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Matar animales sanos (porque no saben qué hacer con ellos) es legal en los zoos

Tenemos serias dudas sobre la seguridad de los animales en los zoos: son criados, son intercambiados, se les mata cuando no hay espacio, y los zoos no dan ningún tipo de explicación al respecto

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Un nilgo en el zoo Río Safari Elche

Un nilgo en el zoo Río Safari Elche

Los nilgos del zoo de Barcelona

A finales de 2015 la Asociación Animalista LiBERA! denunció al Zoo de Barcelona por haber matado a dos crías de nilgo recién nacidas. Este mamífero, de la familia de los bóvidos,  es el antílope de mayor tamaño en Asia y no se encuentra en peligro de extinción en la naturaleza, teniendo un estatus de preocupación menor según la  IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).

Para dar muerte a las crías recién nacidas, el zoo alegó en uno de los casos “razones de salud” provocados por una mala gestación, que la asociación no pudo comprobar. En el otro caso, un macho, el zoo reconoció públicamente “razones de gestión” en la toma de esta decisión: la falta de espacio para alojar al recién nacido o no existir otro lugar donde reubicarlo. La solución inmediata fue la aplicación de la inyección letal.

Esta noticia creó una gran conmoción en la ciudadanía barcelonesa y muchos medios se hicieron eco de esta matanza encubierta de animales sanos:

La denuncia de la ONG animalista destapó una realidad desconocida: la muerte de animales sanos por cuestiones de gestión es legal y se encuentra recogida en la guía de buenas prácticas de las asociaciones europea e internacional de zoos y acuarios (EAZA y WAZA) de las que el Zoo de Barcelona forma parte. Una práctica conocida como 'culling' la matanza sistemática de animales sanos por no saber qué hacer con ellos.

A pesar de ser una especie que no se encuentra en peligro de extinción y de no tener el espacio suficiente para albergarlos, el zoo de Barcelona permitió que los nilgos volvieran a reproducirse una vez más en abril de 2016. Los zoos afirman (sin dar pruebas objetivas de ello) de la importancia de su labor de investigación para la conservación de las especies, pero en este caso vemos que no saben llevar a cabo un programa de anticoncepción. Esto nos lleva a preguntarnos si es realmente útil la investigación que se realiza en los zoos para evitar la desaparición de los animales en la naturaleza.

A pesar del impacto que tuvo en la ciudadanía, esta cría sufrió el mismo destino que sus compañeras: la muerte. En este caso, no obstante, el zoo no reconoció haber aplicado el culling.

Tras el impacto que produjo la noticia sobre la muerte legal de animales sanos, y el escándalo que supuso para la ciudad, el Zoo de Barcelona decidió deshacerse del grupo familiar de nilgos para evitar seguir dañando su imagen ante posibles nuevos nacimientos. Este traslado, realizado con total falta de transparencia y sin ningún tipo de comunicado público, se llevó a cabo un año después y los animales fueron enviados al zoo Río Safari Elche.

Este traslado pone de manifiesto diversas realidades: sí existía una alternativa para estos individuos; la ligereza con la que se tomó la decisión de matar a los recién nacidos; y que el zoo no explica ni justifica nada que no denunciemos previamente.

Junto con el equipo de ZOOXXI hicimos una visita al zoo receptor de estos antílopes asiáticos.

Visita al zoo Río Safari Elche

Al llegar pensamos que nos habíamos equivocado de dirección, pues lo primero que vimos fue un karting y un aquapark, pero pronto nos dimos cuenta de que íbamos por el buen camino: a pocos metros se encontraba la entrada al zoo. Nos escandalizó esta primera imagen, más parecida a un parque de atracciones que a un centro dedicado a la conservación de la biodiversidad y los animales. No obstante, no faltaba mucho para que descubriéramos que aquello era un mínimo detalle de todo lo que veríamos en nuestra visita.

