hadas. Ella se mete en plataformas políticas, en los inicios del municipalismo, tiene claro que la democracia tal y como se la habían vendido no funciona, y quiere construir otra cosa. A nuestra generación le ha costado más porque ha crecido en ese mito: todos íbamos a tener trabajos cualificados, con una Constitución que blinda todos derechos, en el que España era un país con encaje territorial admirable, la cultura iba a ser un eje claro, los pelotazos urbanísticos eran una cosa coyuntural… Esa fe ciega en el progreso capitalista la hemos heredado. Afortunadamente el nuevo ciclo político que se abrió en 2011 es una enmienda a todo eso. Nosotros lo heredamos, lo cuestionamos, pero los que han llevado el empuje del cuestionamiento es necesariamente la gente más joven.

¿Es un ajuste de cuentas generacional?

Sí. Inconscientemente, porque me he dado cuenta a posteriori. No se mencionan nombres de políticos o casos concretos, pero creo que al PSOE le ha salido muy barata la corrupción. De hecho, está gobernando. Y resulta inaudito que, con todos los casos de corrupción, incluido el montaje de un grupo terrorista, siga gobernando el mismo partido y que su alternativa sea igualmente corrupta. Creo que escritores de una generación mayor que la mía han sido excesivamente complacientes con lo que ocurrió en esa época. ¿Cómo es posible que muchos políticos de esa época sigan teniendo predicamento en los medios? Felipe González sigue acaparando portadas en El País, me parece increíble. Hablamos de Roldán, Filesa, los GAL, el AVE. Hablamos de millones de euros y de muertos. El último acto como presidente de Zapatero fue indultar al vicepresidente de Santander…

Ha habido un relevo generacional en la política. ¿En la novela va más lento?

Hay un debate sobre si la generación anterior ha hecho un efecto tapón. Son polémicas que me interesan poco, no estoy en el ajo editorial, ni tengo aspiraciones de escribir en esos grandes medios de comunicación. Pero creo que no es tanto una acción consciente de acaparamiento del poder de esos escritores, que algo hay, sino con la configuración estructural de los medios. Esta gente fueron parte y protagonista de la construcción de ese statu quo, y son parte consustancial de ese entramado comunicativo, editorial y empresarial. Si ese tapón se rompe es porque las nuevas generaciones están creando otros medios.

Al final, se trata de quién acapara el discurso mainstream.

¿Qué tipo de intelectuales o escritores acaban teniendo relevancia en esos medios? Los que se han venido a llamar irónica y acertadamente los de extremo centro. Los escritores más jóvenes de extremo centro son los que tienen cabida en los grandes medios. Participan de ello, pero dándole un barniz más joven.

Grietas estaba permeado por el espíritu de aquellos días, todavía bajo la onda expansiva del 15M. ¿Qué estado de ánimo pasa por esta novela?

Una es el inicio del municipalismo y la entrada de plataformas ciudadanas, que es un telón de fondo, y que enfrenta al protagonista a una contradicción: la política no sirve para nada, pero aquí hay gente que está intentando cambiar las cosas. La otra es la corrupción, que sigue estando a la orden del día. En España la corrupción política forma parte consustancial de la actividad institucional, en los noventa y ahora.

¿Con qué ánimo has escrito tú esta novela?

Empecé con un ánimo y la acabé con otro. O cambió la manera de abordarlo. Mi ánimo era "dejemos de tratar la corrupción como un espectáculo". Igual que en Grietas, había un problema estructural y político que se estaba espectacularizando y me interesaban los efectos personales. Hay películas que serán muy valiosas, pero las que he visto sobre la corrupción española me parecen hollywoodienses, con sus escenas muy resultonas. La espectacularización de la corrupción acaba convirtiéndola en un ente de ficción. Me interesaba que la corrupción tuviera carne, hueso, piel y efectos reales. Eso no lo veo en el tratamiento del cine, las novelas y las noticias y me irrita. ¿Dónde quedan las víctimas de la corrupción? Que Rodrigo Rato entre en la cárcel y tengamos la foto entrando en el coche me parece muy bien, pero quiero saber en qué afecto la estafa de Bankia a mi vecina, y eso no forma parte del espectáculo.  

¿Ha cambiado tu visión haber pasado por la política institucional?

Sí, ha cambiado. En dos semanas publico en Traficantes de Sueños un breve ensayo, que se llama Municipalismo y asalto institucional, una visión descreída, en el que cuento qué ha supuesto para gente ajena o que repudiábamos la política institucional haber estado cuatro años en primera línea.

Además de para un ensayo, ¿la política municipal da para novela?

Sí, sí. Lo que pasa es que me cuesta escribir sobre experiencias en primera persona. Pero desde luego que da. La experiencia en el ayuntamiento ha sido una confirmación sobre lo que pensábamos sobre los políticos profesionales. Excepto honrosas excepciones de las que en Málaga ahora mismo no se me ocurre ninguna, lo que hay ahí es pura mediocridad.

¿Algún descubrimiento del paso por la política, aparte de confirmar ideas previas?

Que es mucho más fácil de lo que nos quieren hacer creer cambiar las cosas. Cuando se alegan problemas técnicos, que hay que hacer una comisión… Es falso. En tres meses lo tienes resuelto. Muchas veces no se cambian las cosas por falta de voluntad política y se quiere disfrazar de problemas técnicos, enrevesadas leyes, problemas burocráticos. No es tan fácil como nos gustaría, pero con una acción de gobierno se pueden cambiar muchas más cosas de las que se cambian.

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