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La ocupación del Rey Heredia cumple su primer año sin su futuro claro todavía

Manifestación del primer aniversario del centro social Rey Heredia.

Carmen Reina

La noche del 4 de octubre de 2013, hace ahora un año y tras una manifestación que recorrió las calles de Córdoba contra los recortes del Gobierno, comenzó la ocupación del colegio abandonado Rey Heredia. Lo hizo la Acampada Dignidad, un conjunto de activistas que quiso “liberar” ese edificio de titularidad municipal que llevaba cerrado varios años y había sido reclamado en distintas ocasiones por los vecinos de la zona como un espacio para el barrio. Este viernes, un año después, una manifestación similar que calca el recorrido de entonces, ha servido para celebrar que el Rey Heredia se ha convertido en un centro social para el barrio, vecinos y colectivos de la ciudad. Y también para reivindicar que el Ayuntamiento –después de 365 días con denuncias en los tribunales, peticiones de desalojo y cortes de suministros- dé el paso definitivo y, como se comprometió hace ya varios meses, ceda el uso del edificio a los vecinos para que continúen allí las actividades puestas en marcha por la Acampada Dignidad.

En la manifestación de este viernes de octubre, como en la de hace un año, hay rostros que han participado durante todo este tiempo en la reconversión del colegio Rey Heredia en un centro autogestionado, con actividades consolidadas por donde pasan cientos de vecinos a la semana y donde colectivos de toda la ciudad celebran allí sus reuniones. Ellos, usuarios y activistas, activistas y usuarios, son los rostros de la dignidad que llegó al Rey Heredia para quedarse.

“Ha sido un año muy intenso”, relatan a la par Rafael y Pablo, dos de esos rostros conocidos por todos en el Rey Heredia y que representan el sentir de quienes han levantado el centro social. “Desde el primer momento sentimos el respaldo de la gente. La respuesta que nos encontramos fue masiva en aquéllos primeros días. Venían con propuestas, iniciativas…y esa movilización no ha parado en todo este año”.

La idea desde el inicio fue crear un centro autogestionado, donde dar respuesta a necesidades básicas de personas sin recursos –como el comedor social que atienden a cien personas al día o las clases de apoyo para unos sesenta menores cada tarde- pero también “crear conciencia de que el que quiere algo lo tiene que pelear en esta situación social que vivimos para poder revertir precisamente esa situación”. Y ahí, radica el modus operandi del Rey Heredia día a día: quien algo recibe, algo da. “Eso se ha conseguido. Todo el mundo está implicado. Estamos en la mente del barrio”.

Esa implicación tiene tantas muestras como usuarios y vecinos el colegio. “Hay gente muy necesitada que ha puesto por delante aportar algo al proyecto. Porque comida te pueden dar otros comedores sociales, pero aquí la gente se siente útil, toma la iniciativa de su propia vida. La gente valora la capacidad de sentirse parte de un colectivo que ha conseguido todo esto”, reflexiona Pablo.

“Hay personas que te reconocen que antes del Rey Heredia no tenían vida, que estaban en un agujero, sin empleo ni relaciones sociales. Y ahora en cada actividad que se hace, participan y disfrutan”, cuenta Rafael. “Hay personas que estaban sumidas en una depresión y ya no la tienen. Gente que ha encontrado trabajo porque aquí vienen a preguntarnos si conocemos alguien que haga tal o cual trabajo. Personas que han aprendido a relacionarse y trabajar en colectivo y todo lo que conlleva esa formación”, añade sobre esos otros logros del Rey Heredia que no se muestran a simple vista.

Dificultades y apoyo vecinal

Las dificultades también han estado ahí, aunque la solidaridad y la implicación de vecinos y colectivos con el centro social no les ha dejado solos nunca. “El único momento donde vimos peligrar el proyecto fue con la orden de desalojo pedida por el Ayuntamiento y eso, evidentemente era un problema. Pero como demostramos a la Audiencia Provincial que eso no tenía ningún sentido, se paralizó el desalojo y eso nos situó en una mejor posición para conseguir los objetivos del Rey Heredia”, analiza Pablo. Objetivo que no es otro que mantener abierto el centro, ya con la autogestión de los vecinos, que esperan resolver pronto la cesión prometida por el Ayuntamiento.

Para ello, la Acampada Dignidad y los vecinos del Consejo de Distrito Sur –órgano de representación municipal con el que dialoga el Ayuntamiento- han hecho piña desde el primer momento. Son los mismos vecinos los unos y los otros, los mismos usuarios y activistas. Y lo que desde hace años reclamaban los vecinos para utilizar el colegio cerrado, en este año lo han conseguido a través de la Acampada Dignidad.

Por eso, la solidaridad ha sido la tónica general que se ha cultivado en el barrio con el Rey Heredia. “Cada día hay gente que viene y te deja bolsas con comida. O aportan dinero, aunque apenas tengan recursos, para el comedor. O viene una señora que le ha tocado un premio de 50 euros en los cupones y los da porque dice que a ella no le solucionan nada y a nosotros nos da para mucho”.

Son gestos de colaboración, solidaridad, de ayuda mutua y de la “dignidad” con que desde el primer momento se bautizó este centro. Pero eso se ha traducido también en cifras a lo largo de todo este año: el centenar de personas que comen a diario gracias al Rey Heredia; los sesenta niños que reciben clases de apoyo durante el curso y una escuela de verano en julio y agosto; los cien colectivos que llenan cada semana de actividades el colegio –“cuadrar la agenda con todas las actividades llega a ser complicado”; los 30 profesores que cada tarde imparten las clases a menores y adultos; los psicólogos, psicopedagogos y trabajadores sociales que aportan su formación en la atención a las familias; o los cerca de 25.000 euros obtenidos solidariamente en este año y que han sido reinvertidos en acondicionar el colegio, comprar mobiliario, material y atender las necesidades de suministros y comida a diario en el centro.

Ahora, como hace un año, el punto final de la manifestación es el colegio Rey Heredia. En aquel entonces, tras una primera asamblea nocturna donde se tomó la decisión de quedarse en el centro, al alba empezaron las primeras tareas de limpieza y acondicionamiento del colegio. Hoy, la noche de ese primer aniversario se llena de actividades para celebrar que, 365 días después, el Rey Heredia se encontró con la dignidad.

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