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ARAGÓN

La carta nigeriana del presidente

"Los estafadores nadan grácilmente en esta ciénaga de corrupción, pero Vd., Sr. Presidente, no puede ser el rey de los golfos. Basta de pedir sacrificios presentes prometiendo un futuro mejor"

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Sr. Presidente.

Sus políticas han producido muchas quiebras familiares y la desesperación que ello conlleva. El neoliberalismo que usted defiende, ese que afirma que cada uno llega al puesto en la sociedad que quiere, con esfuerzo y tesón, se contradice con su actitud personal de medrar a base de amiguismo y curriculums artificiosamente inflados.

Muchas familias, después de deslomarse durante años para llegar al puesto social que Vd. les insinuó que podían alcanzar, se encuentran en la situación contraria: desempleo, malos salarios, recortes en pensiones, sanidad o educación, desahucios, precariedad. Al contrario, Sr. Presidente, que sus amigos banqueros, constructores de autopistas y castores ruinosos, eléctricas y demás grandes fortunas.

Es cuando su desesperación (de las familias, claro) les hace más vulnerables y, a la vez, más impacientes por lograr un éxito que cada vez ven más lejos. Es cuando un gran negocio hace su agosto.

El juego de azar ha mutado en una versión totalmente anónima y discreta, el juego on line. Las familias ya se pueden arruinar desde casa, sin que nadie lo vea ni pueda evitarlo o prevenirlo. La publicidad del juego de azar no está prohibida. Todo lo contrario, es usada por el mismo Estado para mejorar sus ingresos. Poco importa la salud mental y el bolsillo de la población española. Poco importa si casi el 100 % no lograrán nunca el sueño prometido. Poco importan los nadies que poetaba Eduardo Galeano. Patriotismo inverso.

Abusando de esa desesperación familiar proliferan también, otras estafas como las cartas nigerianas. Estas cartas, actualmente recibidas en forma de correo electrónico o Facebook, nos hablan de una persona sin descendencia o un tío de América que decide dejarnos una herencia interesante, nos ofrecen un trabajo de alta remuneración en la ONU, nos comunican un premio de lotería o interceder como inversor a comisión de una suma de dinero nada despreciable que el titular no puede “mover”. A cambio, piden una pequeña cantidad de dinero para “facilitar” las primeras operaciones.

En la creencia de que es el momento de suerte que este sistema les había reservado y haciendo gala de la discreción necesaria para que nadie más se entere de esta “suerte”, muchas familias de “nadies” caen en el engaño. Están acostumbradas al engaño.

Vd. Sr. Presidente, ha coadyuvado con su neoliberalismo a arruinar la vida de mucha gente con el fin de inflar los bolsillos de aquel 0,0035 % de españoles que poseen el 80 % de la riqueza nacional. Este expolio, este neoliberalismo, es la penúltima etapa de un capitalismo depredador (cuando el 99 % de la población esté precarizada al servicio de un Señor -o Señora- para malvivir, habremos llegado a una suerte de neo-feudalismo).

Porque Sr. Presidente, una de dos. O nos está engañando al decirnos que en uno de los países más ricos del mundo no hay riqueza para que toda la población viva dignamente (por ejemplo salarios o pensiones) o, por el contrario y a pesar de ser un país rico, el sistema económico que Vd. defiende no es capaz de distribuir la riqueza de un modo ético y socialmente útil. No salimos del engaño.

Sr. Presidente, da igual quien sea Vd. (presidente del gobierno español, autonómico o de la Comisión Europea; presidente del Banco de España, del Banco Central Europeo o del banco Santander; presidente del PP, del PSOE o del PdeCat), nada cambia.

Los estafadores nadan grácilmente en esta ciénaga de corrupción, pero Vd., Sr. Presidente, no puede ser el rey de los golfos. Basta de pedir sacrificios presentes prometiendo un futuro mejor. No queremos más estafas nigerianas, sino que gestionen los recursos patrios de modo proporcional, justo y equitativo, es decir, con la función de proveer felicidad a la población en general, no sólo a las élites. Deje de pensar en los nadies como recursos humanos, como brazos o como números, sino como seres humanos.

Observe cómo los ayuntamientos del cambio están gestionando con honestidad y transparencia y reduciendo su deuda al tiempo que mejoran el bienestar de sus respectivas ciudadanías. No es mucho, tampoco es poco. Es su obligación, Sr. Presidente, evitar que se cumplan las palabras de Galeano: “s ueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve...”. ¿Empezamos?

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