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"Insuficiente" o "incompleto", los condicionantes del CSN al silo nuclear

Los detalles de seis informes del regulador nuclear español que ponen en duda la idoneidad del emplazamiento y el diseño del ATC de Villar de Cañas

No se descartan movimientos sísmicos en la zona, hay "incertidumbres" sobre los flujos de agua y se pide solucionar "carencias" técnicas de distinto calado

Terrenos en Villar de Cañas

Terrenos en Villar de Cañas

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha hecho públicos seis informes que tienen que ver con la idoneidad de que el Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares se instale en Villar de Cañas (Cuenca). Fueron elaborados por técnicos del propio organismo y también por expertos externos de la empresa URS e investigadores de la Universidad de Cantabria. Y es que,  el CSN ya había advertido a Enresa y al Ministerio de Industria de que “la singularidad del proyecto del ATC hacía prever un proceso de evaluación complejo”. Por eso buscó ayuda externa.

Estos documentos se hacen públicos a instancias de Transparencia Internacional España y ya han sido publicados en la página web del regulador atómico, incluyendo numerosos elementos tachados e inaccesibles a la opinión pública. De su lectura se deduce que la documentación aportada por Enresa es, o bien “insuficiente”, o bien “incompleta”, en muchos aspectos que impedirían una autorización previa de la instalación por parte del Gobierno central.

El primero de los documentos está relacionado con la  caracterización del emplazamiento para el ATC, presentado por Enresa. Una información primordial para definir los riesgos geológicos, sísmicos, hidrológicos o meteorológicos (entre otros)  de la zona en la que se asentaría el almacén de residuos radioactivos. Y es que una vez definidos estos riesgos, se pueden establecer las bases del diseño de la infraestructura y  conocer posibles vías de escape en caso de incidente nuclear.

Los terremotos en la zona son posibles

El CSN considera “aceptables” los estudios aportados que se refieren a la geografía o la demografía e incluso a la meteorología pero cuando habla de riesgos relacionados con movimientos de tierra, o incluso terremotos, cita los producidos en Ossa de Montiel o en Pedro Muñoz, entre otros, y no descarta que puedan producirse fenómenos similares. Por eso recomienda considerarlos  como “sucesos creíbles más allá de la base de diseño adoptada”. El CSN cree que Enresa ‘fuerza’ la interpretación de los datos disponibles  sobre los materiales que hay en el terreno y ve “insuficientes” los datos aportados a la hora de hablar  de seguridad vinculada a variables geotécnicas.

“Grandes incertidumbres” sobre el agua 

También apunta “grandes incertidumbres” en cuanto a las aguas subterráneas de la zona, entre otras cosas porque la información aportada está incompleta. El CSN se muestra incapaz de predecir qué puede pasar al excavar y construir el silo nuclear.

Se pide a Enresa que explique cómo va a drenar el agua que aflore en la zona durante la excavación y califica de “extrema importancia”  las actuaciones que eviten filtraciones de agua en el terreno. La empresa nacional encargada del ATC, no lo deja claro. Además,  falta un mapa geológico detallado de la zona que van a ocupar las instalaciones del ATC y eso, el Consejo de Seguridad Nuclear lo define como “carencia importante” a la hora de abordar la construcción.

El segundo de los informes tiene como objeto evaluar la idoneidad del emplazamiento propuesto por Enresa. “No se puede afirmar que resulte idóneo”, dicen los técnicos,  porque se ha constatado que los terrenos presentan “características desfavorables” que la propia Enresa conocía ya que los incluye en sus estudios. Se refiere el CSN a la existencia de  materiales como el yeso o la arcilla que, en contacto con el agua, producen “amplios rangos de incertidumbre”.

De hecho, la  posible presencia de agua en la zona preocupa hasta tal  punto que el CSN vuelve a decir -ya lo hace en el primer informe-  que  para que la solicitud de autorización previa del ATC pudiera ser aceptable “sin comprometer la seguridad operativa de la instalación” la propuesta  de Enresa “ tiene que ser compensada” con un diseño de ingeniería “apropiado”, con medidas que minimicen la posibilidad de acceso del agua al subsuelo e incluso con un programa específico de monitorización antes, durante y después de la construcción del ATC.

Ni sondeos profundos, ni voladuras… peligra la cimentación

El tercer informe evalúa las cimentaciones y la descripción de actividades y obras preliminares de la infraestructura presentados por Enresa. En este punto se recomienda  no hacer sondeos demasiado profundos si no son necesarios y echar cemento en cuanto sea posible además de no recurrir a voladuras durante las obras.

El cuarto documento, de fecha 16 de julio de 2015 es una nota de evaluación técnica que integra las conclusiones de los documentos  ya citados y que incluye una frase demoledora. ”Resulta necesario que el diseño estructural y de cimentaciones así como el proceso constructivo de la instalación compensen las limitaciones debidas a las características desfavorables del terreno”.

En este informe se insta en varias ocasiones a Enresa a “completar” documentos o procedimientos. Los otros dos documentos restantes son los informes preparados por URS y por el Grupo de Geotecnia de  la Universidad de Cantabria para el Consejo de Seguridad Nuclear que sustentan las teorías de los técnicos.

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