Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El Gobierno no da por perdido el apoyo de Junts al escudo social
Así es como las redes sociales usan la neurociencia contra los adolescentes
Opinión - 'Orriols y Asociados (ricos muy ricos)', por Neus Tomàs

Óscar Martínez, periodista perseguido por Bukele: “Todavía no hemos visto su etapa más violenta”

El periodista de ''El Faro', Óscar Martínez.

Pol Pareja

3 de febrero de 2026 21:53 h

0

El día antes de publicar una exclusiva que demostraba cómo el líder de El Salvador, Nayib Bukele, había negociado y pactado con las bandas que tenían a todo el país sometido, el periodista Óscar Martínez se exilió a México. “Pensábamos que sería una salida preventiva, ya habíamos hecho algunas previamente”, recuerda por videoconferencia. 

El día antes de regresar a su casa, Martínez descubrió que el Gobierno había preparado una emboscada para plantarles drogas a su regreso tanto a él como a sus colegas y que la Fiscalía pretendía acusarles de agrupación ilícita. Desde mayo de 2025 no puede volver a su hogar. “La salida preventiva ahora ya se ha convertido en nuestra realidad”, afirma.

El reportero es redactor jefe de El Faro, un periódico fundado en El Salvador a finales de los 90 en el que se han publicado las mejores investigaciones periodísticas de las últimas décadas en Latinoamérica. En 2023, el medio trasladó su sede a Costa Rica y actualmente toda la plantilla que estaba en El Salvador (22 personas) está en el exilio.

Martínez acaba de publicar Bukele, el rey desnudo (Cuadernos Anagrama), un interesante perfil-reportaje sobre el “dictador” más viral de la actualidad, un autócrata que cuenta con el respaldo del 80% de la población tras acabar con la violencia de las bandas en El Salvador a costa de suprimir prácticamente cualquier derecho civil. 

“Es una popularidad real, pero atravesada por el miedo”, opina Martínez. Y da un dato: seis de cada diez salvadoreños creen que pueden sufrir represalias si critican a Bukele. 

El libro describe cómo, entre seguridad y democracia, buena parte de los salvadoreños han elegido la primera tras lustros bajo el yugo de las bandas. El resultado es que, en un país de seis millones de personas, hay casi 100.000 salvadoreños encarcelados. “No sería extraño decir que el 50% de las personas que están en prisión no pertenecen ni han pertenecido nunca a ninguna pandilla”, afirma. 

Tras llegar a tasas de 106 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2015, Martínez describe El Salvador como un país “sembrado de cadáveres”, con una población empobrecida y “desesperada” que sólo se preocupa por sobrevivir. “La sociedad necesitaría que más gente tuviera el privilegio de reflexionar”.

Es en ese contexto que aparece Bukele, con un mensaje “simplista” que logra convencer a la población de que la democracia ya se ha probado y no ha funcionado. “Veníamos de la paz más violenta que el mundo ha conocido”, recuerda Martínez. “Y nos vendieron que la democracia no servía cuando realmente nunca hubo democracia de verdad”.

El ascenso al poder del “dictador”

El texto dibuja a Bukele como un hijo de una familia acomodada, descendiente de inmigrantes árabes que llegaron al país a finales del siglo pasado y lograron enriquecerse a base de trabajo. “Él ya nace privilegiado, en una familia rica que tiene empresas de publicidad, concesiones, negocios de alimentación e inmobiliarios…”, explica el autor.

Bukele entra en contacto con la política de bien joven, trabajando en las campañas del principal partido progresista de El Salvador encargadas a la empresa de publicidad de su familia. 

El futuro presidente demostrará una gran capacidad de adaptación, pasando de alabar al Che Guevara y al régimen de Nicaragua a convertirse en punta de lanza del movimiento MAGA y de las criptomonedas. También sabrá controlar los resortes que apuntalarán la actual ola reaccionaria: utiliza las redes, busca la viralidad y es capaz de simular que tiene una conversación con Dios ante miles de personas que lo aclaman. 

