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La granja de los horrores de Gama, Cantabria

Organizaciones en defensa de los animales y santuarios lanzan una campaña de recogida de firmas para salvar a las 23 vacas rescatadas de una explotación ganadera

Los animalistas denuncian el maltrato sistemático, la inacción de las administraciones y la connivencia de otros ganaderos

Estado en el que se encontró a las vacas en la granja de Gama (Cantabria)

Estado en el que se encontró a las vacas en la granja de Gama (Cantabria) Asociación Alddea

La imagen daba escalofríos. El pasado 23 de marzo, la Guardia Civil llegaba a una vaquería del barrio de La Bodega, en la localidad cántabra de Gama, con una orden judicial bajo el brazo. La jueza del Juzgado de primera instancia número 2 de Santoña obligaba a requisar a los animales tras una denuncia que había corrido como la pólvora por las redes sociales: una activista de la Asociación Huellas Cantabria había grabado y fotografiado a los animales en un estado deplorable: prácticamente en los huesos, sin apenas poder moverse y sin asistencia veterinaria. Una situación que ya había sido denunciada ocho meses atrás por la Asociación Alddea, que incluso había interpuesto una querella criminal contra el responsable de la instalación.

El ganadero no recibió de buen grado la presencia de los agentes, e incluso se negó a abrir las puertas de la cuadra. Los vecinos asistían entre curiosos y atónitos a la escena, aunque algunos se solidarizaban con el ganadero. “Nunca he visto maltrato. No me parece que las vacas estuvieran mal. Nada que no sea habitual, vamos”, declaraba uno de ellos a El Diario Montañés. También había quien celebraba la intervención de la Guardia Civil. “Ya era hora de que se las llevaran: las tenía berreando en la hierba pidiendo comida todo el día”, apuntaba otro vecino.

Ahora, y según confirma Alddea, las 23 vacas rescatadas de aquel infierno han sido trasladadas a otra explotación, propiedad de un amigo del ganadero denunciado, donde presumiblemente serán sacrificadas. Todo ello a pesar de que la juez había incorporado inicialmente en el auto una disposición que obligaba a “garantizar su integridad física”. Por ello, la propia Asociación Alddea ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas en Change.org en la que se pide que los animales tengan oportunidad de acabar sus días de manera digna. En apenas tres días la petición ha superado las 82.000 firmas.

“La situación es muy complicada, y una auténtica vergüenza”, cuenta Anna Clemente, presidente de Alddea. “Se trata de un claro caso de maltrato, aunque ahora desde la Dirección General de Ganadería de Cantabria niegan la mayor: dicen que no hay maltrato, sino descuido. Incluso que a este señor hay que compensarlo por la pérdida de las vacas. Tenemos un informe veterinario, aunque sólo por los vídeos resulta evidente cómo estaban estos animales”.

Tras la incautación, los pertinentes informes veterinarios no han aparecido por ninguna parte. “Los llamamos los informes Cifuentes: nadie sabe dónde están”, apunta Clemente con ironía. “El oscurantismo es total: hace meses, cuando los veterinarios se desplazaron al lugar, no tomaron medidas. Eso sí: con la boca pequeña decían que los animales estaban fatal, que las vacas estaban enfermas. Mientras tanto, los maltratadores se jactaban en el bar de que les daban igual las vacas, porque en cuanto se moría una les daban subvenciones para comprar más”.

Lo ocurrido en la explotación ganadera de Gama cobra aún más gravedad al saber que no se trata del primer caso protagonizado por el mismo ganadero. “Este hombre ha matado ya a un elevado número de perros. En su día, una protectora se hizo con diez porque amenazaba con ahorcarlos”, denuncia la presidenta de Alddea. El día que sacaron a las vacas, la jueza también ordenó la incautación de la perra que sigue viviendo en el lugar. “Estaba destrozada, con sarna por todo su cuerpo y completamente desatendida. Si según Ganadería lo de las vacas no es maltrato, ¿cómo llaman a lo que este hombre hace a los perros?”, se pregunta Clemente.

Los santuarios, la única salida

Para que los animales se recuperen y vivan de una manera digna el resto de su vida solo hay una vía posible: los santuarios. Muchos de ellos han respondido unánimemente ofreciéndose como voluntarios para dar cobijo a estas vacas en sus instalaciones. Así lo han hecho el Santuario Compasión Animal, el Mino Valley Farm Sanctuary, el Santuario Vacaloura, el Santuario Frente L.A. y la Fundación Santuario Gaia.

“El futuro que espera a estos animales es incierto”, lamenta José Benito, del Santuario Frente L.A. “Si vuelven a ese infierno, lo más seguro es que acaben de la misma forma. Por eso estamos luchando para que no suceda”.

 

Los animalistas denuncian, asimismo, presiones por parte de los ganaderos y el Gobierno de Cantabria para que los animales terminen en el matadero. “La jueza nos dio la razón, pero en el último momento, y bajo la presión del Gobierno de Cantabria, cambió su versión”, lamenta Benito. “Los propios ganaderos, que al principio se referían a este lugar como “la granja de los horrores”, han empezado a solidarizarse con los responsables de la explotación. A través del sindicato de ganaderos se está fomentando que cambien de opinión”, apunta Clemente.

Para los responsables de los santuarios, lo ocurrido en Gama no es más que la cara no visible de la explotación animal. “Está situación se vive a diario en las explotaciones ganaderas”, asegura Benito. “Ven a los animales como objetos sin sentimientos y desde las administraciones públicas siempre se mira por el maltratador. Cuando se producen casos de este tipo avisan al ganadero y miran hacia otro lado”.

Puedes secundar la petición de que las 23 vacas rescatadas de Gama sean trasladadas a un santuario en este enlace.

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