¿Afectan algunos compuestos de cosméticos y textiles a la salud humana?

ftalatos

Hace más de tres décadas que el trabajo científico ha demostrado que algunos contaminantes ambientales afectan al equilibrio hormonal de los seres vivos, tanto de los humanos como de los animales. Pero desde tan solo unos años, varios expertos en el ámbito internacional están identificando nuevos compuestos químicos en los plásticos, cosméticos y prendas textiles de todo tipo que también tienen esa propiedad toxicológica. Son las denominadas “hormonas ambientales” y sobre esta cuestión ha impartido esta semana una conferencia en el campus de Ciudad Real Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada y director científico del Instituto de Investigación Biosanitaria. Dirige además un grupo de investigación de carácter multidisciplinar centrado en el estudio de la exposición ambiental a compuestos químicos con actividad hormonal.

En una entrevista con eldiarioclm.es, el profesor explica que mientras que multitud de pesticidas como el famoso dicloro difenil tricloroetano (DDT) han sido prohibidos, existen otros nuevos compuestos que se han ido detectando pero cuyo uso es legal. Se trata de elementos como los ftalatos (en cosmética), los parabenos, el bisfenol A (en plásticos), el PFOAS o los alquilfenoles (prohibidos en detergentes pero que se siguen utilizando en la industria textil).

Una prueba de su incidencia negativa, afirma, es que muchas marcas de cosmética y aseo personal ya no los contienen, conocen sus riesgos. Se pregunta por tanto el experto por qué se siguen formulando y no están prohibidos, cuando además la exposición a los mismos es por vía ambiental y alimentaria, es decir, muy común. “Son compuestos que dentro del organismo mimetizan a las hormonas estrogénicas, sexuales y a las tiroideas. Al ser difícil de demostrar que eso esté relacionado con el desarrollo de enfermedades, la Administración europea solo hace llamadas de precaución sin que haya prohibición expresa”, destaca.

Otro ejemplo son los denominados ‘retardantes de llama”. Son compuestos polibromados que actualmente están incorporados en todos los aparatos de electrónica y en la industria textil, así como en plásticos y tapicerías, para que no ardan. “Resultan lo más parecido a la hormona tiroidea, pero como el medicamento más recetado en España es por hipotiroidismo, al solucionarse con una pastilla nadie va al problema de origen”, lamenta.

“Hay una clara evidencia de exposición humana a estos contaminantes tóxicos y de efectos en la salud humana por elementos que forman parte de la propia estructura de los productos”. Nicolás Olea recuerda que en junio de 2011 se prohibieron en la UE los biberones de plástico de policarbonato para evitar la exposición de los bebés al disfenol A y aunque no se había asociado con ninguna enfermedad, se hizo por precaución.

"Una lucha enorme de intereses"

“Las pocas veces que se ha hecho una acción europea ha sido de forma preventiva por evitar consecuencias a largo plazo, porque es difícil determinarlo”, pero no se ha realizado ninguna acción global contra estos compuestos: “Hay una lucha enorme de intereses, porque actuar de manera global exigiría cambios en la producción, algunos productos tenían que retirarse y lo que aduce la industria es que no hay evidencias suficientes para considerarlos tóxicos. Y ahí está la disputa continua en Europa. La situación es muy desagradable porque el Parlamento exige cosas a las que no responde la Comisión, porque está sometida a la presión de grandes 'lobbies' industriales que sufrirían una pérdida económica importante si se hacen esas restricciones”.

El catedrático insiste en que hay evidencias y que los primeros en demostrar este daño fueron los animales salvajes, como pájaros, peces y reptiles. Después se han encontrado efectos en humanos como el cáncer de mama o la infertilidad masculina. “Hay un problema enorme con infertilidad de las parejas; no para de crecer el número de niños que nacen por reproducción asistida, y es un ejemplo de cómo responde la sociedad moderna a estos problemas: en lugar de buscar la causa, busca una solución técnica, y parece que el problema es menor”.

Aunque reconoce que las asociaciones son “muy difíciles de establecer”, también resalta los estudios que demuestran que la infertilidad de un hombre a los 35 años puede deberse a la exposición de la madre a algunos de estos contaminantes 40 días después de su fecundación. “El problema es que demostrar esto lleva mucho tiempo, y en eso se amparan las administraciones y la industria para decir que las pruebas son débiles”. 

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