De camino hacia las taquillas vimos la primera jaula, una pequeña instalación para diversas aves de distintas procedencias que compartían un reducido espacio. “¿Los flamencos no son aves acuáticas?”, preguntó una de las compañeras. Solo había un minúsculo charco. Seguimos avanzando para comprar nuestras entradas. El personal y el centro estaba ambientado de Halloween, ¿estábamos en Port Aventura? Realmente parecía un parque temático. Nada más entrar, una animadora zombi nos repartió un mapa del parque junto con el horario de las exhibiciones, la ruta guiada en tren y la hora de los snacks, y nos preguntó si queríamos comprar cacahuetes para dar de comer a los animales. “¿Podemos dar de comer a los animales?”, repetí incrédula, a lo que añadió: “A todos menos a los orangutanes, ellos siguen una dieta estricta”. Vaya, al parecer el resto no, pensé.

Como en el Zoo de Barcelona, los primeros animales en ser exhibidos eran pequeños primates en sus minúsculas vitrinas. Justo, mientras nos encontrábamos observándoles, un cuidador pasó caminando por encima de las jaulas, una a una, tirando trozos de frutas a través de las verjas. En ese momento recordé las recomendaciones de David Hancocks, director de parques zoológicos durante más de 30 años y experto en el diseño arquitectónico de las instalaciones, que afirmaba que a los animales en los zoológicos les hacía sentir enormemente vulnerables el ser observados desde arriba. Hanckocks es un firme defensor de la revolución de los zoológicos y afirma, como dijo al equipo de ZOOXXI, que “si los zoos siguen como hasta ahora, estoy seguro de que se extinguirán”.

Visita de David Hancocks al Zoo de Barcelona acompañado por el equipo de ZOOXXI

Visita de David Hancocks al Zoo de Barcelona acompañado por el equipo de ZOOXXI

Al adentrarnos un poco más en el parque enseguida nos envolvió la música a todo volumen. Teniendo en cuenta que la mayoría de animales del zoo tienen capacidades auditivas muy superiores a la humana y son particularmente sensibles a los sonidos y vibraciones, no me puedo imaginar el estrés y el deterioro de salud que sufren. De hecho, hace solo unos meses el Ayuntamiento de Barcelona aprobó una moción impulsada por ZOOXXI que regulaba el sonido excesivo del zoo de la capital catalana. Entre las medidas propuestas se incluía la prohibición de realizar actos o actividades ajenos al zoo que puedan provocar alteración del ruido ambiental y afecten al bienestar de los animales que ahí viven. Se pedía también la creación de un protocolo para monitorizar el impacto sonoro de las obras del zoo y limitar la franja horaria de éstas junto con otros elementos causantes de estrés, como la megafonía o la campana del tren que recorre las instalaciones. Por último, pedían la inclusión de señalización que reclame silencio a los visitantes, así como la formación al personal del parque para explicar y fomentar la cultura de la observación respetuosa y el silencio.

Seguimos adelante con nuestra visita. Unos gibones de manos blancas trepaban e interactuaban entre ellos en su instalación. Algo llamó nuestra atención, había un solitario animal de otra especie compartiendo la jaula con ellos: un orangután. Aquel ser impresionante nos daba la espalda, en ocasiones se cubría la cara con las manos. Quería mantener su intimidad en un lugar que se lo impedía. Siempre iba a estar a la vista del público, de personas que han pagado una entrada que les garantiza que verán animales expuestos para ellas.

Seguidamente accedimos al recinto de los llamados “animales de granja”, donde toda la información que se da de ellos es qué beneficios aportan a los humanos: huevos, leche, carne… Decenas de animales que, a pesar de ser domésticos, el ser tocados y manipulados por niños y adultos, en un ambiente ruidoso para ellos, les produce un gran estrés.

Ya era la hora de la exhibición de guacamayos. Unas gradas, un escenario y distintas aves observándonos. Quince minutos de trucos y shows entre risas y excitación del público para corroborar la simplicidad de la especie humana y la distancia que tomamos con aquellos que no son iguales a nosotros. Al acabar el espectáculo se creó una enorme cola para hacerse fotos con uno de los guacamayos, que esperaba inmóvil a poder retirarse. Seres inteligentes y sensibles humillados para nuestro entretenimiento. La mercantilización de una vida que al parecer vale menos que la nuestra.

