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La masculinización de algunas profesiones alcanza a la FP: ni una alumna en mantenimiento y un 8% en automoción

Belén, en clase junto a algunos de sus compañeros en Santander.

Blanca Sáinz

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Solo el 19,2% de las personas que trabajan en el sector del automóvil son mujeres. Hablando de la mecánica como tal, el porcentaje desciende radicalmente y se sitúa en un 1% de mujeres trabajando directamente con los vehículos. Este dato, del que no se conocen porcentajes a nivel nacional, lo aportó el Gremi de Talleres de Barcelona en el estudio 'Rompamos esquemas' realizado junto al Ayuntamiento de Barcelona, y a pesar de que se centra en las estadísticas de la provincia, según revela el jefe de Departamento de Transporte y Mantenimiento de Vehículos del Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) Nº1 de Santander, Daniel San Juan, no estaría muy alejado de lo que ocurre en el conjunto de España.

“En los concesionarios empieza a haber más mujeres pero en posventa, atención al cliente o recepción de vehículos”, asegura el docente. De esta forma, y a pesar de que sigue costando la entrada de féminas en la mecánica como tal, San Juan aclara que así como anteriormente no se exigía que esos trabajos estuviesen desempeñados por personas formadas, en la actualidad ha cambiado “y ahora buscan que la gente tenga un grado superior”.

Andrea tiene 25 años y es alumna del ciclo superior en Automoción del CIFP Nº1, y pese a que descubrió su vocación de forma casual al hacer las prácticas del ciclo de Administración en un concesionario, ahora tiene claro que no lo tendrá tan sencillo para ser mecánica: “Es un sector de hombres y sigue siendo muy machista. Creo que no voy a poder ser mecánica porque cuando vamos a visitar talleres o concesionarios sigo sin ver a ninguna mujer por allí”, confiesa con cierta resignación. Algo que su profesor, Daniel del Río, confirma: “Ellas son muy conscientes de lo que hay y es algo que les preocupa. Además, por la parte que nos toca, yo he vivido reiteradamente que cuando se propone a una chica como mecánica, algunos empresarios te dicen que no quieren líos”.

En el caso de este centro los datos hablan por sí solos y en toda la familia profesional de Transporte y Mantenimiento de Vehículos solo hay 15 alumnas de un total de 180 estudiantes, lo que apenas alcanza el 8,5%. Además, María José Sardina, la coordinadora de Igualdad del CIFP Nº1, aporta otro dato: dentro de las pocas mujeres que se encuentran en esta formación, los ciclos superiores son los que se llevan el grueso de féminas: “En el grado superior hay más madurez mental y más formación detrás, lo que les hace elegir más libremente sin que les condicione el número de chicos que haya”, asegura la docente.

Asimismo, Sardina considera que pese a los avances que se están llevando a cabo, “seguimos siendo una sociedad en la que los cuidados son labor de las mujeres”: “Hay estudios que demuestran que un niño hasta los 2 años no es capaz de identificarse con que una actividad sea de un niño o una niña. Es de los 2 hasta los 5 años cuando empiezan a desarrollar estas ideas a través de lo que ven en el colegio, en casa, en la calle... Por este motivo estamos llevando a cabo la apertura del CIFP a los centros de primaria para que empiecen a normalizar cuanto antes que no hay profesiones de hombres y profesiones de mujeres”, asevera.

Sara, de 21 años, y Belén, de 19, también comparten formación con Andrea, y aunque en su caso tienen otros proyectos diferentes para el futuro, comparten con su compañera la convicción de que las mujeres lo tienen mucho más difícil para introducirse “en un mundo de hombres”: “Se nos mete en la cabeza que esta profesión no es para nosotras porque no está normalizado. Y no debería ser raro pero lo es”, argumenta Sara, que aspira a completar su formación con estudios en peritaje.

Por su parte, Belén reconoce que su pasión por el motor viene dada por la peculiaridad de que desde pequeña se ha movido en el mundo de los rallies: “Quiero ser mecánica profesional de competición, y como ya estoy metida ahí sé que lo tendré mucho más fácil que cualquier mujer que tenga que empezar a meter la cabeza”, asegura.

