Apocalipsis estival
Arde la tierra en un verano de fuego que despide agosto entre cenizas y sombras oscuras. Mientras miles de turistas sudan y se apretujan en los destinos más cotizados de la costa, la tragedia de las llamas ha dejado en segundo plano la mirada sobre la masificación y la especulación urbanística.
Cantabria sigue de vacaciones. Prácticamente desaparece la agenda oficial de los cargos públicos y esta semana la única voz que se ha escuchado ha sido la de la alcaldesa de Santander, amén de algún otro irrelevante contenido enlatado que se nos va suministrando para saciar el hambre de noticias de los medios de comunicación.
La gran afluencia turística de la capital cántabra, de la que tanto presume su concejal de Festejos -el hombre habita sin duda un mundo propio: ni busca casa ni coge el autobús y considera que todavía caben más- parece que también ha provocado que aumente el número de manifestaciones en las protestas que se han sustanciado en Santander.
A falta de más romerías -o a pesar de ellas- casi un millar de ciudadanos emplearon el festivo puente de agosto en manifestarse por duplicado -sábado y lunes- contra el proyecto municipal para convertir una senda verde arbolada en un recinto asfaltado y amurallado para que aparquen autocaravanas.
Los vecinos han pedido una reunión a la alcaldesa para discutir el proyecto y la respuesta de la regidora municipal ha sido que está deseando que se construya “para tapar bocas”. Una expresión vulgar, de patio de colegio o de concursante de reality, que más allá de su chabacana coloquialidad, exhibe un autoritarismo impropio de un cargo público amén de una tremenda sordera.
Por desgracia, estamos acostumbrados a que no se nos escuche, pero no hasta el extremo de que nos quieran dejar sin voz. Algunos gobernantes desafían a la democracia porque mal entienden que consiste en que cada cuatro años los ciudadanos votan y le dan un poder absoluto al que tiene mayoría. Un poder que implica obediencia y sumisión.
La chulería de “tapar bocas” se ha ido diluyendo casi de inmediato. Al poco, Gema Igual se rectificó a sí misma y parece que recibirá a los descontentos con el hormigonazo. Aunque ahora sabemos que solo va a ser un paripé, porque la decisión está tomada antes de escucharles.
También es cierto que no es la primera vez que en lugar de tapar bocas ajenas se come sus propias palabras. Esta es la alcaldesa del Metrotus -otra fantasía del imaginario municipal- que la presión de los ciudadanos disolvió para siempre en la nada. Ahí nos quedan como testigos de la chapuza, unos números rojos de millones de euros tirados a la basura y dos marquesinas, pomposamente bautizadas como intercambiadores. Por cierto, el del Sardinero -como corresponde a su categoría- con sala de espera y calefacción. El otro, camino a Cazoña, habita en la intemperie.
En cualquier caso, en aquella ocasión fueron las protestas ciudadanas las que taparon la boca de la alcaldesa. Fue Europa la que también le tapó la boca cuando quiso hacer un aparcamiento millonario con los fondos comunitarios -que ya estaba hecho- en el Racing. Así que todavía está por escribir el final de la historia del aparcamiento de Mataleñas, un relato en el que la alcaldesa ha elegido a voluntad propia el papel de villana amenazando con escarmentar a los vecinos descarriados.
Agosto ha desatado una especie de apocalipsis bíblico. Mientras ardía España un descomunal diluvio inundó Santander, después reventó el tritubo -fascinante bautismo léxico- y se secaron los grifos de media ciudad mientras las ratas pasean por la playa del Sardinero. Quizá la alcaldesa en lugar de tapar bocas tendría que tapar los agujeros de su desacreditada gestión.
Sobre este blog
Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
1