Uno de los guacamayos del zoo Río Safari Elche, usado como reclamo fotográfico

Uno de los guacamayos del zoo Río Safari Elche, usado como reclamo fotográfico

Al salir nos esperaban dos trenes que realizaban rutas guiadas por el parque. Subimos. Tal y como empezó el trayecto abrieron las puertas de una de las instalaciones. En un visto y no visto estábamos invadiendo el espacio, la casa de aquellas criaturas que no podían huir o esconderse. Unos antílopes negros cruzaron por delante del tren corriendo, el vehículo ni siquiera aminoró la velocidad. De lejos pudimos ver unos nilgos: ¿serían los del zoo de Barcelona? Por fin salimos del espacio de los individuos para continuar visitando una a una todas las instalaciones del zoo: la sabana, los tigres, las hienas, los leones…

“Se nota que son felices aquí”, escuchamos que decía uno de los pasajeros. Todas nos miramos atónitas. ¿Lo creería realmente o intentaba justificar la existencia de centros como éste? ¿En qué momento hemos sido capaces de tomar tanta distancia del resto de especies? ¿Cuándo nos volvimos incapaces de ponernos en el lugar de los demás? ¿O es ignorancia? ¿Hemos creado una cultura en la que es normal privar de libertad a alguien? ¿Una sociedad en la que se cree que es posible desarrollar una vida plena sin ser libre?

La ruta por fin terminó, pensábamos que podríamos seguir con la visita por nuestra cuenta, pero al parecer teníamos una apretada agenda. Ya era hora de la exhibición llamada: Curiozoo. ¿Cómo íbamos a olvidarnos, cuando el personal, con sus terroríficos disfraces y acompañado de distintas aves rapaces, se paseaba por el parque recordando a los visitantes que tenían una cita que atender? De nuevo unas gradas y el mismo animador que en la exhibición de guacamayos. El primer animal en salir a escena fue un hurón. Aquel hombre lo manipuló como quiso y lo paseó por el público entre bromas y gritos. Seguidamente mostraron distintas aves rapaces que nos sobrevolaron. Una de ellas se quedó parada en un rincón, parecía asustada. El animador se apresuró a justificarla alegando que era muy jovencita y aún se estaba acostumbrando. Se nos rompió el corazón. Llevaban las patas atadas con unas pequeñas tiras de piel que los animadores usaban para lanzar las aves a los espectadores ante el asombro de estos.

Por último, escogieron a una niña que se ofreció como voluntaria para el cierre del show. Le dieron un bol con comida para atraer a la próxima víctima: una cría de cerdo que corrió hacia ella entre los aplausos del público. ¿Qué podía aportarnos aquello? ¿Aprendimos algo? Como con los guacamayos, al salir se ofrecía a los animales para hacerse fotos con ellos. La misma ave atemorizada, la que aún no estaba acostumbrada al público, era la que había sido escogida para posar con los visitantes.

Una vez más tuvimos que correr a la próxima actividad: el snack de los lemures. Como Pedro por su casa, entramos en su instalación, una jaula pensada y diseñada para aquella actividad. Los pequeños primates se situaban a lado y lado de un pasillo por el que los humanos accedíamos al recinto. El cuidador nos dijo, “podéis acercaros todo lo que queráis pero no podéis tocar a los animales, si ellos os tocan a vosotros consideradlo un regalo que os han hecho”. De poco sirvió esa advertencia: delante del mismo cuidador, una decena de personas se hacía selfies con aquellos individuos. Uno de los niños se detuvo a acariciar a la cría más pequeña ante la atenta mirada de su madre, que poco podía hacer en un lugar en el que su tranquilidad y su bienestar parece estar en el último puesto de las prioridades.

