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“La Marina de Valencia responde al modelo neoliberal del PP y los promotores”

Vicent Llorens, director general de la Marina de Valencia.

Voro Maroto

Vicent Llorens (Xeraco, Valencia, 1964) es licenciado en geografía, tiene un master en gestión de empresas, ha dado clases de urbanismo en la universidad y lleva décadas dedicado a repensar las ciudadades, especialmente en el ayuntamiento de Gandia, donde ha trabajado 25 años.

Fue militante entre 1991 y 2010 del Bloc, partido integrado en Compromís. En marzo de 2016, el alcalde de Valencia, Joan Ribó, le encomendó la misión de relanzar la Marina de Valencia, el espacio concebido para la Copa del América ahogado por las deudas -440 millones de euros-  y desconectado de la ciudad.

Pregunta. Usted defiende que La Marina es fruto del urbanismo neoliberal.

Respuesta. Este espacio se concibió con una clara vocación especulativa disfrazada de dinamización urbanística, como excusa para reurbanizar los Poblats Marítims como se quería hacer en el Cabanyal en otro ejemplo de la voracidad de cierta gente [en referencia al PP y algunos constructores].  Se aprovecha la Copa del América para transformar un espacio público sin respetar sus orígenes, su idiosincrasia, sin regenerar, sino todo lo contrario. Además, La Marina también es neoliberal porque nadie pensó que se haría después de que zarpara el último barco de la competición. Se pensaba en el beneficio a corto plazo.

Eso explicaría la desconexión del espacio con la ciudad.

El urbanismo de Valencia también contribuye. Ya le he dicho a Ribó que es necesario reurbanizar la avenida del Puerto, con cinco carriles en un sentido. Son 2.7 kilómetros que serían agradables para pasear pero que ahora echan para atrás: una avenida tomada por los coches, deshumanizada. Convierte esa autopista en un bulevar y la gente vendré paseando a La Marina desde la Alameda.

Además, aquí se ha hecho poco y hay muchas limitaciones. Ejemplos, el Veles e Vents, parado. El Varadero, también. Los tinglados, cayéndose, el espacio en estado de total abandono. ¡Como nadie iba a pensar en instalarse aquí! El golpe de gracia fue el circuito de la Fórmula 1, que dedicó un espacio público de gran valor, junto al mar, para una carrera de coches. No se ha hecho ninguna gestión de los activos urbanísticos tras el fin de la Copa del América y la Fórmula 1.

¿Como va a revitalizar el espacio?

Haciendo que la gente se apropie del espacio, para lo que ayudaría mucho facilitar la llegada con el cambio de la avenida del Puerto que hemos comentado. Queremos controlar el acceso de vehículos y hacer de La Marina un lugar paseable, donde la bicicleta sea bienvenida. Crearemos zonas verdes. Se consiguieron los permisos urbanísticos contando los maceteros como zonas verdes, sino no se llegaba al mínimo que exigía la zona. Y zonas de sombra, donde la gente se pueda proteger del calor. Si la gente está cómoda, al final se genera actividad y negocio. Este es un espacio privilegiado donde se puede trabajar, pasear, comer y hacer deporte junto al mar.

El cambio de nombre a Marina de Valencia -ha desaparecido la referencia a Juan Carlos I- va en esa línea.

Mucha gente que no conoce Valencia pensaba que la Marina Real Juan Carlos I era una base militar. Los nombres valen para informar, por lo que, sin veleidades antimonárquicas ni republicanas, la Marina de Valencia es un topónimo que aporta mucha más información y no distorsiona, como hacía la denominación anterior. El mejor logo o claim es aquel que explica lo que eres. Coexistirán los dos nombres pero creemos que así se transmite más y mejor lo que somos.

Frente al clásico “Valencia vive de espaldas al mar” usted apuesta por una nueva centralidad, la de los Poblats Marítims.

Si somos atractivos y generamos movimiento en La Marina, la gente también visitará los Poblats Marítims. La fachada marítima de Valencia no es atractiva porque no se ha hecho gestión pública, se ha pauperizado conscientemente. Esto está cambiando. Ahora hay gente, extranjeros, que trabaja en La Marina, vive en el Cabanyal y está encantada. Es un espacio de un potencial enorme.

El Ayuntamiento y la Generalitat quieren limitar de manera estricta los horarios comerciales. ¿Tienen sentido esas restricciones en La Marina?

Esas políticas no tienen ningún sentido en la era del internet, son producto de cierta beatería amish. Por ejemplo: estoy en contra de que nuestros locales tengan que cerrar a las tres de la madrugada. El problema no son los horarios comerciales, sino las condiciones laborales. Eso es lo que se debería arreglar con sindicatos y patronal.

440 millones de euros de deuda y las cuentas embargadas por el Banco Santander frente a unos ingresos de 5 millones anuales.

Mi preocupación principal no es la deuda con el Instituto de Crédito Oficial (ICO). No es una frivolidad, ¡es que la primera cuota [cuando el PP gobernaba Valencia] ya no se pagó!

No se puede pagar, mucho menos cuando aquí unos prestaron [el estado] y otros se endeudaron [el mismo estado, la Generalitat y el Ayuntamiento de Valencia, que forman el consorcio que gestiona la Marina] sin ni siquiera un plan de negocio que explicara como se iba a devolver el dinero. Esto se debe negociar políticamente.

Los embargos me preocupan relativamente. Generamos negocio, y en 2019 queremos ingresar 9-10 millones de euros [ahora son 7, con 2 de aportaciones públicas] y tener 2 de superávit.

¿El estado debería condonar la deuda?

Sí. Como se ha hecho con otros grandes eventos, como la Expo de Sevilla o Zaragoza o las Olimpiadas de Barcelona, el estado debería asumir el coste. El problema es que los que se llenaban la boca con la defensa de los intereses valencianos [el PP]  hablaban mucho y hacían poco. Cualquier otra cosa es seguir mantiendo la mentira.

Es hostil al turismo de cruceros pese a estar junto a la términal donde amarran esos barcos.

No soy hostil, yo no estoy contra casi nada, pero me precio de tener espíritu crítico. A Valencia llegan 400.000 cruceristas, pero ¿cuantos bajan? Muchos menos, no sé cuantos porque los responsables [operadores y autoridad porturia] no dan las cifras, pero no interesa que los cruceros lleguen si solo recargan agua y descargan basura. Hay que mejorar su rentabilidad, y ahí todos somos culpables. El primero, La Marina, por no generar una oferta para que los cruceristas dejen el barco y disfruten de un entorno atractivo.

Una debilidad autoconfesada es la “desconexión con otras políticas públicas”. ¿Como es su convivencia con su todopoderoso vecino, el Puerto?

No es fácil. El puerto no está acostumbrado a coexistir con administraciones con otras intereses. Cedieron terrenos en su día a La Marina con condiciones draconianas, debemos pagar tasas que nos parecen exageradas y quieren obligarnos a mantener un carril-bus de 8 metros para los cruceristas cuando uno más estrecho sería suficiente. Ahora, quieren cobrar 23 millones de euros por obras de hace años. Es una paradoja que Aurelio Martínez [actual presidente de la Autoridad Portuaria de Valencia, propuesto por el PSOE]  fuera el presidente del ICO que prestó 400 millones a La Marina [cuando el gobierno central, del PSOE, financió las obras impulsadas por ayuntamiento y Generalitat, del PP].

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