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El Supremo confirma tres años de cárcel al líder de la trama que amañó exámenes de conducir en Granada

Imagen de archivo del juicio por la trama de carnets falsos

Alberto Pozas


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Hubo un tiempo en que hacer el examen teórico de conducir en la localidad granadina de Huétor-Vega era sinónimo de aprobar. Algunos alumnos escribían sus respuestas con un bolígrafo borrable y, cuando llegaba el momento de la verdad, sus fallos habían sido corregidos. La Justicia ha sentenciado en firme que algunos habían pagado a un vigilante de seguridad que cambiaba personalmente sus respuestas. En otros casos, los investigadores no han descubierto quién perpetró las falsificaciones. 

Cae un banda dedicada a copiar en los exámenes del permiso de conducir

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Casi 100 personas se sentaron en el banquillo de la Audiencia de Granada, y el caso acaba de ser sentenciado en firme por el Tribunal Supremo. Los jueces han confirmado la condena de tres años de cárcel por falsedad documental del vigilante de seguridad que, en ocasiones, cobró dinero a cambio de modificar las respuestas erróneas de sus clientes aprovechando un despiste de los examinadores. También han confirmado las penas de entre seis y diez meses de prisión de una decena de personas que, según la sentencia, se beneficiaron de la trama para conseguir a la primera la mitad del carnet sin merecerlo. 

Fueron los únicos que recurrieron después de que la Audiencia Provincial de Granada celebrase un macrojuicio en el que medio centenar de beneficiados reconocieron los hechos y aceptaron condenas de seis meses de prisión y multas de 540 euros. Otras 38 personas fueron absueltas. Entre los que reconocieron haber pasado el examen teórico y aceptaron sus condenas hay dos futbolistas que entonces militaban en el Granada FC, Diego Buonanotte y Odion Ighalo, quienes no recurrieron al Tribunal Supremo. 

El modus operandi que los jueces declaran probado era siempre el mismo. Los condenados acudían a su examen teórico de conducir al paraje de Los Rebites, en la localidad de Huétor-Vega, a poco más de diez kilómetros del centro de Granada, donde la Jefatura Provincial de Tráfico hace las pruebas. Todos seguían la misma mecánica: hacer su examen con un bolígrafo cuya tinta se podía borrar. Cuando el papel llegaba a manos de los examinadores las respuestas erróneas habían sido corregidas y así todos tenían luz verde para empezar a dar clases a bordo del coche. 

En los casi cien casos juzgados, los investigadores concluyeron que una segunda persona había corregido sus exámenes de forma irregular. En algunos de ellos los jueces consideran demostrado que su aliado había sido el vigilante: aprovechaba el descanso para desayunar de los examinadores para entrar en la sala y corregir los fallos de las personas que, en ocasiones, le pagaron. En otros casos no se ha podido demostrar que interviniera o cobrara. 

El Tribunal Supremo, con el magistrado Vicente Magro como ponente, acaba de rechazar los últimos recursos y confirmar sus condenas. Los jueces explican que su conducta “comporta un importante desprecio de normas de convivencia social amplia y comúnmente aceptadas”, y que amañando los exámenes “se genera con su conducta un considerable riesgo para el conjunto de la comunidad”. Sacar el teórico y empezar a conducir sin los conocimientos exigidos “abre un estado de riesgo evidente de que quien utiliza la falsedad para obtener la titulación pone en riesgo abstracto la vida de otras personas al poder obtener una habilitación sin haber acreditado los conocimientos suficientes”.

El resultado, dice la sentencia del Supremo, es un riesgo para quien se cruce en su camino. Afirma la resolución, a la que ha tenido acceso elDiario.es: “Está permitiendo que puedan conducir personas en circunstancias de evidente riesgo de causar un accidente, porque no se han preparado para la obtención del título habilitante, y, pese a ello, con este modus operandi lo iban a conseguir”.

“Se acabó el merdeo de recomendaos

La sentencia refleja las pruebas que apuntalan las condenas de los acusados, en especial del vigilante de seguridad, y una de las muchas que examinaron los investigadores es la conversación que mantuvo con un guardia civil. El agente le explicó que los exámenes se empezaban a corregir de manera informática y no a mano, lo que limitaba la capacidad de modificarlos. Le dijo a ese agente: “Ya ves tú, se acabó el merdeo este de aquí....de recomendaos, ni de llamar, ni pollas en vinagre”.

En el caso del vigilante, considerado como máximo responsable enjuiciado de esta actividad, el Supremo explica que no es condenado por haber cobrado en todos los casos - cosa que no se ha conseguido probar - y que no queda exonerado porque no se le haya podido relacionar con todas las falsificaciones. 

Los peritos de la Guardia Civil confirmaron que muchos exámenes habían sido modificados. Reprocha la sentencia que “a través de este proceder, prácticamente la totalidad de los acusados aprobaron el examen teórico del carnet de conducir”.

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