Ya era la hora de la exhibición de los leones marinos, aquel zoo estaba pensado para que los visitantes tuvieran algo que hacer en todo momento, sin posibilidad de proceder con la visita por uno mismo. Ya había asistido durante mi infancia a una exhibición de leones marinos en el zoo de Barcelona. Lo que más llamó mi atención de esta segunda experiencia es cómo, en un espectáculo prácticamente igual, puede cambiar tanto el discurso. El que pude ver hace años era un show en toda regla, juegos con pelotas, saltos, aplausos, payasadas varias…

En esta segunda ocasión era el mismo show pero encubierto con un discurso aparentemente educativo: esta vez recogían botellas de plástico, “concienciando” sobre esta problemática que afecta a muchos animales; nadaban con una de sus aletas alzada imitando a uno de sus principales depredadores: el tiburón; giraban la cabeza a derecha e izquierda demostrando cómo se dejan poner gotas en los ojos… Siempre finalizando todo con unas ridículas palmadas.

¿Será esto a lo que se refieren cuando hablan de adaptar los zoos a las conciencias actuales? ¿A adaptar los más ridículos y humillantes espectáculos para que sean pseudoeducativos? ¿Estos son los didácticos espectáculos de los que se habla en la web del zoo? Cómo no, al finalizar el espectáculo se formó de nuevo una inmensa cola esperando para poder sacarse una fotografía con uno de los leones marinos, entrenado para dar un “beso” en la frente de las niñas y niños.

“¿Ya podemos seguir con nuestra visita?”, preguntó una de las compañeras. Eché un vistazo al horario. “Sí, al menos hasta las 15:00, cuando se repiten todos los espectáculos de nuevo”. Un espectáculo cada hora, mañana y tarde, todos los días, los 365 días del año.

Los grandes felinos de Río Safari Elche, leones, jaguares y tigres, mostraban unas acentuadas estereotípias. Deambulaban de lado a lado de la jaula mientras jadeaban angustiosamente. Dos niños pequeños se reían de aquel comportamiento y corrían de lado a lado con ellos gritando y riendo (“¡Corre, corre, ahora viene hacia aquí! ¡No, no no, hacia el otro lado! ¡Otra vez a  la derecha!”) ante la divertida mirada de sus padres. Aquellos niños no iban a recibir una explicación formada sobre la historia de estos individuos, sobre qué es una estereotipia y por qué se comportan así. Es imposible que con este modelo educativo lleguemos a ponernos en el lugar de los animales, de entenderlos y, por supuesto, de ayudarlos. Seguirán normalizando estas “divertidas” mañanas de domingo observando desde la ciudad lo que el ser humano ha conquistado en el resto del mundo, creyendo que se aporta respeto y amor por los animales a las nuevas generaciones y que se trabaja para proteger a estos animales… ¿De nosotros mismos?

A lo lejos vimos a unos niños trepando por unas verjas, estaban acariciando a una de las jirafas mientras le daban cacahuetes. Una cebra con su cría se acercó también y recibieron caricias y más cacahuetes. Nadie controlaba aquella instalación, cualquiera podría haber entrado fácilmente. Los animales estaban perfectamente acostumbrados a la presencia humana, las jirafas, una especie muy asustadiza, venían hacia nosotras sin pensarlo un segundo. No quedaba rastro de su identidad, de su naturaleza. Tenían forma de jirafa pero no se comportaban como tal.

Nos sorprendió que en ese espacio de la sabana, y en un zoo tan poco sensibilizado con el sufrimiento de los animales en cautividad, no hubiera elefantes. Investigamos y descubrimos que sí tuvieron una elefanta: Babaty, a quien no vimos durante nuestra visita porque resulta que se fue de gira con un circo, uno de verdad. Al parecer sus propietarios la alquilan también para rodajes de anuncios de publicidad y películas.

Escuchamos unas risas y fuimos en aquella dirección. En una pequeña piscina dos niños estaban disfrutando de su baño con leones marinos. Al parecer el espectáculo no había sido suficiente. Los individuos seguían las órdenes de los bañistas: dar vueltas, saltar, hacer ruido, chapotear… De nuevo un espectáculo nada educativo que solo sirve para banalizar a aquellos animales.