“Bukele es, sin duda, un gran publicista. Tiene sentido de la oportunidad y sabe adaptarse”, señala Martínez.

Su ascenso al poder, sin embargo, no se explica sin los pactos que alcanza con las principales bandas del país a partir de 2012. El texto explica cómo Bukele acuerda con ellas reducir los homicidios a cambio de dinero y votos, primero para obtener una pequeña alcaldía, después para gobernar la capital y posteriormente el país entero. 

“El primer paso importante en su carrera como político nacional lo da de la mano de las pandillas”, explica Martínez, que describe el pacto como un “complot criminal” que incluía que las bandas pudieran elegir a quién debía asesinarse dentro de las prisiones salvadoreñas.

Esa relación de conveniencia salta por los aires en 2022, cuando las maras asesinan a 72 personas en apenas 24 horas y Bukele decide ir a por ellas. “Suena muy frío decirlo así, pero ese fin de semana [las bandas] mataron de más”, rememora Martínez. 

“Bukele necesita en ese momento un cambio de narrativa y opta por un Estado policial, en el que todavía estamos a día de hoy”, prosigue el reportero. “La actual ministra de Educación es una capitana del Ejército y cualquier soldado puede hacerte lo que le dé la gana”. 

Es en ese Estado policial que Bukele adquiere un tono mesiánico para justificar su perpetuación en el poder. Paralelamente, él y su familia amplian su patrimonio: el 80% de las tierras de la familia han sido adquiridas desde que es jefe del gobierno, las empresas de sus parientes han pasado de tener miles de dólares a millones y su residencia privada está siendo reformada con fondos públicos. 

“Pero a la población no parece importarle esto ahora mismo”, lamenta el periodista. “El tejido social estaba tan roto por la violencia de las pandillas, que se celebra en colectivo que no haya más bandas, pero se sufre individualmente por la pérdida de libertades”.

Martínez tuvo que abandonar El Salvador por las informaciones de 'El Faro' sobre Bukele.

La dificultad de cubrir un país desde el exilio

A medida que Bukele se perpetuaba en el poder y se iban desmontando las pocas garantías democráticas en El Salvador, los periodistas de El Faro fueron abandonando el país ante el aumento de las amenazas y de las visitas policiales a los domicilios de los reporteros. 

Desde el pasado mayo, el medio cubre lo que ocurre en El Salvador desde el exilio. “Todavía nos estamos adaptando”, apunta Martínez que, como buena parte de sus compañeros, fue espiado a través de su móvil con el spyware Pegasus.

“Nos enteramos [del espionaje] de casualidad, porque a una colega del periódico se le calentaba mucho el teléfono”, recuerda. “Entonces descubrimos que todos los miembros de la redacción teníamos el teléfono infectado”.

Martínez explica que, desde su huida, han aprendido que el exilio era más grande de lo que pensaban y que, en ocasiones, resulta incluso más sencillo obtener información desde el extranjero de antiguos funcionarios, fiscales y jueces que cayeron en desgracia. 

“El exilio fue como una de las últimas consecuencias antes que la muerte o la cárcel”, apunta. “Nos puso en una posición bien rara, pero fue la última muestra de que estábamos dispuestos a hacer lo que había que hacer para seguir informando”.

Martínez no es nada optimista respecto al futuro de su país. Bukele solo tiene 44 años y no tiene intención de abandonar la presidencia. El año pasado redujo en 130 millones el presupuesto en salud y educación y aumentó el del Ejército, a pesar de que las pandillas están desarticuladas a día de hoy.

Para el periodista, esto solo indica que prepara el terreno para cuando le toque reprimir a los ciudadanos. “Aún no conocemos a un Bukele impopular. Cuando dejen de sonar los aplausos en la plaza, van a sonar las botas militares”, concluye. “No creo que hayamos visto todavía la etapa más violenta de Bukele”.

Etiquetas
stats