En el otro lado, sus compañeros Jonathan, David, Diego y Pablo creen que no tienen a más mujeres en sus clases “porque a las chicas les gusta menos esto”: “Nadie tiene que venir a estudiar forzado... Será que no les interesa”, dice uno de ellos. Rápidamente, y en plena reflexión sobre si el sesgo existe o no, otro toma la palabra y añade: “Igual también hay mujeres que piensan que es un trabajo de hombres y por eso no se atreven a venir”, y sus compañeros asienten.

Dificultades para la inserción laboral

En el Instituto de Educación Secundaria (IES) Estelas de Cantabria de Los Corrales de Buelna, y dentro del ciclo de Instalaciones Frigoríficas y de Climatización, también conocido como ciclo 'de mantenimiento' o ciclo 'de frío-calor', Ali, Borja, Alejandro y Adrián toman el relevo a los alumnos del CIFP Nº1 para explicar por qué creen que en su grado no hay ninguna mujer.

“Las mujeres van más a los estudios superiores y no a los ciclos medios. Los hombres somos menos estudiosos que ellas y buscamos más la facilidad. Creo que a ellas les da más cosa trabajar en una obra y es normal porque allí no se ven mujeres... Si ves alguna será porque es ingeniera o arquitecta”, señalan estos jóvenes de entre 18 y 22 años.

En cambio, cuando se les pregunta por la masculinización de su futuro trabajo, consideran que también existe la feminización de otros como la estética o la peluquería: “Aquí ocurre lo mismo pero a la inversa”, indican. Preguntados por si creen que la incursión de unos u otros en las profesiones más típicas del otro sexo son igualitarias, confiesan que no: “Hay más hombres en ámbitos 'de mujeres', que mujeres en ámbitos 'de hombres', e igual es porque a los hombres nos da menos vergüenza meternos en sus círculos. Ellas tienen que tener mucho valor para venir a estas profesiones”, aseguran.

Algo parecido opinan sus profesores Miriam Lanza y Antonio Serrano, quienes revelan, además, que nunca han llegado a reunir a tres alumnas a la vez en este ciclo: “Sí que nos hemos dado cuenta de que la chica que viene aquí es porque le gusta. Hay chicos que se apuntan al ciclo porque va a venir un amigo, porque sus padres se lo han dicho, porque viven cerca y les viene bien... Y eso les lleva a que lo dejen en algunos casos. Sin embargo, las chicas que vienen lo tienen muy pensado y todas van hacia delante”, manifiesta Lanza.

Estos docentes que comparten su día a día con los jóvenes también tienen una valoración similar a la de sus homólogos en el CIFP Nº1 de Santander sobre que la información de los ciclos debe llegar a los futuros alumnos de forma más temprana: “Cuando vienen de la ESO y enseñamos la formación vemos que normalmente las chicas ni miran ni se interesan... Esa información tiene que llegar antes si queremos que las mujeres empiecen a valorar esas profesiones. En la ESO ya están muy definidos”, asegura Serrano.

Estos son solo dos ejemplos de la masculinización que sigue existiendo en una educación donde los porcentajes de mujeres en profesiones que tradicionalmente han desempeñado los hombres siguen siendo bajísimos. En cambio, esta diferencia también se aprecia cuando se mira hacia ciclos nuevos como el de Desarrollo de Aplicaciones Web, impartido en el IES Augusto González de Linares de Santander, donde solo se encuentran dos alumnas entre 60 estudiantes.

Ocurre igual, aunque de forma menos acusada, en el IES La Albericia de Santander, donde el número de mujeres en el ciclo de Acondicionamiento Físico oscila entre el 20 y el 30% del alumnado. Ambas formaciones tienen dos de las inserciones laborales más altas de Cantabria. Los dos casos que se exponen en este reportaje como ejemplos de oficios masculinizados también tienen una incorporación muy alta al mercado de trabajo.

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