Atados al sol, con una cuerda tan corta que les impedía moverse, encontramos un dromedario y dos ponis. En pocos minutos unas niñas pataleaban pidiendo a sus padres que les dejasen dar el paseo. Accedieron. 5 Euros para el paseo en poni y 8 para el paseo en dromedario, por dar una ridícula vuelta por los alrededores.

Los nilgos en Río Safari Elche

Nos acercamos hacia donde habíamos visto a los nilgos. Pudimos localizar cuatro: dos hembras, un macho y una cría (esta vez la dejaron vivir, aunque es un animal que ha nacido para morir en cautividad). La instalación era considerablemente más grande que la que tenían en el Zoo de Barcelona, probablemente porque la compartían con otras especies como antílopes negros, ciervos del padre David y búfalos. Tuvimos la ocasión de hablar con uno de los cuidadores y nos dijo que, efectivamente, había dos hembras y un macho castrado del Zoo de Barcelona y que había un segundo macho, con el que se habían reproducido, que se encontraba en el veterinario porque aparentemente se había roto la mandíbula. Nos quedamos horas observándoles. Como las jirafas, enseguida se acercaron a nosotras sin miedo.

Ante el escándalo ciudadano que supuso dar muerte a las crías sanas, el Zoo de Barcelona optó por deshacerse del grupo familiar de los nilgos. No realizó ningún comunicado al respecto, como debería ser la obligación de un zoo público en una situación que provocó una alarma social. Un día, de repente, ya no estaban ni en sus instalaciones ni en la web. Nos preguntamos qué criterios utilizó el zoo de Barcelona para elegir el zoo de Elche como destino final de los nilgos, puesto que no vemos que este cumpla con los estándares que, como mínimo, se está planteando el zoo de Barcelona en estos momentos: con la aceptación a trámite de la Iniciativa Ciudadana ZOOXXI para transformar el zoo, la moción aprobada que  regula el sonido ambiental o la que impulsa la creación de un centro de adopción dentro del zoo. No parece que los criterios de alimentación sean óptimos si los animales pueden comer a todas horas un tipo de alimentación que no es adecuada para ellos y, además, de la mano del público.

Tampoco sabemos si este zoo mata animales sanos por falta de espacio. Río Safari Elche alberga más de 100 especies pero solo tres de ellas (el orangután de Borneo, el mangabey de cresta negra y el hipopótamo pigmeo) cuentan con programas europeos de conservación, que por supuesto no contemplan la reintroducción. Es este zoo, más parecido a un circo, el lugar en el que han acabado tres de los cinco nilgos que vivían en el zoo de Barcelona ¿Qué habrá pasado con los otros dos individuos? Desde aquí pedimos al zoo de Barcelona, en tanto que zoo público, una respuesta al respecto.

El modelo de “conservación” de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA)

El nilgo es una especie que está considerada como una plaga agrícola en algunas partes de la India. Los nilgos, como muchas de las especies que albergan los zoos, están lejos de extinguirse. De hecho, la legislación de países como India se ha modificado para permitir su caza, ya que su presencia produce excesivos daños en los cultivos.

¿Por qué mantener cautivos entonces a los nilgos? Y lo que es más preocupante, ¿por qué permitir que sigan reproduciéndose, si los zoos no pueden hacerse cargo de las crías por falta de espacio? El  manual de la EAZA recoge que “si después de haber considerado soluciones alternativas, se considera necesario sacrificar un animal, la técnica debe garantizar una muerte rápida sin sufrimiento”. El Dr. Lesley Dickie, director ejecutivo de la EAZA estima que un zoológico promedio mata entre  3.000 y 5.000 animales bajo estos criterios.

La EAZA es una asociación cuya misión es facilitar la cooperación dentro de la comunidad europea de zoos y acuarios siguiendo supuestos objetivos de educación, investigación y conservación. Esta organización cuenta con más de 350 zoos en Europa y Oriente Próximo, a los que se requiere determinados estándares y buenas prácticas en el cuidado de los animales que albergan. Establece  programas de cría en cautividad para las especies en peligro de extinción, los llamados EEP (European Endangered Species Programmes) y ESB (European Studbooks).

Los zoos de esta organización, entre los que se encuentra el zoo de Barcelona, crían e intercambian animales en función de las directrices EEP y ESB determinadas para cada especie. Pues bien, a pesar de que Río Safari Elche no pertenece a la EAZA,  participa en estos programas de cría en cautividad para especies en peligro de extinción. ¿Dónde quedan los estándares, las buenas prácticas, los objetivos de educación, investigación y conservación, si zoos como Río Safari Elche participan en los programas de cría en cautividad de las especies en peligro de extinción?

El modelo de conservación de la EAZA, y de los zoos que la conforman, se basa en la cría e intercambio de animales para el mantenimiento en cautividad de poblaciones genéticamente saludables. No obstante, en la inmensa mayoría de los casos, estos animales jamás serán reintroducidos en la naturaleza. Esta estructura conlleva dar muerte a animales sanos, porque el modelo de conservación se basa en conservar poblaciones de animales sanas dentro de los zoos y no en la naturaleza. Este modelo de conservación no incluye modelos de reintroducción. De hecho, este modelo lleva a la paradoja de que cuantos más animales haya en peligro de extinción en la naturaleza, es decir, cuanto peor le vaya a la naturaleza, mejor le va a los zoos porque más especies de animales tendrán que albergar en sus instalaciones para proceder a su cría en cautividad.

El caso de los nilgos es uno más entre miles de los que probablemente ni hayamos oído hablar. No es algo excepcional, lo excepcional es que se haya investigado incluso acudiendo al destino final de estos animales. Tras una única investigación de una única especie nos encontramos con este escándalo repleto de sombras, engaños, falacias, matanzas y traslados a un auténtico circo. La pregunta obligada es ¿qué nos encontraremos si hacemos un análisis en profundidad especie por especie? El zoo de Barcelona se encuentra entre los zoos con mejores estándares dentro de la EAZA. La falta de transparencia que hemos mencionado en sus actuaciones no es exclusiva de este zoo. En general, los zoos no informan sobre sus políticas de crías y traslados ni sobre las finalidades de los mismos. No informan de los resultados de sus programas de cría en cautividad y su efectividad para la protección de la naturaleza y la biodiversidad.

Esta investigación nos abre muchos interrogantes: ¿Por qué los zoos tienen especies que no se encuentran en peligro de extinción? ¿Por qué los zoos que no forman parte de la EAZA sí forman parte de sus programas de cría en cautividad de especies en peligro de extinción? El zoo de Barcelona mató en diciembre de 2015 a una cría sana de nilgo provocando un gran escándalo. En abril de 2016 se produjo una segunda muerte y, para evitar más polémica, decidió deshacerse de esta especie. ¿Por qué esa opción no se contempló en diciembre de 2015 para evitar la muerte de la cría? Teniendo en cuenta que no es una especie en peligro de extinción, ¿qué interés ha podido tener Rio Safari Elche en admitir a todo el grupo familiar de nilgos? Ya ha nacido una nueva cría, ¿qué pasará cuando este zoo se encuentre con problemas de espacio? ¿El zoo de Barcelona se ha asegurado de que ese zoo no realiza culling? En el zoo de Barcelona había cinco individuos pero en nuestra visita a Elche solo pudimos ver a tres de ellos: ¿qué ha pasado con los otros dos?

Tenemos serias dudas sobre la seguridad de los animales en los zoos: son criados, son intercambiados, se les mata cuando no hay espacio, y los zoos no dan ningún tipo de explicación al respecto. Tenemos serias dudas de que este tipo de “conservación” tenga alguna repercusión en la protección de las especies en peligro de extinción en la naturaleza. Tenemos serias dudas sobre la educación que se ofrece en los zoos. Tenemos serias dudas sobre los objetivos de los zoos y quizás una certeza: en pleno siglo XXI, la finalidad de los zoos, con su modelo de cría en cautividad, es la de conservarse a sí mismos.

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